
Hoy hace 10 años cambio mi vida y la de mi familia para siempre.
Micky, mi hijo de casi 18 años murió de manera repentina, se durmió y ya no despertó.
Unas horas antes lo estaba despidiendo porque se iba de misiones, lo abrace, le dije cuanto lo quería, le di la bendición y lo deje ir, lo solté sin saber que era la última vez que vería sus hermosos ojos y su sonrisa que tanto tanto extraño. Si hubiera sabido que era la última vez que sentiría sus cálidos brazos alrededor de mi y que jamás volvería a escuchar de su boca un te quiero, me habría aferrado a el con fuerza y nadie hubiera podido hacer que lo soltara.
Pero la realidad es diferente, nunca estamos lo suficientemente preparados para dejar ir a quienes amamos profundamente, jamás pensamos en la posibilidad que nosotros podamos pasar por una tragedia así y tampoco creemos que podamos sobrevivirla.
Esos primeros días después de su muerte los recuerdo apenas como en una nebulosa, todo es muy confuso, hay demasiada gente alrededor, todo es diferente, mis hijos no se en donde ni como están, mi esposo no puede mantenerse en pie, mi familia hace lo que puede, mi hermano esta inconsolable, los perros no ladran, pero sigo respirando, y siento, siento un dolor insoportable dentro y fuera de mi, en mi alma, en mi corazón y en cada milímetro de mi cuerpo, siento que no podré con esto y se lo entrego a Dios.
Mi proceso de duelo fue muy difícil, largo y doloroso, pero al mismo tiempo fue un proceso hermoso porque fue un camino recorrido y guiado por el amor, si, poco a poco fui aprendiendo a transformar ese terrible dolor en amor y cada paso que daba, aunque dolía, sabía que era un paso para tener más presente en mi vida a mi hijo, de una manera diferente, pero mucho más presente.
Hoy volteo hacia atrás y veo todo lo logrado, mis hijos con sus vidas estables, realizando sus sueños, son seres humanos maravillosos y yo pude reconstruirme, encontrar un nuevo sentido de vida, me siento feliz, realizada, con una vida plena, orgullosa de mis hijos y de mi, tengo muchos sueños que cumplir y metas que lograr, hago cosas que me llenan el alma y me hacen ser mejor persona, así que no puedo pedir nada más.
Y a pesar estar llena y plena, sigo necesitando a mi hijo y a 10 años de su muerte, lo extraño, lo extraño muchísimo. Así que hoy celebraré su vida, hoy es día de recordarlo de manera especial y recordarlo con amor y alegría junto a la gente que me ha acompañado todo este tiempo. Aunque el corazón y el cuerpo me recuerdan el dolor de su ausencia, se que él de alguna manera esta conmigo, porque soy quien soy el día de hoy gracias a ese hijo mío que no me ha abandonado ni un solo día, el me acompaña en cada momento y ha guiado mis pasos todo este tiempo y se con certeza que volveremos a estar juntos.
El mensaje que te quiero dejar en este día tan importante para mi, es que después de una perdida como ésta, si se puede sobrevivir y se puede volver a ser feliz, no tienes que aprender a vivir con el dolor, tienes que aprender a transformarlo y encontrarle un sentido que te ayude a reconstruirte, porque el amor es más fuerte que el dolor. Ánimo, si se puede.
Velia Rojas Zambrano.