
El mapa muestra, en general, una percepción positiva sobre el T-MEC, pero permite observar comportamientos regionales que escapan de esta tendencia. En el norte, estados como Sonora, Chihuahua y Nuevo León destacaron la importancia del Tratado para consolidar cadenas de suministro industriales, fortalecer la competitividad fronteriza y fomentar la cooperación regional en diversas áreas, como la innovación y la sustentabilidad mientras que en Durango y Zacatecas muestran porcentajes menores a los de entidades vecinas, al igual que Hidalgo, Campeche y Tabasco.
Lo que podría indicar que son entidades que se perciben como menos beneficiadas en comparación con sus vecinos. De forma similar, las expectativas y prioridades varían significativamente por región. Asimismo, las consultas estatales de dichas entidades subrayan la relevancia de contar con certidumbre energética en tres vertientes. Primero, como tema de política interna, relacionado con la necesidad de contar con la infraestructura necesaria para sostener la competitividad industrial y atraer inversión en estados como Chihuahua y Nuevo León. Segundo, con un esquema regulatorio claro y estable para la participación de los particulares. Y tercero, como parte de la agenda del T-MEC, donde entidades como Sonora plantearon propuestas vinculadas a la transición energética y cooperación trilateral. Resultados de las Mesas de Consulta Pública para la Revisión del T-MEC 25 En entidades como Puebla, Querétaro, Guanajuato y Estado de México el enfoque se centró en el fortalecimiento del contenido nacional, la innovación tecnológica, la revisión de las reglas de origen de productos originarios, la integración de las PYMES en las cadenas de suministro y la coordinación entre universidades y empresas.
Cabe destacar que la demanda por un incremento en el contenido nacional coincide con los hallazgos de las consultas sectoriales, constituyendo un eje transversal a tener en cuenta. Por su parte, las consultas en estados como Tabasco, Oaxaca, Campeche y Chiapas adoptaron un tono más propositivo y estructural, vinculado al T-MEC con el desarrollo regional, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental. La amplitud temática reflejada en estas discusiones responde, en parte, a la pluralidad de actores participantes (productores agroindustriales, cooperativas y organizaciones sociales, entre otros), lo que amplió el alcance y pluralidad de las propuestas planteadas.
En todos los casos se reconoció el papel del T-MEC como plataforma para el posicionamiento de México en las cadenas globales de valor, particularmente ante los potenciales procesos de relocalización. Sin embargo, se subrayó que el aprovechamiento pleno del Tratado depende de la capacidad nacional para homologar regulaciones y estándares, reducir costos logísticos y asegurar infraestructura energética confiable. En estados industrializados con alta integración exportadora, caracterizados por una fuerte participación en manufactura avanzada orientada a exportación y clústers industriales, como Baja California, Coahuila y Tamaulipas, predominó un enfoque pragmático orientado a la eficiencia y la simplificación comercial. En contraste, entidades con estructuras productivas menos diversificadas, donde la actividad económica se concentra en actividades primarias y existe una menor inserción en los mercados internacionales, como Chiapas, Guerrero y Oaxaca demandan mayor apoyo federal para integrar a las PYMES locales en las cadenas de valor exportadoras, lo que implica mejorar las capacidades logísticas.
El tono general de las mesas puede clasificarse como constructivo: predominó una visión favorable del Tratado, aunque acompañada de críticas sobre su implementación desigual y sobre las brechas regionales en infraestructura, financiamiento e innovación. Los participantes coincidieron en que la revisión del T-MEC debe concebirse no solo como un ajuste técnico, sino como una oportunidad de política industrial para consolidar la integración productiva de América del Norte bajo un enfoque sostenible e inclusivo.