A ti ciudadano.
La historia política de México es bastante compleja. Lejos de varios lugares comunes y simplificaciones, muchas anécdotas de los gobiernos del país en realidad expresan fenómenos y procesos más profundos. Un caso interesante es de cuando a todos los políticos del país dejaron de portar el grado de general y empezaron a ser llamados "mi licenciado".
El 1° de diciembre de 1946, Miguel Alemán Valdés llegó a la presidencia de la República. Con el inicio de su gobierno, arribaba también una nueva forma de hacer política en México. Y es que para nadie resultaba inadvertido el hecho de que el nuevo representante del Poder Ejecutivo ya no era un militar como en décadas anteriores, sino era un civil. Además, era licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Por ello, el trato protocolario y de deferencia hacia su persona empleó dicho grado académico como título de su investidura.
Con ello, hubo un curioso fenómeno. Además del propio Alemán y su gabinete, súbitamente muchos políticos del país empezaron a utilizar el «licenciado» como título de prestigio. Algunos hasta dejaron de usar sus grados militares para adoptar el nuevo mote. Esto pronto se extendió a otras esferas de la vida social en el país. Fue así que a partir de entonces, durante décadas, escuchar la frase «mi licenciado» se volvió sinónimo de poder, particularmente en los ámbitos políticos, jurídicos, burocráticos y administrativos.
Más allá de la anécdota, la llegada de los «licenciados» en realidad expresaba un proceso histórico bastante importante. Era el nacimiento de una nueva generación política, llamada coloquialmente «los cachorros de la Revolución». En efecto, muchos de aquellos universitarios que empezaban a gobernar o legislar, eran hijos de generales revolucionarios. El propio Miguel Alemán era primogénito de uno de ellos, el general Miguel Alemán González. Con esto, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual actuaba como institucionalización del poder armado de la Revolución Mexicana, transitaba a una nueva fase.
Y es que esta generación de licenciados fue, precisamente, la que impuso el paradigma de una nueva modernidad en el país.
Dejando de lado la justicia social de gobiernos como el del general Lázaro Cárdenas, se centraron en el desarrollo económico de la República Mexicana. Aprovechando el inicio del llamado «Milagro Mexicano», fomentaron la iniciativa privada y los medios de comunicación; cambiaron la infraestructura pública y emularon el desarrollo urbanístico de Estados Unidos. No obstante, esta nueva camada política también incurrió en bochornosos casos de corrupción, los cuales fueron muy sonados en su época.
Probablemente, el legado más importante de la época de los «licenciados» fue el nacimiento de las aspiraciones de las clases medias. En el sexenio de Alemán se solía repetir que todos los mexicanos disfrutarían de un Cadillac, un puro y un boleto para las corridas de toros. En efecto, a partir de entonces la prioridad de muchas familias fue poder acceder a la educación universitaria para obtener un buen empleo en la burocracia o el sector privado. Aquél optimismo terminaría abruptamente con las crisis económicas de los años setenta.
Y así fue como la historia cambió con la llegada de una nueva generación de político…. “Mi licenciado “