
MATICES Y COLORES DE OPINIÓN
Por: Dalila Flores Gutiérrez
Educar es un proceso complejo que implica esfuerzo de los diversos actores interesados en alcanzar los objetivos educativos deseados. Educar a la infancia y a la juventud requiere la coordinación de padres de familia y maestros para trabajar juntos en los diversos contextos donde se desenvuelve el educando.
La participación activa de la familia dentro de la escuela, impulsa no sólo el aprendizaje más complejo, sino que se genera un ambiente de confianza y seguridad en los estudiantes los cuales enfrentan con mayor facilidad los retos educativos. [1]
Es decir, queda claro que el trabajo colaborativo de los agentes que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje tiene consecuencias positivas a corto y largo plazo, pero, ¿qué ocurre si lejos de trabajar en armonía uno de los actores se convierte en enemigo del otro? Lo anterior, por muy ilógico o extraño que parezca, es la situación que se ha vivido en algunas escuelas de México durante los últimos años.
Uno de los casos más sonados fue el del maestro Esteban Canchola Herrera, docente del Estado de Baja California y quien fue acusado por un padre de familia de omisión de auxilio a uno de sus alumnos quien falleció horas después en su hogar.
Después de un largo y tedioso proceso lleno de gastos económicos y angustia para el maestro Esteban Canchola y su familia, finalmente fue absuelto por la autoridad correspondiente, determinando que el docente actuó responsablemente aplicando el protocolo de atención y solicitando así la atención médica necesaria.
Este caso mencionado no es uno aislado, sino que tristemente, es uno de tantos que van en aumento conforme pasan los meses y que han estado surgiendo en diferentes entidades federativas de México.
Por lo anterior, diversos grupos de maestros a lo largo y ancho del país, empezaron a luchar por generar un documento legal que los amparara de acusaciones falsas que, independientemente de representar una calumnia, los obliga a enfrentar un proceso penal costoso en dinero, tiempo y reputación.
En Chihuahua ha dado frutos la lucha magisterial en este sentido ya que el pasado 3 de marzo el Congreso del Estado aprobó por unanimidad el Protocolo de Protección al Personal Docente, el cual tiene como objetivo salvaguardar la seguridad jurídica, física y emocional de los trabajadores de la educación, subrayando la obligación que tiene la autoridad educativa de proteger la dignidad, el honor, así como la seguridad laboral y emocional de los maestros.
Son buenas noticias, si se considera que ya se cuenta con reglas y pautas más claras para solventar querellas entre ciudadanos. Sin embargo, haciendo un análisis más allá de lo legal, es triste observar a los niveles que como sociedad se ha llegado.
El maestro ha dejado de ser un baluarte social, un elemento fundamental y clave para la construcción de una comunidad sólida en valores y conocimiento para convertirse en el blanco de dudas, críticas y descontento por parte de los tutores de los niños y jóvenes que asisten a las escuelas.
La responsabilidad es compartida entre padres y maestros, pero es clara en cuanto a lo que le corresponde a cada uno: a los padres la formación personal y en valores, es decir la primera escuela es el hogar; a los maestros la formación académica, es el facilitador de experiencias individuales y sociales que completan la formación de un individuo.
Actualmente muchos padres de familia no quieren responsabilizarse de la formación de sus hijos y al enfrentar situaciones consecuencia de la falta de guía en casa, buscan a quien culpar y esperan que en un aula o en el centro escolar se cubra lo que en el hogar no se hace.
¿Qué puede hacer un docente dentro de un aula de más de 30 alumnos donde la falta de valores en casa lleva a que exista falta de respeto, desobediencia, poco interés por parte de los alumnos?
El futuro aún puede ser cambiado y lejos de continuar señalando a los otros actores es importante observar lo que se está trabajando en el ámbito de competencia, es decir, responsabilizándose cada uno de lo que le toca hacer para que se recupere la coordinación y respeto que desde siempre existió entre padres, madres y maestros.
COLOR: Gris
Ni es blanco, ni es negro. Son una serie de matices del gris. No hay ganadores ni perdedores, solamente dos actores interesados en una sola persona: el alumno.
[1] Chávez-Juma, S. P., Arguello-López, A. N., Mejía-Chamba, K. S., & Núñez-Naranjo, A. F. (2025). El papel de la familia en el proceso educativo de los niños en edad preescolar. Revista Científica Retos De La Ciencia, 1(5), 68–80. https://doi.org/10.53877/rc1.5-568