Nos venden la eutanasia como si de un paracetamol se tratara

Lo más justo siempre es la verdad
Sebastián López Espino

Hoy se ha vuelto común escuchar que la eutanasia es una salida digna y hasta compasiva, como si se tratara de resolver el dolor con la misma facilidad con la que alguien toma un medicamento, pero no estamos hablando de un síntoma pasajero, estamos hablando de la vida humana, y cuando se simplifica de esa manera, lo que realmente se está haciendo es normalizar la idea de que hay vidas que pueden dejar de vivirse cuando las circunstancias se vuelven difíciles.

Despues de reflexionar el complicadisimo caso de Noelia Castillo el cual ha sido utilizado para empujar esta narrativa, es un caso que muy sensible, que exige sin duda alguna empatía, pero también exige responsabilidad, porque no se puede legislar ni tomar decisiones públicas desde la emoción del momento, sino desde principios firmes, y el primero de ellos debe ser que la vida no pierde valor por el sufrimiento.

Aquí es donde se marca una diferencia de fondo, porque una cosa es acompañar a una persona en su dolor y otra muy distinta es asumir que la solución es terminar con su vida, el Estado no puede convertirse en quien decide que una vida ya no vale la pena, porque en ese momento deja de proteger y comienza a seleccionar, y cuando eso pasa, la línea que se cruza es profundamente peligrosa.

Se ha querido presentar la eutanasia como un acto de liberación, pero la realidad es más compleja, porque en contextos de dolor o vulnerabilidad, hablar de decisiones completamente libres es cuestionable, muchas personas pueden sentirse una carga para su familia o para el sistema, y esa presión, aunque no siempre sea visible, influye, por eso lo que se vende como libertad puede terminar siendo una forma de abandono disfrazado.

Además, la experiencia internacional deja claro que estos procesos nunca se quedan en los límites iniciales, lo que empieza como una excepción para casos extremos se va ampliando con el tiempo, los criterios se flexibilizan y lo que antes era impensable termina normalizándose, y ahí es donde aparecen escenarios que hace algunos años hubieran parecido absurdos, pero hoy son motivo de debate real en otros países, donde incluso se ha planteado la eutanasia en contextos de depresión, soledad o rezago economico.

Ese es el riesgo de fondo, porque cuando una visión autoritaria (la izquierda) se combina con la idea de que el Estado puede decidir sobre la vida, el siguiente paso es peligroso, no se trata solo de casos extremos de enfermedad, se abre la puerta a que, bajo criterios cada vez más amplios, se considere que vivir en condiciones difíciles también es motivo suficiente, y entonces lo que hoy se presenta como compasión podría terminar siendo una salida institucional frente a problemas que el propio gobierno no supo resolver.

Una sociedad que realmente valora la dignidad humana no elimina al que sufre, lo acompaña, lo cuida y hace todo lo posible por aliviar su dolor, ahí es donde deberían estar los esfuerzos, en fortalecer los cuidados paliativos, en garantizar atención médica oportuna, en apoyar a las familias, en no dejar sola a la persona en su momento más difícil.

Porque al final, cuando se plantea que hay vidas que pueden interrumpirse por decisión, lo que se está haciendo es abrir la puerta a una lógica en la que el valor de la vida se vuelve relativo, y cuando eso ocurre, todos quedamos en una posición vulnerable y curiosamente se empieza a aplicar la “Ley del mas fuerte”

Por estas razones, no se trata de falta de sensibilidad, se trata de tener claridad, porque una cosa es entender el dolor y otra muy distinta es convertir la muerte en respuesta, y una sociedad que opta por ese camino retrocede a pasos agigantados. La vida no puede tratarse como si fuera desechable, ni como si su valor dependiera de las circunstancias, y mucho menos puede reducirse a una decisión publica.

Y frente a eso, vale la pena decirlo sin medias tintas, no todo lo que se presenta como compasión lo es, y no todo lo que se vende como solución realmente resuelve el problema de fondo.

 

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Pidió licencia Daniel Murguía

El diputado federal por Morena, Daniel Murguía Lardizábal, solicitó licencia para separarse de sus funciones como diputado electo en el primer distrito electoral del estado de Chihuahua, del 7 al 9 de abril del año en curso.

El ciudadano Severiano Roberto Hernández Ríos, suplente de diputado electo por el primer distrito electoral del estado de Chihuahua, rinde la protesta de ley.

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