
Hay una regla no escrita en el manual de la Cuarta Transformación: cuando el fuego te quema en casa, prende otro fuego en la casa del vecino. Esta semana lo vimos con una claridad que ya no admite interpretaciones subjetivas.
El caso Sinaloa sigue ardiendo. Aunque el Gobierno Federal se empeñe en esconderlo y desviar la conversación nacional, hoy el Secretario de Guerra, Pete Hegseth volvio a la carga arremetiendo en contra del gobierno federal de México . La pregunta sobre Rubén Rocha Moya y su relación con el Cártel de Sinaloa no tiene respuesta oficial. La herida sangra y el reloj sigue corriendo en contra.
¿Y qué hace Morena? Lanza dos granadas de humo en 48 horas.
La primera: la propuesta de Mario Delgado de modificar el calendario escolar, que la presidenta Sheinbaum tuvo que salir a aclarar que "todavía es una propuesta y no una decisión definitiva". El debate se instaló en millones de familias mexicanas. Funcionó. Durante días, padres, maestros y gobernadores discutieron fechas escolares mientras Sinaloa quedaba en segundo plano.
La segunda, ya hoy mismo: la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, convocó a la militancia a movilizarse en Chihuahua para exigir juicio político contra la gobernadora Maru Campos, vinculando el caso de los agentes de la CIA con una presunta violación a la soberanía. El timing es quirúrgico. La propia Montiel guardó silencio ante los cuestionamientos sobre Rocha Moya, limitándose a decir que en Morena "no se encubre a nadie", pero que no actuarán sin pruebas. Pruebas que, curiosamente, sí existen de sobra para ir contra la oposición, pero se evaporan cuando el señalado es propio.
El anuncio estuvo flanqueado por los dos principales aspirantes morenistas a la gubernatura de Chihuahua en 2027: Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar. Nadie con dos dedos de frente puede llamar a esto "defensa de la soberanía". Es campaña anticipada con dinero moral del escándalo ajeno. Dicho sea de paso ambos alfiles son mencionado justo el día de hoy con nexos con el crimen organizado.
Este modus operandi tiene nombre: “prender la casa de al lado” institucionalizado. Cada vez que Morena debe responder por algo, aparece un nuevo enemigo, una nueva agenda, un nuevo ruido. El calendario escolar hoy; el juicio político mañana; quizás una reforma exprés la semana que viene. La maquinaria nunca se detiene porque no puede permitirse el silencio: en el silencio, las preguntas incómodas se escuchan.
La sociedad mexicana paga el costo real de este juego. La agenda pública se fragmenta, el debate se envenena y la responsabilidad política se diluye en el bullicio. Mientras tanto, en Sinaloa, los muertos siguen acumulándose sin que nadie en Palacio responda con nombre y apellido.
En Chihuahua por lo pronto el grueso de la población ha mostrado según datos recientes que el discurso patriotero y hueco de la soberania no permea en el animo de la gente, en cambio se han mostrado movimientos de apoyo a la gobernadora Maru Campos y su combate al crimen organizado.
Gobernar exige asumir lo que duele. Lo que estamos viendo no es gobierno: es un manual de destrucción institucional sin freno acuñado por la izquierda mexicana de Morena. En Chihuahua hay gobernadora que defendera el estado de derecho y la paz social que genera bienestar en nuestro estado. Al tiempo.