Llegaron con hambre, sobrevivieron al odio: la dolorosa historia de los chinos en Chihuahua (Parte cuatro)

Crónicas de mis Recuerdos
Oscar A, Viramontes Olivas
Facebook: Oscar Vira
violioscar@gmail.com

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com

 

La Revolución Mexicana avanzaba como un incendio imposible de contener, en los pueblos del norte, el polvo se levantaba detrás de las cabalgatas armadas, las campanas repicaban anunciando entradas de tropas y las familias cerraban puertas y ventanas esperando que, el estruendo de la guerra pasara de largo. Pero hubo quienes jamás pudieron esconderse de aquel vendaval, entre ellos estaba la comunidad china en Chihuahua, hombres y mujeres que habían llegado a México con la esperanza sencilla de trabajar, abrir un negocio y construir una vida lejos de las hambres y miserias que habían dejado atrás al otro lado del océano; muchos de ellos, jamás imaginaron que terminarían convertidos en víctimas silenciosas de uno de los capítulos más oscuros de la historia revolucionaria.

En Chihuahua, Sonora, Coahuila y Sinaloa, los chinos habían levantado pequeños comercios, lavanderías, restaurantes, hoteles modestos, y tiendas de abarrotes que, poco a poco se volvieron indispensables para la vida cotidiana de las ciudades del norte; eran hombres disciplinados, trabajadores persistentes, acostumbrados a jornadas interminables; abrían antes del amanecer, y cerraban hasta entrada la noche; algunos trabajaban en los ferrocarriles, otros abastecían a mineros, obreros y campesinos y con esfuerzo silencioso, comenzaron a formar comunidades, barrios y redes de apoyo, sin embargo, conforme la Revolución fue creciendo, también creció un resentimiento alimentado por el nacionalismo, la competencia económica y el racismo. Así, en diciembre de 1910, en Pedernales, Chihuahua, ocurrió una escena que con el tiempo pareció anunciar la tragedia que vendría después, Francisco Villa, y algunos de sus hombres, extorsionaron, golpearon y robaron a un comerciante chino. Aquel episodio pudo parecer menor frente a las grandes batallas revolucionarias, pero para quienes lo presenciaron, significó algo mucho más profundo, fue el momento en que la guerra comenzó a mirar al chino como presa fácil.

El comerciante, detrás de su mostrador, apenas tuvo tiempo de comprender que los hombres armados no venían a comprar ni a pedir ayuda, venían a imponer miedo, pues el sonido de los golpes, se mezcló con el de las monedas cayendo al suelo, y el crujido de los cajones violentados; la humillación quedó suspendida en el aire, como una sombra que ya no abandonaría a la comunidad. Meses después, cerca de la colonia mormona de Dublán, la violencia adquirió un rostro todavía más brutal y en la comunidad de Pratt, unos bandoleros incendiaron la casa de una familia china, las llamas, iluminaron la noche mientras el humo comenzaba a tragarse los recuerdos acumulados durante años; primero llegó el saqueo, después el fuego, y finalmente la persecución. La familia intentó huir desesperadamente entre el caos, pero los agresores los alcanzaron y los apuñalaron; quien vio aquel incendio, comprendió que la Revolución, no sólo destruía ejércitos o gobiernos, también destruía hogares humildes, pequeñas vidas construidas con sacrificio, mientras la casa ardía, el viento arrastraba cenizas sobre el desierto, como si la tierra misma quisiera borrar las huellas de quienes habían intentado echar raíces allí.

En Ciudad Juárez, durante el año de 1912, la persecución no llegó en una sola noche de horror, sino lentamente, como una enfermedad que se extiende sin que nadie la detenga; los comerciantes chinos, comenzaron a vivir bajo amenaza constante; las tiendas eran saqueadas, los negocios sufrían ataques; las miradas de desconfianza crecían en las calles. Algunos vecinos dejaron de saludarles, otros comenzaron a repetir rumores absurdos que, los chinos robaban empleos, que acumulaban riquezas indebidas, que eran una amenaza para los mexicanos. Poco a poco, el miedo comenzó a instalarse detrás de cada mostrador, los comerciantes, cerraban más temprano, dormían poco, y vigilaban cada ruido en la madrugada. La ciudad fronteriza, que durante años había vivido gracias al comercio y al movimiento constante de personas, empezó a convertirse en un territorio hostil para quienes tenían rasgos orientales. En estación “Pearson”, la tragedia tomó forma de éxodo y para 1913, decenas de chinos trabajaban alrededor de la industria maderera y ferroviaria, habían construido pequeños restaurantes, lavanderías y negocios para abastecer a los trabajadores de la región, pero la violencia revolucionaria se acercó rápidamente y el asesinato de Wong Chew, encargado de un restaurante, hizo que el miedo se extendiera como un relámpago entre las familias chinas, entonces comenzaron las huidas; familias enteras, abandonaron sus negocios cargando apenas algunas pertenencias, algunos, tomaron rumbo hacia Chihuahua capital, otros, intentaron llegar a Ciudad Juárez para cruzar hacia El Paso, Texas. Los caminos se llenaron de hombres agotados, mujeres con niños en brazos, y ancianos que caminaban mirando constantemente hacia atrás, temiendo escuchar disparos en cualquier momento, no escapaban sólo de la guerra, escapaban del odio.

La noticia de la matanza de Torreón, cayó sobre el norte como una campana funeraria, pues en mayo de 1911, más de trescientos chinos fueron asesinados durante la toma de la ciudad; las calles se llenaron de cadáveres, comercios saqueados y gritos desesperados; la multitud, irrumpió en tiendas, restaurantes y viviendas arrastrada por una furia que mezclaba racismo, caos revolucionario y ambición. Algunos fueron fusilados, otros golpeados hasta morir; los cuerpos, quedaron tendidos entre mercancías destruidas y charcos de sangre, aquella matanza, marcó profundamente a toda la comunidad china en México y desde entonces, muchos entendieron que nadie estaba realmente a salvo, Torreón, dejó de ser sólo una ciudad tomada por revolucionarios, convirtiéndose en símbolo del terror anti-chino. En Sinaloa, la violencia también dejó cicatrices profundas, en Culiacán, durante la toma revolucionaria de 1911, los saqueos y los incendios envolvieron la ciudad durante días enteros.

Entre las víctimas hubo chinos asesinados mientras defendían sus pequeños negocios, más tarde, en El Dorado, los villistas capturaron a Leonardo Santoy, un comerciante chino que llevaba años viviendo entre mexicanos, hablaba como ellos, y había construido una vida completamente integrada en la región. Nada de eso importó, fue fusilado y la Revolución había comenzado a reducir a las personas a una sola condición, ser chino, bastaba para despertar sospecha, odio o violencia, así también, en Jiménez, el asesinato de Charley Chee, reveló con crudeza el nivel de discriminación que había alcanzado la guerra. Chee, era dueño de un hotel y una noche, fue sacado del establecimiento junto con un ciudadano estadounidense, ambos, fueron llevados fuera del pueblo, pero sólo el chino fue ejecutado. El otro hombre fue dejado con vida, y quienes escucharon la historia, comprendieron entonces algo aterrador, la muerte ya no dependía únicamente de estar en el lugar equivocado, sino también del origen étnico. Ser chino podía convertirse en sentencia…Esta crónica continuará.

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Fuentes de Investigación: Hu-DeHart, Evelyn "Racismo y persecución antichina en México" , American Historical Review, vol. 86, No. 3, 1981; Romero, Robert Chao "The Chinese in Mexico, 1882-1940" , University of Arizona Press, 2010 y Del Castillo Troncoso, Alberto. "Los chinos en México: Integración y Exclusión" en Migración y Fronteras: Los Trabajadores Migratorios y la Sociedad Mexicana , El Colegio de la Frontera Norte, 1999.

Tips al momento

Aprovechan adelantados la coyuntura política para promocionarse

A unas horas de la concentración convocada en respaldo a la gobernadora Maru Campos ante su confrontación política con la 4T, continúan las señales de activismo entre los aspirantes adelantados rumbo a futuros procesos electorales.


En esta ocasión, quien llamó la atención fue el diputado Jorge Soto, cuya imagen comenzó a aparecer en diversos espectaculares móviles en la ciudad con la leyenda: "Nos quieren dividir, no pasará".


La publicidad ha generado comentarios pues algunos observadores consideran que el mensaje aprovecha el contexto de polarización y la movilización convocada para este fin de semana para fortalecer el posicionamiento público.


PAN lanza spot contra Morena y la alianza con el crimen organizado 

El Partido Acción Nacional a través de su página oficial de facebook, lanzó un spot en el que etiqueta  directamente al Partido Morena, en donde se acusa al partido del gobierno federal de alianzas con el crimen organizado.

Se le acusa a Morena de alianza con el crimen para ganar poder y proteger a sus socios, mientras millones de familias viven con miedo.

Se refieren a Morena como partido que entrega el gobierno al crimen y por ello carga con cada muerte, cada desaparición, cada familia desplazada, cada negocio extorsionado y el dolor de un país entero.

Y todo ello es traición a los mexicanos.


Exhiben a Senadores; no saben cuanto es el salario mínimo 

Los legisladores que dicen representar al pueblo de México fueron expuestos en redes sociales por desconocer el salario mínimo que se tiene en la república, lo que desató una serie de comentarios en contra de los entrevistados por Proyecto Escolar.

Los videos dirigidos por un grupo de jóvenes mostraron que senadores como Saúl Monreal y José Manuel Cruz Castellanos ambos de Morena, no contestaron correctamente el costo del salario mínimo diario, lo que evidenció su conexión con la realidad de los mexicanos promedio. 

Además aparecieron en el clip otros senadores como Gerardo Fernández Noroña y el Juarense Juan Carlos Loera, respondiendo preguntas incómodas...

Por cierto, la controversia aumento a tal grado que el presidente de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, dio su opinión en redes, destacando que los videos de Proyecto Escolar están retratando la clase política de México, "su falta de apatía social es brutal", sentenció.  

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Además aparecieron en el clip otros senadores como Gerardo Fernández Noroña y el Juarense Juan Carlos Loera, respondiendo preguntas incómodas...

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