
Por, César de la Garza Licón.
Hay quienes se jubilan del horario, pero no del talento; de la oficina, pero no de la experiencia. El origen de “jubilación” remite al júbilo o la alegría, reflejando la idea de una etapa distinta tras años de trabajo.
Cada año se retiran de la vida laboral profesionistas que acumulan una gran cantidad de conocimientos y una experiencia invaluable.
En la industria de exportación, ese capital humano incluye especialistas en áreas como finanzas, medio ambiente, comercio exterior, manufactura e ingeniería, A ello se suma la experiencia adquirida en empresas de clase mundial, es decir, organizaciones que han alcanzado estándares de excelencia en innovación, calidad y eficiencia.
Lo que se retira de la nómina no tendría que perderse. Abramos espacios para que ese saber llegue a las mipymes mexicanas y también a las aulas, donde tanta falta hace la experiencia vivida. Eso generaría un impacto positivo en nuestra industria.
Y esto no pertenece al terreno de las buenas intenciones: en otros países ya entendieron que jubilar no es desperdiciar.
En Alemania, desde hace varios años, existe “senior expert service”, que conecta a más de 14 mil expertos retirados con empresas en todo el mundo. Ingenieros jubilados asesoran proyectos técnicos, especialmente en empresas pymes.
Otro ejemplo sería: España cuenta con el programa Talento50+, que ofrece mentoría, redes de colaboración y talleres de empleabilidad. Por último, la iniciativa Erasmus+ senior, de la Unión Europea, permite estancias de aprendizaje y transferencia cultural, demostrando que el conocimiento no tiene edad y la jubilación puede ser un puente de conocimiento entre generaciones y países.
Entonces, estos ejemplos de transferencia de conocimiento han fortalecido a empresas pequeñas y medianas, que reciben consultoría sin costo; los “expertos” ofrecen sus conocimientos en forma voluntaria.
Lo absurdo no es que la gente se jubile; lo absurdo sería jubilar también su conocimiento. Esa experiencia puede ser decisiva para pymes y startups que necesitan mentoría técnica, y aprovecharla también fortalecería la innovación.
En México el talento no falta; lo que falta es construir un puente. Por eso sería interesante utilizar a las universidades y a las cámaras empresariales, que podrían captar a estos “expertos”, fungir como articuladores y promover incentivos fiscales para las pymes que incorporen a personas jubiladas en esquemas de mentoría y transferencia de conocimiento.
El retiro es, sin duda, un derecho ganado tras años de trabajo, pero también podría asumirse como un compromiso con la comunidad: compartir conocimiento y experiencia. Detrás de cada jubilación hay experiencia que no deberíamos desperdiciar.
En esta mesa de café, entre conversaciones y asuntos de todos, decimos claramente: la experiencia no estorba, nos hace falta. Sabemos de la responsabilidad de transferirla para que las nuevas generaciones construyan sobre cimientos más sólidos.