
Por: Dalila Flores Gutiérrez
Es común observar en diferentes lugares como restaurantes, transporte urbano, parques en la ciudad, a niños de todas las edades entretenidos con un celular en la mano mientras que los adultos que los acompañan, realizan múltiples actividades, desde ver un celular hasta platicar con otra persona.
Convertir cualquier dispositivo electrónico (celular, tableta, computadora, televisión) en “niñera” que distraiga a los niños, se ha vuelto tan popular y común que es extraño encontrarse con adultos hablando con sus hijos, nietos, sobrinos.
Las pantallas digitales son atractivas y atrapan la atención de cualquiera. Sus colores, brillo, movimientos constantes, proveen de una gratificación instantánea pues según los expertos en la materia, activan el cerebro estimulando la liberación de dopamina.
Estos dispositivos digitales no sólo son gratificantes al usarlos, sino que, además, generan una adicción que mantiene al individuo con la intención de revisarlo y manipularlo permanentemente.
Es claro que el avance tecnológico es benigno socialmente al usar dichas innovaciones para ser aplicados en el campo médico, de comunicaciones, en educación superior, industria y en comodidades del hogar y la vida cotidiana. El problema inicia cuando surge una necesidad compulsiva al uso excesivo de herramientas tecnológicas, a tal grado que se manifiesta una ansiedad intensa al separarse de su teléfono o al dejar de utilizarlo.
Es tal el incremento de estos casos de ansiedad que ha surgido un nuevo término: nomofobia. Este término surge en 2008 derivado de la frase “no mobile phone phobia” (Fobia a no tener el teléfono móvil) y aparece como resultado a la adicción generada por tener acceso al celular y a la pérdida de control que un sujeto puede experimentar al estar apartado de su teléfono móvil. [1]
La nomofobia ha tocado también a los más pequeños en la sociedad, no ha sido detectada únicamente en adultos. Los niños desde meses de nacidos hasta años posteriores, se han visto dañados por esta situación que se considera ya, una enfermedad mental, generando en ellos daños en su salud y por ende en su desarrollo integral.
La justificación de los padres de familia que utilizan los dispositivos electrónicos como “niñeras digitales”, ya sea para distraer a los pequeños por minutos o en ocasiones hasta por horas, es que la inquietud de sus hijos o nietos, no les permiten llevar a cabo las actividades que la vida contemporánea exige realizar para mantener un trabajo o un hogar impecable para la familia.
Pero lo que no se considera al usar estas “niñeras digitales” es que el impacto del uso de estos aparatos tecnológicos a temprana edad es sumamente negativo en múltiples aspectos, lo que ha generado se convierta en un tema relevante para la psicología y la neurociencia contemporánea.
Problemas en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los infantes, son algunas de las consecuencias que se pueden enunciar al usar estos dispositivos electrónicos durante los primeros años de vida y que pueden continuar durante la adolescencia y juventud.
Algunos estudios sostienen que estos dispositivos pueden ser utilizados por los niños, siempre y cuando tengan la supervisión de un adulto y sea restringido el tiempo de uso. Sin embargo, otros más mantienen la idea de que su uso en la infancia debe ser nulo ya que los efectos, aún con un uso durante cortos periodos puede ser desastroso para ellos.
La plasticidad neuronal que caracteriza a la primera infancia (0 a 6 años) es enorme, el cerebro infantil está en permanente desarrollo con las conexiones neuronales multiplicándose velozmente lo que permite una creación de estructuras que determinarán la forma de pensar, sentir y relacionarse en su vida adulta. Así de importante es el desarrollo y las experiencias vividas durante los primeros 6 años de vida. [2]
Cambiar las pantallas por rompecabezas, pelotas, juegos de mesa y tiempo de calidad con los niños, no solo es un reto en la actualidad, sino una muestra de amor que más que nunca es necesario demostrar.
Dedicar tiempo a los niños para entablar una conversación, la lectura de un libro infantil, jugar en el parque y prestar atención al mundo increíble que existe en su cerebro, será quizás en un principio retador, pero sin lugar a dudas con el transcurso del tiempo satisfactorio, pues los resultados serán visibles al observar en un futuro a un individuo capaz de reflexionar, de autorregularse y de poner un límite al uso de la tecnología.
COLOR: Gris
Los expertos recomiendan en la vida adulta, cambiar de color a tonalidades de gris la pantalla de los móviles, buscando así una desintoxicación digital y aminorar los daños oculares.
[1] Prieto-Quezada, Ma T., Romero-Sánchez, A., Carrillo-Navarro, J. y Pinedo-Castañeda, A. C. (2026). Adicción a las redes y nomofobia en bachilleres. Aspectos sociales, educativos y su incidencia. Alteridad, 21(1), 139-149. https://doi. org/10.17163/alt.v21n1.2026.10
[2] EDUFORICS. Revista de innovación educativa. 2025. https://oes.fundacion-sm.org/eduforics/reimaginar-juntos-los-futuros/tecnologias-y-aprendizaje/pantallas-en-la-infancia-si-o-no-lo-que-dice-la-ciencia/