
Por, Lucía Elía Salmón Reyes
lucysalmn@yahoo.com
Licenciada en Psicología-Universidad de Estudios Avanzados Campus Chihuahua (UNEA)
En el marco de los festejos por el “Día del Padre”, deseo a contribuir con este texto, para darle honor a quien honor merece y ante el eclipsante festejo del “Día de las Madres”, el homenaje que se hace para los papás, suele ser más silencioso, discreto, austero, con menos algarabía, y tristemente, incluso, pasa desapercibido en muchas familias; un padre, es la persona que mueve en ocasiones todo lo operativo, para que los reflectores brillen hacia la figura de la madre en el hogar y en la sociedad.
Hoy me gustaría reflexionar sobre la valiosa aportación que un padre tiene en su hogar, primeramente, es un varón que al igual que la madre, no cuenta con un manual para educar, guiar y acompañar a su esposa e hijos a lo largo de la vida; un padre, enfrenta los mismos retos, al llevar a cuestas la carga familiar, y en sus hombros, se lleva el peso de ser el mayor proveedor de la economía del hogar; un padre, es quien desde las sombras, observa los avances que tienen los hijos en la escuela, con los amigos y en la sociedad en general, al igual que su vida marital con su conyugue. El papá al igual que su compañera de vida, comienza su familia desde la juventud, con expectativas y sueños, con retos y vicisitudes, pero el amor de ambos, los lleva cada día a formar lo que, en su último aliento, está impregnado de amor hacia su propia familia.
Un padre que ama lo que le ha sido entregado en sus manos, es capaz de enfrentar el alba con ahínco cada mañana para traer el sustento, se convierte en responsable aun cuando el dolor o la enfermedad hacen morada en él; un padre, lleva la huella de su entrega impresa en sus manos, cuanto más en la aspereza de unas manos que han sido empleadas en trabajos rudos, y, aun así, convierte en su prioridad las necesidades de sus seres queridos. Varones que no contaron con la oportunidad de una preparación académica, pero se abrazaron a la idea de ver cumplido en sus hijos, el regalo de verlos convertidos en profesionistas y personas de bien, aun más allá de sus propias fuerzas.
Con trabajo arduo y un corazón que no se rinde, cuando los padres llegan a la vejez, en ocasiones bajo la invisibilidad, y la tristeza de no ser tomados en cuenta, o sin el reconocimiento por todo y, por tanto, de lo que ello hizo, ahí, se aplica la injusticia de la sociedad. En este sentido, en ocasiones he escuchado algunas frases que dicen: “Es que mi padre era muy serio, muy frio, distante”; en otras: “Mi padre estaba muy poco en casa, llegaba demasiado tarde”, entre otras. Difícilmente reflexionamos que, a los varones como a las mujeres, también se le ha dado una estructura social de que, no es de “hombres”, expresar sus emociones; el esconderse en sí mismo, y no involucrarse en la crianza de los hijos; que no es de hombres, rendirse ante los problemas, debiéndose dar todo hasta morir.
Muchos padres se olvidan de sí mismos, olvidan que son hombres con sueños, con anhelos y necesidades que, en ocasiones, las largas jornadas de trabajo y su entrega, se mengua, de tal manera que, solo quedan restos de lo que algún día fueron; cabe mencionar, que hay papás que se quedan a cargo de sus familias por circunstancias ajenas a ellos, y, aun así, logran resultados extraordinarios. Hoy en día, podemos observar varios matices en los papás, y en los que hoy se encuentran en el ocaso, pero ambos, son pilares que complementado con el trabajo de la madre, pueden sostener una familia, promoviendo el bien a la sociedad, pues es relevante para la salud mental de los hijos e hijas; es el príncipe que sostiene a las hijas, hasta que ellas formen sus propios hogares ¿no lo cree usted?
¡Gracias! a los papás que nos brindan el respaldo, amor y protección y quienes se dieron a sí mismos para que, nuestras alas nos sostuvieran en vuelos altos; a quien con una llamada aun en la distancia, han secado nuestras lágrimas y nos motivan a continuar a ser personas de bien. ¡Gracias! por los valores que inculcan con el ejemplo y el amor hacia los sus nietos. Que este día del padre, ninguno este en la invisibilidad, reconozcamos el compromiso que tienen, para que todo marche como lo que se ha planeado.
Un abrazo hasta el cielo a quienes ya no están entre nosotros y siguen en nuestros corazones y la fuerza para quienes estén pasando por la pérdida de un padre y se encuentren en su etapa de duelo y así, puedan buscar el acompañamiento y lograr pasar por este proceso de la mejor manera posible, con la ayuda de la tanatología. ¡Feliz Dia del Padre!
“La transformación comienza cuando decides mirarte con honestidad y avanzar, incluso con miedo, con respeto a tu proceso y confianza en tu fuerza interior”
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Lic. Lucía Salmón Reyes.