Por: José Luis Muñoz
En Japón existen alrededor de 85 mil santuarios sintoístas y su distintivo inequívoco es un arco o puerta de color naranja vibrante llamado Torií. Significa el umbral que separa el espacio profano del ámbito sagrado.
En todos los santuarios hay por lo menos uno y es también un ícono nacional. En Kyoto el Fushimi Inari Taisha consagrado a Inari - la deidad de las buenas cosechas y el éxito en los negocios - el camino que lleva a la cima de la montaña donde se encuentra el “altar” está bordeado por más de 10 mil torií, implantados por fieles agradecidos con Inari por la bendición recibida. Recorrer el sendero requiere un par de horas.
El monte está poblado por zorros que la mitología identifica como mensajeros de Inari por lo que estatuas de piedra con su figura adornan el área. En Tokyo el más visitado es el Santuario Meiji, enclavado en el bellísimo y exuberante bosque urbano conocido como Yoyogi Koen. Este santuario está dedicado a los espíritus deificados del emperador Mutsuhito y su esposa la Emperatriz Sh?ken. Mutsuhito es ahora conocido como el emperador Meiji.
En la tradición japonesa, los emperadores reciben un nombre póstumo acorde a su reinado. La historia moderna registra la Restauración Meiji como un período de gran transformación del país, que terminó con la era del Shogunato en la que gobernaron los Shogun, señores feudales con ejércitos propios, de 1603 a 1867, que rebasaban el poder del emperador.
Entre otras características de esa era se prohibía la salida de japoneses y se restringía la entrada de extranjeros a Japón. El país permaneció rígidamente asilado del mundo más de dos siglos y medio. Durante la era Meiji, Japón comenzó su modernización, se abrió al mundo y la economía se dinamizó e internacionalizó como nunca en la historia. Mutshuhito fue padre de Yoshihito, padre de Hirohito -el emperador más longevo de la historia de Japón y quien gobernó por más tiempo, de diciembre de 1926 a enero de 1989 y quien vivió la Segunda guerra mundial - padre de Akihito, padre del actual emperador Naruhito. El Sintoísmo jugó un papel determinante en la llamada Restauración Meiji -1868-1912-. Meiji significa culto a las reglas.
La historia registra entonces un sintoísmo de estado que fomentó el adoctrinamiento de la población en una fórmula sin precedentes dentro de las tradiciones religiosas japonesas, que inculcó la estabilidad del nuevo gobierno y la figura del emperador sobre los señores feudales y significó el principal factor de equilibrio ante la apertura, capaz de fortalecer las raíces de pertenencia nacionales y una filosofía genuinamente japonesa, que aun norma las conductas y los valores sociales modernos.
Destaca su énfasis en la humildad, el respeto al prójimo y una profunda reverencia por la naturaleza, que hace de Japón uno de los países con mayor cuidado y respeto por el medio ambiente. Otras herencias vigentes no menos importantes, fundadas en el sintoísmo, son la naturaleza altamente ritualizada de las actividades cotidianas y la gran pompa de las ceremonias nacionales.
La gentileza y amabilidad en el trato que recibí de todos los japoneses con quienes tuve contacto es una de las grandes enseñanzas de este efímero viaje. Las fotos aquí incluídas corresponden a Fushimi Inari Taisha y al Santuario Meiji, donde también se realizan bodas de las familias de mayor alcurnia y abolengo. Como en todos los santuarios sintoístas existen áreas para colgar unas tablillas donde las personas escriben sus plegarias y deseos, como lo hace la turista vestida de blanco.