
Vivimos en una época en la que la palabra valor parece estar en todas partes. Se habla de “propuesta de valor”, de “marcas con valor”, de “personas valiosas”... Pero pocas veces nos detenemos a entender qué significa realmente crear valor y cómo ese concepto puede transformar no solo nuestras empresas, sino también nuestra manera de vivir y relacionarnos con los demás.
Crear valor no se trata únicamente de ofrecer algo útil o rentable. Crear valor es generar un impacto positivo en la vida de otros. Es dejar una huella, aunque sea pequeña, en el corazón o en el día de alguien. Es escuchar, acompañar, inspirar o simplemente hacer que alguien se sienta visto. El verdadero valor no siempre se mide en cifras, sino en emociones, experiencias y propósito.
Cambiar la mentalidad: del “tener” al “aportar”
Durante años nos han enseñado a perseguir resultados, metas y acumulaciones. Pero cuando cambiamos el enfoque del “¿qué puedo ganar?” al “¿qué puedo aportar?”, algo cambia profundamente en nosotros.
La mente se abre, la creatividad florece y la vida cobra sentido.
Crear valor implica reconocer que lo que damos también nos transforma. Cuando ayudamos, compartimos conocimiento o construimos desde la empatía, nuestra propia vida se enriquece. Nos volvemos más conscientes, más humanos y, paradójicamente, más prósperos.
Mi visión personal
Desde mi experiencia como empresaria, coach y ser humano, he aprendido que todo cambia cuando elegimos vivir desde el propósito. Cuando una marca, un negocio o una persona entiende que su misión no es solo vender sino servir, comienza a conectar genuinamente con la gente.
Y esa conexión es el activo más poderoso que existe.
Crear valor empieza en lo pequeño: en una sonrisa a quien nos atiende, en escuchar sin juzgar, en dar gracias, en cumplir una promesa o en inspirar a otro con nuestro ejemplo.
Ahí es donde se siembra la verdadera riqueza: en lo invisible, en lo que no se puede comprar.
Una invitación
Hoy te invito a mirar tu entorno y preguntarte:
¿Qué valor estoy creando en mi vida y en la de los demás?
¿Qué energía dejo en cada lugar que visito o en cada persona que encuentro?
Cambiar nuestra mentalidad no requiere fórmulas mágicas, sino una decisión consciente de ser parte del bien.
Porque cuando cambiamos nuestra forma de mirar, también cambia lo que creamos.
Y esa es, sin duda, la forma más hermosa de dejar huella.
Erika Rosas
Coach Barre | Emprendedora | Creadora de experiencias con propósito