
Como empresarios independientes, vemos con preocupación el reciente señalamiento de los CEOs de las compañías más grandes de Estados Unidos —como Apple, GM, JPMorgan, FedEx, Walmart— quienes denuncian que México enfrenta un colapso del Estado de Derecho.
Mencionan problemas graves como jueces elegidos por aclamación popular, hostigamiento fiscal por parte del SAT, expropiaciones encubiertas y favoritismo hacia gigantes como Pemex, CFE y Mexicana. Según ellos, la justicia se ha convertido en un instrumento político.
Este mensaje es contundente para quienes vivimos el día a día en las pequeñas y medianas empresas: la falta de independencia judicial, la arbitrariedad en el cumplimiento de obligaciones fiscales y la desarticulación de los entes reguladores están minando la confianza en México a nivel global. La Business Roundtable incluso ha pedido a Washington que reactive los arbitrajes internacionales del T-MEC para proteger sus inversiones, porque —dicen— ya no se puede confiar en los tribunales mexicanos. Esta afirmación golpea fuerte a la economía nacional.
Si México pierde credibilidad jurídica, las inversiones disminuirán, desapareciendo empleos y frenando el crecimiento futuro. No es una cuestión ideológica, sino de confianza y legalidad. Un país donde los jueces se eligen por popularidad y el fisco actúa con criterios políticos es un país que espanta a los inversionistas y diluye la competitividad. Así lo han advertido los líderes empresariales más importantes: sin justicia independiente, México no tiene un futuro viable.
Este es un llamado urgente para que, como empresarios independientes, exijamos un sistema justo, transparente y legal que permita a todos crecer y confiar en el país donde trabajamos y emprendemos.