
En los últimos días hemos estado siguiendo la triste noticia de Eitan Daniel, un pequeño que apareció en todos los noticieros con su rostro plasmado en un retrato, de esos retratos hablados que circulan buscando a una persona, aunque aquí no se buscaba al niño, se buscaba alguien que lo identificara y lo reclamara para su sepultura.
Estamos hablando de un varoncito de un año y medio de edad, al que se tiró como si se tratara de carne podrida, a quien se le halló en un terreno baldío a 34 kilómetros de su casa, el bebé, porque aún era un bebé, había pasado un infierno en vida, tenía señas de tortura.
Existen reportes de que Eitan Daniel era víctima de violencia familiar tanto física y muy probablemente psicológica, que sus padres le amarraban uno de sus pies al baño cuando pedía comida o lloraba, el pequeño tenía golpes en cráneo, cuello, boca y abdomen, se encontraba desnutrido, con heridas de cortadas y fracturas, así como señas de violencia sexual, tenía desprendida una uña de pie y le faltaban dientes los que se le habían tumbado por violencia al alimentarlo. Los primeros reporten dicen que murió por acumulación de sangre en el cerebro, derivado de un traumatismo craneoencefálico.
Este pequeño fue víctima de violencia familiar durante toda su vida, no hay forma en la que la gente que lo conocía no viera la condición en que se encontraba, pero a nadie le importó, eligieron callar, ser cómplices por omisión, como tantas cosas que pasan en nuestra sociedad de las cuales elegimos callarnos y voltear a otro lado porque no tenemos tiempo, o “no sabemos que hacer”, o no es algo que nos afecte directamente a nosotros y nuestra familia… pretextos sobran.
La realidad de este pequeño es que como sociedad fuimos cómplices de su terrible final, pero sobre todo de su infernal vida; hemos permitido que la cultura de muerte se expanda por nuestras casas, escuelas, hemos dejado que griten en nuestras calles que abortar es un derecho, que la maternidad será deseada o no será, hemos permitido que en nuestros Congresos se emitan leyes discriminando al hombre, que den valor por encima a la vida de una mujer, hemos generado el que los varones no entiendan su importancia en la sociedad, que los hombres sean tratados como ciudadanos de segunda… hemos denigrado el valor de la vida humana y nos altera más el que un perro sea vendido como lo que es, que el que un niño sea desmembrado en el vientre de su madre.
¿Por qué nos duele tanto un pedazo de carne tirado por su madre en un terreno baldío y no nos conmovemos igual con un pedazo de carne desechado por su madre en un aborto provocado en su propio baño?
Les hemos contado o les hemos permitido a nuestras generaciones creer que la maternidad es una carga, al grado que hemos cauterizado nuestros instintos más primitivos y necesarios para subsistir como sociedad, hemos dejado que se siembre sangre inocente en nuestro país y no podemos esperar que se cosechen flores.
El asesinato de Eitan Daniel es el resultado del feminismo gritando el 8 de marzo en las calles y el fruto de la apatía de los hombres y mujeres que nos dejamos manipular por gobernantes mediocres que nos compran con dádivas para seguir callando lo que la tierra en México ya grita: ¡justicia!.
Tanto desaparecido, tanto muerto, tanta violencia por todos lados es el resultado de la cultura de muerte que nuestra patria ha permitido introducir. Eitan Daniel es uno que supimos, pero hay muchos como ese pequeño muriendo todos los días desde el vientre de sus madres, y la solución no es permitir más abortos, la solución es empezar a sembrar vida, a cuidar la vida humana, a respetar la vida humana, a concientizar sobre el valor de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural.
A Eitan Daniel lo matamos todos los que no acudimos a manifestarnos cuando los diputados quieren destruir los conceptos correctos de matrimonio, cuando permitimos que los gobiernos dan más beneficios a mujeres que a hombres por el siempre hecho de ser mujeres, cuando lloramos por perros y gatos y no levantamos la voz porque en el Seguro Social van a dar el servicio de aborto como parte de sus servicios básicos… Todo somos cómplices y tenemos que entenderlo si queremos hacer un cambio cultural y dejar de recibir noticias como la de Eitan Daniel.
La respuesta no es dejar que la mujer mate a sus hijos en el vientre, la respuesta es fortalecer la paternidad responsable y aprender a apreciar la maternidad, volver a retomar el valor de la vida y la familia como lo más preciado que tenemos y tendremos, entendiendo que la vida es un regalo.
Vamos México, eres el águila que devora serpientes.