Diciembre no es neutral: la neurodivergencia en tiempos de ruido y rituales

Colaboración especial / L.C.H. Edna Ponce
Enfoque: Inclusión, neurodiversidad / neurodivergencia
Facebook: Kapa Soluciones
Instagram: @ednap_terapeuta

Diciembre suele presentarse como una promesa colectiva: celebración, balance, cierre, familia, alegría. El calendario insiste en que es un mes especial, casi obligatorio de disfrutar. Pero esa narrativa ignora algo fundamental: el tiempo no se vive igual en todos los cerebros. Para muchas personas neurodivergentes, diciembre no es neutral. Es exigente, ruidoso y, a veces, profundamente agotador.

Las fiestas de fin de año concentran todo aquello que suele desafiar a los cerebros distintos: cambios abruptos de rutina, hiperestimulación sensorial, demandas sociales intensas y una presión emocional difícil de esquivar. Luces intermitentes, música alta, reuniones prolongadas, conversaciones superpuestas, horarios alterados, expectativas implícitas. Nada de eso es casual; es parte del ritual. El problema es que los rituales sociales rara vez están diseñados para la diversidad neurológica.

Para una persona autista, diciembre puede convertirse en una carrera de obstáculos invisible. No porque falte voluntad de participar, sino porque el costo interno es alto. La sobrecarga no siempre se nota desde afuera. A veces se traduce en irritabilidad, cansancio extremo, necesidad de aislamiento o dificultad para “disfrutar como se supone”. Y ahí aparece otra capa de presión: la culpa.

Porque diciembre también exige emoción. Hay que estar agradecidos, felices, disponibles. Hay que cerrar ciclos, hacer balances, proyectar. Pero ¿qué pasa cuando el cerebro necesita pausa, previsibilidad y silencio? ¿Qué ocurre cuando el cuerpo pide bajar estímulos mientras el mundo los multiplica?

El calendario no suele contemplar esas preguntas. Funciona bajo una idea de normalidad que asume que más es mejor: más encuentros, más ruido, más actividades, más socialización. Desde esa lógica, quien se retrae es visto como antipático, exagerado o poco flexible. Rara vez como alguien que está regulando su sistema nervioso.

Diciembre también visibiliza otra desigualdad: quién puede elegir. No todas las personas neurodivergentes pueden decidir no asistir a eventos, no modificar rutinas o no exponerse a entornos hostiles. En el trabajo, en la escuela, en la familia, la flexibilidad suele ser un privilegio. Y la falta de comprensión se disfraza de tradición: “es solo una vez al año”, “haz el esfuerzo”, “no es para tanto”.

Pero para algunos cerebros, sí es mucho. Y no es solo una vez: es una acumulación de estímulos que se repite año tras año, sin ajustes estructurales. Por eso hablar de neurodivergencia en diciembre no es hablar de sensibilidad individual, sino de diseño social. ¿Quién define cómo se celebra? ¿Quién queda afuera de la idea de fiesta?

Curiosamente, el fin de año también es un momento propicio para revisar estas preguntas. Si diciembre es tiempo de balance, vale la pena preguntarnos a quiénes deja exhaustos el calendario y por qué. Qué pasaría si pensáramos las celebraciones con más opciones y menos imposiciones. Si normalizáramos retirarse temprano, bajar el volumen, respetar silencios, anticipar cambios. Si entendiéramos que la participación no siempre se ve igual.

La neurodivergencia no necesita que diciembre desaparezca. Necesita que deje de ser monolítico. Que haya espacio para celebrar sin sobrecargar, para compartir sin exigir, para cerrar el año sin colapsar. Reconocer que no todos los cerebros procesan el tiempo, el ruido y la emoción de la misma manera no le quita magia a las fiestas; les agrega humanidad.

Tal vez el gesto más inclusivo de este fin de año no sea sumar una actividad más, sino permitir menos. Menos juicio, menos ruido, menos expectativas ajenas. Y entender que, para muchas personas, cuidarse en diciembre también es una forma válida de celebrar.

Porque el calendario no es neutral. Pero puede ser más justo.

L.C.H EDNA PONCE / KP SOLUCIONES

Tips al momento

Denuncian deterioro en instalaciones de la UACH a través de redes sociales

Una publicación del perfil “Viviendo UACH” evidenció el deterioro de instalaciones en la Universidad Autónoma de Chihuahua, especialmente en el campus 1. Entre las quejas destacan las malas condiciones de la alberca, con techos con hongo, paredes sucias, falta de azulejos y fallas constantes en sanitarios y lavamanos.

Usuarios también señalaron inconformidad por el aumento en cuotas para actividades acuáticas y terapias, pese a que aseguran que el servicio es deficiente, con agua fría o sucia de manera recurrente. Además, cuestionan que las instalaciones sean rentadas a particulares.

En este perfil se suele difundir denuncias sobre la universidad, lo que afirma que las quejas son constantes, pero no se han visto mejoras ni respuesta por parte de las autoridades.


¿Desconfianza entre candidateables panistas?

Lo que está ocurriendo al interior de los grupos de aspirantes a cargos de elección popular deja ver un nivel de desconfianza que difícilmente puede justificarse pues la vigilancia entre ellos ya no es rumor, es práctica, pues trascendió que, una de las supuestas operadoras de Marco Bonilla, identificada como Mirna Rivas Martínez, estaría detrás de este seguimiento a otros perfiles que también buscan posicionarse dando un “marcaje” que habla más de inseguridad política que de estrategia…

El caso más reciente fue durante un evento enfocado en temas de seguridad a petición de los mismos vecinos de una colonia al sur de Chihuahua, y que fue encabezado por Gil Loya al que llegaron personas que sin vínculo aparente con la comunidad, pero con una instrucción clara escuchar y reportar, que sin embargo, no pasaron desapercibidas e inmediatamente fueron identificadas por los mismos vecinos que no lo expresaron en el momento pero si levantaron las sospechas de lo que hicieron en el lugar…

Lo que quizá no esperaban era que los propios vecinos detectaran su presencia, o por un acto de confrontación, sino por simple lógica y es que cuando alguien no pertenece al entorno, se nota y más aún cuando su interés no es participar, sino observar…

Las asistentes no fueron retiradas, pero su intención quedó expuesta conforme avanzaba el encuentro ya que mientras los ciudadanos hablaban de necesidades reales en materia de seguridad, ellas confirmaban que el objetivo no era sumarse, sino tomar nota e informar a detalle de los temas delicados que se abordaron…

Pero al constatar que este no era un evento político a medio evento se retiraron, no porque el tema dejara de ser importante, sino porque ya habían obtenido lo que buscaban, y ahí está el fondo del asunto pues mientras los ciudadanos piden soluciones, algunos actores políticos parecen más enfocados en vigilarse entre sí que en escuchar genuinamente como si fueran en búsqueda de ideas para promesas de campaña, esas que rara vez se cumplen…

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