
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
La historia de lo que yacía bajo los cimientos del Antiguo “Hotel del Real”, es un viaje al corazón de la Chihuahua de principios del siglo XX, una ciudad de contrastes, donde la elegancia colonial, comenzaba a ceder ante el empuje de la era moderna, ya que, antes de que el acero y el concreto asaltaran el cielo en 1954, la esquina de la calle Victoria y la avenida Independencia, era el máximo exponente de la fisonomía tradicional chihuahuense, un rincón dominado por la sobriedad de la cantera, y el aroma a botica que definía la vida cotidiana de la época.
En este predio no existía una sola estructura, sino un conjunto de fincas señoriales de una y dos plantas que representaban el estatus de las familias más acomodadas de la ciudad. Estas casonas, construidas con la fuerza del adobe, y adornadas con marcos de cantera labrada, se distinguían por sus altísimos techos de viguería de madera traída de la sierra, que mantenían el frescor durante los inclementes veranos del desierto. Los interiores, eran un remanso de paz con patios centrales llenos de macetones, y pasillos que conectaban salas decoradas con el lujo de finales del siglo XIX. Sin embargo, el verdadero motor de esta esquina, era su vocación comercial, ya que, al estar situada frente a la Plaza de Armas, era el epicentro de la elegancia, donde se congregaban las tiendas de ropa más finas, y los comercios que ofrecían artículos de importación, convirtiéndose en el paseo obligado de la sociedad chihuahuense antes de que el concepto de verticalidad administrativa siquiera se imaginara.
El punto de referencia más emblemático de este conjunto era, sin duda, la “Botica del Real”, este establecimiento, no era una simple farmacia, era un punto de encuentro social, un hito urbano con tal arraigo que, su nombre terminó por bautizar al futuro rascacielos. Propiedad de la familia Siqueiros, la botica representaba la transición entre la medicina tradicional y la farmacia moderna; en sus estantes de madera oscura, se alineaban frascos de cristal soplado y morteros, donde se preparaban remedios específicos para cada cliente, en una época, donde el boticario era una figura de máxima confianza en la comunidad. La familia Siqueiros, demostrando una fuerza de visión empresarial poco común, entendió que el valor de esa esquina, era demasiado grande para quedarse anclado en estructuras de adobe que, aunque bellas, comenzaban a sufrir el paso del tiempo, y la falta de espacio para las nuevas demandas de una capital en crecimiento.
La transición de la familia Siqueiros de simples comerciantes, a pioneros de la hotelería moderna en Chihuahua, es un relato que personifica la ambición de una época. Para profundizar en esta investigación, debemos situarnos en la primera mitad del siglo XX, cuando la esquina de la calle Victoria y la avenida Independencia, no era solo un cruce de caminos, sino el corazón mercantil de la capital. La familia Siqueiros ya era un nombre de peso en la sociedad chihuahuense, vinculada a una estirpe de empresarios que, veían en el centro de la ciudad no solo su hogar, sino un campo fértil para el progreso. El punto de partida de esta transformación, fue la famosa “Botica del Real” que ya se mencionó anteriormente, y antes de que el acero comenzara a devorar el cielo de Chihuahua en 1954, en esa misma ubicación, la farmacia que se había convertido en una institución para los habitantes desaparecería dando paso a la modernidad. Luis y Pedro Siqueiros, hombres de negocios, con una visión que se negaba a claudicar ante el paso del tiempo, comprendieron que su botica, y los locales comerciales adyacentes, aunque exitosos, pertenecían a un Chihuahua que empezaba a quedar atrás. La decisión de demoler su propio patrimonio comercial, para levantar el Hotel del Real, fue un acto de fuerza financiera y emocional, significaba, el sacrificio de un negocio seguro en favor de una apuesta monumental, por el futuro turístico y social del Estado.
El sacrificio de estas fincas antiguas, fue un proceso que dolió a los nostálgicos, pero que se consideró necesario para cimentar el progreso; las piquetas de los demoledores, tuvieron que doblegar las sólidas paredes de adobe que habían resistido revoluciones y asedios. Incluso, la fisonomía de la propia avenida Independencia, ya había comenzado a transformarse décadas antes, cuando por órdenes del general Pancho Villa, se ensanchó la arteria, obligando a muchas casas a recortar sus fachadas. Así, para cuando los arquitectos Salvador y Gilberto de la Torre presentaron el proyecto del hotel, el terreno ya estaba impregnado de una historia de cambio constante. Al conservar el nombre "Del Real", la familia Siqueiros, no solo rindió homenaje a su exitoso negocio farmacéutico, sino que permitió que el espíritu de aquella vieja esquina sobreviviera en la modernidad, asegurando que el nuevo edificio, no fuera un extraño en el centro, sino la evolución natural de un espacio que siempre fue, y sigue siendo, el corazón latente de Chihuahua.
Sin duda la historia del antiguo “Hotel Del Real” que estuvo ubicado en el centro de la ciudad de Chihuahua, es en esencia, la epopeya de una urbe que se atrevió a mirar hacia las nubes, cuando sus pies aún estaban profundamente hundidos en la tradición del adobe y la cantera colonial. Para comprender la magnitud de este coloso, es necesario retroceder hasta el año de 1954, cuando la capital chihuahuense, bajo un sol que parecía fundir las ambiciones de sus habitantes, comenzó a ser testigo de una transformación sin precedentes en su fisonomía urbana; el proyecto no fue simplemente la construcción de un edificio más, sino, la instauración de un símbolo de modernidad que demandaría sacrificios arquitectónicos considerables, pues para que este gigante pudiera alzarse, sería necesaria la demolición de fincas antiguas que habían custodiado la esquina de la calle Victoria y la avenida Independencia por generaciones.
Para que el progreso pudiera cimentar su nueva bandera de concreto y cristal, el pasado tuvo que ceder su espacio físico, permitiendo que los arquitectos, Salvador y Gilberto de la Torre, proyectaran una estructura que desafiara la horizontalidad de la capital. La edificación del Hotel del Real, se prolongaría durante tres intensos años de labor ininterrumpida, periodo en el que la fuerza del trabajo humano, y la ingeniería de vanguardia, se amalgamaron para elevar los ocho pisos de la estructura y durante este tiempo, los ciudadanos observaban con una mezcla de asombro y escepticismo, cómo la silueta de la ciudad, se alteraba para siempre por la fuerza de las grúas, y la precisión de los maestros de obra que, tuvieron que doblegar los retos de un suelo que no estaba acostumbrado a soportar semejante peso vertical.
“El Renacer de un Gigante: Fuerza y Sacrificio que Forjaron la Fisonomía del Hotel Del Real (Parte uno), forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos de Chihuahua.