
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
violioscar@gmail.com
En una ensombrecida pobreza, y una improvisada cuna de maderos viejos, nacería un niño cuando las hojas del calendario indicaban el 15 de junio de 1892 a las 10:00 de la mañana y en medio de los dolores de parto de una mujer que, se escuchaban a gran distancia, donde se percibía un cielo despejado con un calor que empezaba a quemar. Por fin, a las 12:00 del día, un llanto estremecedor explotó, anunciando la llegada de un nuevo ser a este ingrato e injusto mundo. Apolinar Maldonado de 45 años, el padre de la creatura, originario del pintoresco Valle de Allende, y Micaela Lucero de 30 años, la madre, nacida en Parral, Chihuahua, orgullosos se sentían en su humilde hogar, ya que, la luz de Dios, iluminaba cada rincón con la llegada de un “ángel del cielo”, uno más, de un total de ocho hijos. El nuevo integrante, se llamaría Pedro de Jesús, así como el apóstol aguerrido de Cristo. Sus hermanos contentos, se unían a él, como una verdadera familia. Florentina, Jesús, José Ramón, Juan, Sofía, Josefa y María de la Luz y Pedro, formaban la numerosa “dinastía” Maldonado Lucero.
Pasaron los días y el niño Pedro sería registrado ante las leyes civiles a las 4:00 de la tarde y los datos del pequeño, quedarían plasmados en el libro No. 23, Folio 140, certificado 382, ante el juez del estado Civil, Eduardo Delhumeau del Registro Civil de la Sección “Nacimientos” de la ciudad de Chihuahua con el nombre de, Pedro de Jesús Maldonado Lucero, ante los testigos, José Maldonado y Rafael Lucero que, radicaban en una comunidad de nombre “Plan de Álamos”. De igual manera, quedarían asentados los nombres de sus abuelos paternos (finados), Simón Maldonado y Petra Meléndez, y los maternos también finados, Antonio Lucero y Antonia Minjares.
El 29 de junio de 1892, recibiría las “aguas del Jordán” en la parroquia del Sagrario (Catedral) de esta ciudad de Chihuahua, donde se congregarían familiares, hermanos y amigos del recién consagrado. Los padres felices, y llenos de amor, abrazaban al niño Pedro por el gran acontecimiento, cuando humedecían su mollera con el baño celestial. Pedro empezó a crecer entre el piso de tierra, y descalzo, correteaba las laderas cercanas en el barrio de San Nicolás –hoy la Obrera, entre las calles 27 y Rosales, contra esquina del parque Urueta; fue obediente, le gustaba jugar como cualquier pequeño, con sus hermanos, y amigos, pero tenía un pequeño defecto, él siempre fue enfermizo, por lo que los cuidados de su madre Micaela eran especiales.
Cuando el joven Pedro contaba con 17 años, sintió un llamado interno, una de esas veces de profunda oración, cara a cara con Dios, se encontraba y, recibiría en su corazón, el pase a la vocación religiosa, ingresando al Seminario Conciliar de Chihuahua, atendido por la orden de San Vicente de Paul, y cuyo trato para el joven Maldonado era de amor y enseñanza. Empezaría a destacarse por su desempeño y buenas calificaciones, ya que, mucho de su tiempo, se dedicaría al estudio. Sus maestros estaban congraciados por su desarrollo, el cual, lo consideraban muy virtuoso. Pasarían dos años, y en 1912, la debacle económica que generaba la guerra revolucionaria en México, producía una honda crisis en el seminario, pues la situación financiera para sostener a los estudiantes, producía una escasa posibilidad de alimentarse bien. Por tal motivo, el seminarista Pedro, y otros compañeros, sintieron el hambre hasta “el cuello”, lo que, les generó problemas de anemia y debilidad, siendo un impedimento para concentrarse en sus estudios, orillándolos a dejar su preparación sacerdotal. A sus 25 años, fue ordenado diácono en el Paso, Texas, por el entonces obispo de esa ciudad, monseñor Jesús Schuler, en la Catedral de San Patricio en 1917, debido a que el obispo de Chihuahua, Nicolás Pérez Gavilán, se encontraba en la ciudad de México atendiéndose de su precaria salud.
Pasó el tiempo y el joven Pedro se ordenaría sacerdote en la misma ciudad fronteriza por el mismo monseñor Jesús Shuler el 25 de enero de 1918. De esta manera, Pedro de Jesús Maldonado Lucero, se convertiría en un nuevo soldado de Cristo, un niño que surgiría de las casuchas del humilde barrio de San Nicolás, hoy el barrio de la Obrera. Posteriormente, al llegar a su casa en Chihuahua, mucha gente que lo apreciaba, y conocía, junto a sus padres y hermanos Apolinar y Micaela, respectivamente, llenarían de abrazos y buenos deseos al nuevo ministro de Dios, impartiendo bendiciones a todos los ahí congregados. Llegaría el 11 de febrero de 1918, y el joven sacerdote celebraría su primera misa solemne en el mero día de la festividad de la Virgen de Lourdes, de la cual, él era muy devoto. El lugar, la Sagrada Familia, que se encontraba anexa al Seminario en la calle 11 o Venusiano Carranza en Chihuahua. En la misa, intervino con su predicación el Padre José Morales Tijerina, quien todavía era rector del seminario, y que durante el tiempo de formación del padre Maldonado, fue un apoyo incondicional para él. Antes de terminar, agradeció en el nombre de Dios, a todos los asistentes, exhortándolos a llevar una vida recta de amor y paz, así mismo, solicitaría el apoyo con las oraciones para seguir firme en el camino del sacerdocio. De esta manera, daría la bendición, concluyendo su primera misa dirigiéndose a su nuevo e humilde domicilio en las calles 16ª y Portillo. en el llamado barrio del Puerto de San Pedro.
La primera obra misionera del nuevo siervo de Dios, fue en el poblado de San Nicolás de Carretas durante un tiempo, después, se trasladaría a la parroquia de San Francisco de Borja, siendo atendido con mucho cariño por los feligreses que lo recibieron amablemente a su llegada. Para el 8 de febrero de 1922, sería llamado por primera vez para encargarse de la parroquia de Santa Isabel, sustituyendo al padre, Miguel Quezada, pero solo permanecería hasta el mes de marzo, cuando sería remplazado por el padre Santiago Valencia. Sin embargo, los nubarrones tormentosos amenazaban, con desatar una grave persecución en contra de la Iglesia católica; eran tiempos difíciles, por lo que, el padre Maldonado, se veía amenazado, lo que provocó que tuviera que moverse de un lugar a otro, porque era frecuentemente perseguido por la policía, y los agentes del gobierno.
Al inicio de la administración del gobernador Fernando Orozco en 1927, y con la firme convicción de poner “orden” en el estado, sacaría una de sus cartas más fuertes, una ley, que se convertiría en “mano de hierro”, por lo que, nombraría a Francisco Ponce Orozco, como jefe de la policía rural, muy temida en todas partes por sus formas sanguinarias de actuar. No esperaría un pretexto para atrapar a Pedro, pues desde México, se girarían órdenes de aprehensión en contra del sacerdote que el mismo “chacal”, la recibiría con gusto. En Santa Isabel, ya recientemente bautizada como General Trías en 1934, el nuevo jefe de la policía, el general Raúl Mendiolea Zerecero, haría llamar al padre Maldonado para que fuera a la presidencia: “Tráiganme a ese curita hijo de la chin……” Con estas palabras, sus huestes fueron en búsqueda del “soldado de Dios” hasta que fue encontrado. A paso firme, con el Rosario en mano, Maldonado se encaminó al cuartel. Fue introducido en los fríos rincones de una celda, y a los pocos minutos, fue sacado con lujo de violencia y puesto en el banquillo de los acusados para recibir un largo y agotador interrogatorio. El verdugo Mendiolea, aplicó la tortura psicológica, llevándoselo de un lugar a otro, ya que, por la noche, conduciría a Maldonado con los ojos cubiertos a un paraje. Cuando el reloj daba las 10:00 de la noche, fue puesto para ser fusilado…esta crónica continuará.
P. Pedro de Jesús Maldonado a 88 años de su martirio, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos de Chihuahua. Si usted desea adquirir los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII, puede llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se lo llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en la librería Kosmos, localizada en Josué Neri Santos No. 111.
Fuentes: Libro: El Mártir de Chihuahua de Javier H. Contreras, 1992; Fotos: Colección del Dr. Javier H. Contreras Orozco; Libro: El Martirio del Padre Maldonado. Gerald O Rourke, 2000; Archivo Diocesano de Chihuahua; Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua.