
En vísperas de eventos deportivos, estos nos han dado mucho de qué hablar. Recordando la columna de la semana pasada, o los Juegos Olímpicos de Invierno. Y este domingo, el Super Bowl. El evento deportivo más visto en Estados Unidos, y según Valora Analitik un encuentro entre dos equipos que tuvo 200 millones de espectadores. Nada mal para una liga que tiene partidos en un solo país.
Un encuentro que tuvo pasiones encontradas. Estas se remontan 11 años atrás, en el Super Bowl XLIX, en el cual los Seahawks se vieron derrotados por una intercepción que le dio el triunfo a su rival. Una revancha que nos merecíamos, me incluyo dado que soy aficionado de estos.
Dada la naturaleza de esta columna el objeto de esta no será el análisis del partido, pero sí su medio tiempo. Semanas antes se habló mucho del puertorriqueño que iba a protagonizar el show, esto debido a las múltiples agitaciones geopolíticas generadas por Donald Trump. El foco internacional estaba puesto en Bad Bunny.
Durante toda esta semana escuché diversas opiniones al respecto del show. Buenas y malas, pero una constante de las negativas es que provenían de generaciones mayores a mí. No me sorprende. El querer comparar al Conejo Malo con nuestro ícono nacional Juan Gabriel, o con el Rey del Pop, sería una imprecisión. La calidad artística de muchos artistas supera a la de Bad Bunny. Si buscaban una genialidad musical, no lo fue. Lo que sí ocurrió fue un mensaje de protesta nacional. ¿Por qué nacional? Si sacó múltiples banderas al final. Porque fue una protesta de una isla históricamente marginada. Protestaba en nombre de su pueblo natal.
Una protesta ajena a la realidad mexicana, que sin un contexto adecuado, es inentendible. Tuve la oportunidad de escuchar la opinión de un maestro mío, el cual es puertorriqueño. Esta perspectiva me abrió los ojos por completo. Puerto Rico fue entregado por España como botín de guerra a Estados Unidos en el Tratado de París. Estados Unidos implementó ciertas medidas para eliminar la hispanidad de la isla. Se prohíbe la educación básica en español, traen misioneros protestantes, el Día de Reyes deja de ser festividad nacional, entre muchas otras acciones. Todo con el fin de eliminar hasta el último vestigio de su cultura. La reacción a esto fue colosal. Los mismos puertorriqueños se negaron a cambiar el español por el inglés; a dejar de profesar su catolicismo; y como medio de protesta, decidieron no trabajar el Día de Reyes (aunque este no fuera más un día feriado). Una sociedad en contra de la imposición imperialista, que se fue extendiendo.
Con el pasar de los años la situación de la isla se volvió desoladora. Hoy en día las políticas públicas del gobierno federal no llegaron a Puerto Rico. Una crisis energética con apagones constantes, calles y carreteras con vastos hoyos, un sistema educativo que no se asemeja en nada a las escuelas gringas, nula capacidad de decisiones fiscales y políticas, etc.
Me puedo extender en varias cuartillas hablando del trato de segunda que se le da a la isla de Puerto Rico a diferencia de los otros 50 estados. Recordando que la isla tiene un carácter político similar a la colonia de hace varios siglos.
Bad Bunny se subió, y visibilizó el resentimiento de su nación. Muy legítimo. Mucha de la escenografía ejemplifica el día a día de los puertorriqueños. Las casas promedio, las sillas wde plástico en las que conviven, los postes de luz (debido a los apagones), los campos de caña, entre otros. Fue un mensaje al rezago que ha vivido su nación por generaciones. Un estrago del imperialismo yanqui.
Una situación similar viven nuestros paisanos del otro lado de la frontera. Persecuciones, racismo, xenofobia, declaraciones de la Casa Blanca que rebajan su calidad como personas. Lo que viven ellos no es más que una degradación constante a su dignidad humana. El trato es distinto en especie, pero mismo en género al que reciben los puertorriqueños. La nación mexicana sabe la dolorosa situación que vive el paisano en su día a día. Como mexicanos no solo debemos de ser empáticos ante el pueblo puertorriqueño, sino también ver que es una realidad paralela a la nuestra. En lo personal, me parecería completamente patriótico y legítimo que un connacional hiciera lo que Bad Bunny hizo en ese emblemático partido.
Por último me gustaría agradecer al Mtro. Christian Cuahutémoc Hernández, catedrático de la Universidad Panamericana y Doctorante en Filosofía por la UNAM, por explicarme la problemática latente en su país.
Patricio Deandar Solis.