
La política mexicana tiene escenas tan surrealistas que fácil superan a la Inteligencia Artificial, pues lo ocurrido este fin de semana en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP) raya en cosas que ni Gemini ni ChatGPT puede crear, acariciando lo patético y lo ridículo. Marx Arriaga, el hasta hace poco todopoderoso Director de Materiales Educativos y artífice de los polémicos libros de texto de la "Nueva Escuela Mexicana", decidió convertir su cese administrativo en un martirio televisado, en un reality show que supera a la Casa de los Famosos, transformando un despacho público en una trinchera de resistencia alimentada por barbacoa, tamales y transmisiones de Facebook.
Todo comenzó el viernes 13 de febrero, cuando la SEP (bajo las órdenes de Mario Delgado) notificó a Arriaga que su plaza cambiaría de naturaleza jurídica, dándole las gracias tras años de polémicas y una evidente carga ideológica en los materiales escolares, errores tan vergonzosos como cambiarle la fecha de nacimiento a Benito Juárez, la no inclusión de las mujeres en la historia de México, nulo conocimiento en el sistema solar y dibujar seres humanos con seis dedos. Lo que debió ser una salida institucional se convirtió en un "teatro completo". Arriaga, en un despliegue de victimismo, llegó a pedir a los policías capitalinos que lo esposaran: “¿Quieren esposar a quien hizo los libros de texto? Adelante”.
Pero nadie quería un mártir, simplemente querían la oficina. Ante la negativa, Arriaga se atrincheró. Según reportes de El Universal y La Jornada, el exfuncionario pasó dos noches pernoctando en las instalaciones de Avenida Universidad. Lo que él describe como una "Protesta con Propuesta" terminó pareciéndose más a una convivencia dominical: maestros simpatizantes le llevaron tamales, chocolate y barbacoa para sostener su "plantón".
El trasfondo del conflicto revela una ruptura profunda en la 4T. El propio Arriaga confirmó que Mario Delgado intentó una salida diplomática: le ofreció una embajada o un consulado para que dejara el cargo sin ruido. Sin embargo, Arriaga rechazó el "exilio dorado". Según sus propias palabras, aceptar una representación en el extranjero sería "traicionar" la lucha por los libros de texto y permitir que la SEP "regrese a las manos de los privatizadores", aún con el gobierno de Morena en funciones. Para él, no se trata de un puesto, sino de una defensa ideológica contra lo que llama el "rostro de derecha" de la actual gestión educativa. En otras palabras, jugando contra la propia casa.
¿Cuál fue el verdadero motivo de su caída? Aunque Arriaga alega una persecución contra el "legado obradorista", la realidad parece ser más pragmática. La presidenta Claudia Sheinbaum fue clara: el gobierno reivindica el modelo, pero los libros son "perfectibles". El pecado de Arriaga fue la soberbia; se negó a incluir una perspectiva de género real y una mayor presencia de mujeres en la historia, una demanda central de la nueva administración. Para Arriaga, estas modificaciones eran "concesiones" inaceptables. Seguido, de comenzar a patalear contra su jefe directo y sus colegas de partido.
El episodio es bochornoso porque despoja a la educación de su carácter institucional para convertirla en el patrimonio personal de un funcionario que se siente dueño de la verdad pedagógica. Mientras Arriaga se graba entre anaqueles exigiendo que lo saquen "a golpes" y tacha de "cuatreros" a sus superiores, la SEP avanza hacia un nuevo relevo este 16 de febrero. Arriaga ya comenzó a filtrar información y datos relevantes, como los pactos entre Javier Corral y Adán Augusto López.
Al final, el atrincheramiento de Marx Arriaga no será recordado como una gesta heroica, sino como el berrinche de un funcionario que prefirió el escándalo y la barbacoa antes que aceptar que en la administración pública los ciclos terminan. Ni los libros son de su autoría exclusiva, ni las oficinas son su trinchera personal.