
En los primeros años de vida, los niños no necesitan tecnología: necesitan presencia. Miradas que sostienen, brazos que contienen, voces que responden. Sin embargo, en la vida cotidiana actual, el celular se ha convertido en un acompañante constante, incluso en momentos tan íntimos como la comida, el juego o la hora de dormir.
Diversas investigaciones recientes en la primera infancia (0 a 5 años) han identificado un fenómeno llamado tecnoferencia (technoference): interrupciones en la relación padre/madre-hijo/hija o entre cuidadores, provocadas por el uso del celular u otros dispositivos. No se trata solo del tiempo total frente a la pantalla, sino de algo más sutil y profundo: la atención dividida. Cuando un niño intenta comunicarse y el adulto mira el teléfono, aunque sean solo unos segundos, el mensaje que recibe puede ser de desconexión.
El cerebro infantil se desarrolla a través de la interacción. La regulación emocional, el lenguaje y el sentido de seguridad se construyen en el intercambio cotidiano: cuando el adulto responde al llanto, sonríe ante un balbuceo o acompaña una frustración.
Estudios experimentales han mostrado que cuando la madre, el padre o el cuidador interrumpe la interacción para usar el celular, los bebés pueden aumentar su irritabilidad y presentar una mayor activación fisiológica. En niños un poco mayores, estas interrupciones repetidas se asocian con más dificultades para regular las emociones o con una mayor demanda de atención. Sucede con frecuencia que los padres —sin conocer los resultados del uso de la tecnología en la conducta de los niños y niñas— les permiten utilizar el celular o la tablet como juguete tranquilizador para detener el llanto, el berrinche o la incomodidad.
¿Sabías que la empatía se forma en los primeros años de vida? Cuando los niños y las niñas experimentan una respuesta sensible y seguridad emocional.
Un meta-análisis reciente encontró que el uso de tecnología por parte de los padres en presencia de niños pequeños se asocia con menor conducta prosocial (como compartir o ayudar) y menor calidad de apego (Toledo-Vargas et al., 2025). Además, investigaciones muestran que cuando el celular interrumpe la interacción, disminuye algo clave llamado atención conjunta —cuando tú y tu hijo miran y comparten interés por lo mismo—, un proceso fundamental para que aprenda a reconocer emociones (Krapf-Bar et al., 2022).
La empatía se construye cuando los niños se sienten mirados, escuchados y comprendidos. Se desarrolla en relaciones en las que el niño experimenta respuestas sensibles y seguridad emocional; fortalece las relaciones; se asocia con una mayor conducta prosocial y menor agresividad; es un factor protector y un fundamento de la conciencia moral (Hoffman, M.L.,2000). Por esta razón, la calidad del vínculo en la primera infancia es decisiva.
Sabemos que el uso de la tecnología es necesario; el punto crítico es el momento y el contexto. La primera infancia es una etapa en la que la presencia emocional constante del adulto cumple una función estructurante en el carácter y en la futura salud socioemocional y mental del niño.
La crianza positiva se basa en cuatro pilares: afecto, límites claros, comunicación y acompañamiento respetuoso. En el contexto actual, podríamos añadir un quinto: la presencia consciente.
Esto no implica prohibir la tecnología ni generar culpa en los padres. Significa aprender a distinguir los momentos esenciales. Hay espacios donde el niño necesita que el adulto esté completamente disponible:
Mantén contacto visual cuando te habla. Acompaña sus emociones sin distracciones. Guardar el celular en esos momentos no es un sacrificio enorme, pero sí puede tener un impacto significativo en el vínculo.
La buena noticia es que no se trata de transformaciones radicales. Algunas prácticas sencillas pueden fortalecer la relación:
La tecnología puede ser una herramienta útil, pero no puede sustituir el encuentro personal. En los primeros años, los niños sienten —profundamente— cuándo estamos disponibles para ellos.
En esta época de hiperconectividad, tal vez el mayor acto de amor sea desconectarse unos minutos para estar verdaderamente presentes, recuerda que en familiólogos de Chihuahua podemos apoyarte con consejería, consultoría y terapia personal o familiar.
En la primera infancia, tu presencia es su mejor tecnología.
MCFC Osvelia Galván Gallegos
Familiólogos de Chihuahua, A.C.