
Por: José Luis Jaramillo Vela
Sólo los valientes
Sin duda alguna, la Revolución Mexicana fue una época que marcó la historia de México de manera muy profunda y para siempre; este hecho, no solo buscaba la renuncia del dictador Porfirio Díaz, quien estuvo en el poder por más de treinta años, aunque es verdad que modernizó a México y lo puso en la vanguardia internacional, también es cierto que terminó provocando una notoria y grave desigualdad económica y social en la población mexicana, por lo que los objetivos del movimiento armado no solo iban encaminados a derrocar a Porfirio, sino también a meter al país en un proceso democratizador, en donde el presidente fuera electo por voto popular verdadero, que ejerciera solamente su período de gobierno y que, aprovechando los logros del porfiriato, impulsara a México por el camino de la democracia, una mayor igualdad social y económica, así como el bienestar general de la sociedad.
De entre todos los valientes mexicanos que se lanzaron a tomar las armas en esta cruenta lucha, valientes de ambos bandos, tanto federales como revolucionarios y más allá de las atrocidades que se ven y se cometen en las guerras, destacaron dos personajes, solo dos; éstos se distinguieron de todos los demás, no solo por su liderazgo, sino también porque de toda la bola, solo ellos abanderaban auténticos ideales de un México mejor, todos los demás, federales y revolucionarios buscaban el poder y los beneficios e intereses personales; estos dos auténticos revolucionarios fueron Francisco Villa y Emiliano Zapata.
El Centauro y el Caudillo toman la Ciudad de México
En 1914, Villa derroca a Victoriano Huerta y la Convención de Aguascalientes fracasa porque Villa y la División del Norte se apoderaron del control de la misma, ahí es donde Villa y Zapata rompen definitivamente con Carranza, este inicia otra guerra dentro de la misma revolución buscando eliminar a ambos personajes; entonces Zapata, quien tenía una verdadera admiración y respeto por Pancho Villa le solicita apoyo para su Ejército Libertador del Sur, Villa acepta ayudarlo y juntos toman la Ciudad de México empujando a Carranza a huir hacia Veracruz. Y usted amable y querido lector, seguramente se estará preguntando, ¿y qué tiene que ver todo esto con los 300 hijos de Villa?, no se me desespere, estoy poniendo el contexto, para allá voy.
Sucedió en una fría noche decembrina en la Ciudad de México
La reunión entre Villa y Zapata estaba agendada para el día viernes 4 de diciembre de 1914 en Xochimilco (Pacto de Xochimilco), el jueves 3, Villa estuvo afinando los detalles junto con sus Secretarios, los Coroneles Miguel Trillo, Luis Aguirre Benavides y Silvestre Terrazas, además de su Estado Mayor, Coronel Juan N. Medina y los Generales Rodolfo Fierro y Felipe Ángeles; por la noche, Villa decide salir a despejar su mente y dar una caminata nocturna por el centro de la Ciudad de México y para ello invita al Coronel Juan Nicolás Medina.
La noche era fría, ambos personajes caminaban por la Avenida San Juan de Letrán (antes Niño Perdido, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas) los transeúntes reconocían al Centauro del Norte, se acercaban para mirarlo bien y Villa los saludaba con ademanes y gestos, hasta que llegaron al cruce con la Avenida Fray Servando Teresa de Mier, ahí había un parque y lo que vieron ahí los dejó atónitos y les partió el corazón, a ellos, que todos los días vivían entre los horrores de la guerra.
En el parque había cientos de niños y niñas de la calle, todos ellos desnutridos, chamagosos y harapientos; se cubrían con periódicos de las inclemencias del tiempo, en general, se notaba que no tenían un hogar ni una familia; el General Villa, hombre duro y rudo se sintió sobrecogido al ver todo ese triste panorama; muchos niños reconocieron a Villa, pues todos los días veían su fotografía en los periódicos con los que se cubrían, así que comenzaron a arremolinarse en torno a la figura del máximo símbolo de la Revolución Mexicana, la multitud ya no solo eran niños de la calle, sino ciudadanos queriendo conocer a Villa, quien preguntó a un señor “¿qué pasa aquí?”; el señor, que paseaba junto a su esposa le explica que ese es el Parque del Niño Perdido, que ahí se refugian todos los niños y niñas que han quedado huérfanos por causa de la revolución o por abandono y maltrato de sus padres, le dice también que esa calle anteriormente también se llamaba Niño Perdido debido a ese mismo problema y finaliza diciendo que como ahí ya no caben tantos, muchos ya invadieron la Alameda Central unas calles más adelante; Villa queda realmente impactado y le dice al señor y a la multitud, “¡algo se tiene qué hacer!”.
La multitud se dispersa, Villa y Medina se quedan solos, siguen caminando, pero en la mente de Villa se quedó grabada la imagen de aquellos niños y niñas chamagosos abrazados a sus fieles perros callejeros, sus únicos amigos que tenían. Las crónicas cuentan que muchos ciudadanos que esa noche conocieron al General Francisco Villa, aseguraron haberlo visto rodar lágrimas al ver a tantos niños en esa situación.
Y no era para menos, Villa, aunque de cuna humilde, tuvo una buena crianza y a pesar de todo tenía un buen corazón; José Doroteo Arango Arámbula fue un niño que no tuvo nada, más que los amorosos cuidados de su madre hacia él y sus hermanos, lo único que conoció fue la pobreza y cuando tuvo que defender el honor de su hermana Martina, conoció las armas, tuvo que huir y cambiar su nombre a Francisco Villa, por esos motivos mostró tanta empatía hacia todos esos niños.
Siguieron caminando unas calles más hasta llegar a la Alameda Central, en donde constataron que ahí había más niños de la calle; Villa ya no quiso seguir viendo más y tomó una decisión.
¡Está decidido, los voy a adoptar a todos!
El General Francisco Villa se comenzó a hacer una serie de preguntas, mismas que trasladó hacia su subordinado, preguntas y respuestas recogidas por personas y periodistas de la época
- Coronel Medina, ¿por qué están todos estos niños en esta situación, ahí tirados en la mugre y sin comer, no debieran estar en su casa y en la escuela?
- Son niños huérfanos mi General, la mayoría ya no tiene padres y los que tienen, pos’ los echan a la calle!, contestó el Coronel Juan Nicolás Medina sorprendido por la pregunta, a la que le siguió otra.
- Dígame usted Coronel, ¿qué posibilidades tienen esos niños en la vida?
- No, pos’ nada bueno mi General, o se van a morir de hambre o se van a convertir en criminales o solo que el Presidente Constitucionalista Carranza decida hacer algo por ellos, pero pos’ yo no lo creo.
- ¡!OlvÍdese de Carranza Coronel, ése cabrón no va a hacer nada por nadie y mucho menos por estos pobres niños!!
Después de un largo silencio Villa resolvió:
-Coronel Medina, la decisión está tomada, los voy a adoptar a todos estos chiquillos, van a ser mis hijos y me los voy a llevar a Chihuahua.
A esa aseveración de Villa, siguió una orden:
- Coronel Medina, ¡tráigase a su gente, me los cuentan a todos y por la mañana me los tiene formaditos y con almuerzo a cada uno de estos niños; ordene quinientos desayunos y quiero verlos por la mañana antes de ir a la reunión con Zapata!
- !Sí Mi General!!, fue la respuesta del Coronel Medina… ¿cómo le iba a hacer?, ni él lo sabía, ¡pero lo tenía que hacer!
¿Quiénes se quieren ir a Chihuahua conmigo?
Al día siguiente por la mañana, un desvelado Coronel Medina se presenta ante Villa para llevarlo al Parque del Niño Perdido, justo donde habían estado la noche anterior; para sorpresa de Villa, todos los niños y niñas estaban bien formaditos agrupados al estilo militar, más sorprendido quedó cuando notó que todos estaban perfectamente limpios, aseados y bañados, nada que ver con lo mugrosos que estaban la noche anterior, aunque eso sí, con sus mismas garritas de ropa. El Coronel Medina le informa: “Mi General Villa, como usted ordenó, tenemos contados, anotados y enlistados exactamente 300 niños y tenemos almuerzo para 500 personas”.
El General Villa voltea a ver al Coronel Medina, con solo una mirada Medina supo que Villa estaba muy complacido con lo que estaba viendo y le dice: “Mi General, véngase a almorzar con los niños, les gustará conocer a su nuevo papá”. Lo que se vió a continuación fue al General Pancho Villa riendo, jugando, bromeando y comiendo con todos esos pobres niños que por fin tenían un momento de alegría y felicidad en sus desoladas vidas y a un General Villa sacando al niño que llevaba dentro y que estaba disfrutando en grande el momento, puesto que su infancia fue limitaciones y de pobreza.
Llegado el momento, Villa ordenó formar a los niños, hacer el pase de lista y parándose frente a ellos les habló de la siguiente manera: “A ver mis muchachitos, los que quieran ser hijos adoptivos míos me los llevo a Chihuahua a vivir conmigo, ahí tendrán casa, vestido, escuela, tres comidas al día y la posibilidad de crearse cada uno de ustedes un futuro mejor; ¿quiénes aceptan y se van a Chihuahua conmigo?”
Todos aceptaron.
¡Y nos fuimos para Chihuahua!
-“Muy bien muchachitos (dijo Villa), aquí mi Coronel Medina se va a encargar de los arreglos para su traslado y les informará cuando salimos para su nueva casa; a partir de este momento quedarán bajo el cuidado de la División del Norte”. Enseguida, Villa le ordena al Coronel Medina que se haga cargo de todo lo concerniente a el alojamiento, seguridad y traslado de los 300 niños hasta Chihuahua; una vez más, Medina tenía que ingeniárselas para cumplir la orden que le habían dado.
El Coronel Medina consigue unos cuarteles en desuso para alojar por unos días a tanto chamaco y le encarga al Capitán Pedro Rodríguez organizar e instalar a los muchachos y hacerse cargo de la vigilancia y seguridad de los niños. El primer problema estaba solucionado, ahora faltaba cómo transportarlos, puesto que los trenes de la División del Norte estaban ocupados por los soldados, los caballos, las armas, la artillería y demás pertrechos; entonces a Medina se le ocurre con la ayuda del General Rodolfo Fierro ir a conseguir un tren “prestado a fuerzas”, para trasladar a los niños hasta Chihuahua; resulta que el General Fierro había sido maquinista y era bien conocido en el medio ferrocarrilero, así que se “agenciaron” un tren con cuatro vagones para el traslado de los 300 chamacos.
En 1914, en plena Revolución Mexicana no era nada sencillo transportar en tren a 300 niños desde la Ciudad de México hasta Chihuahua; la tarea del Coronel Medina, del Capitán Pedro Rodríguez y de su pelotón de soldados villistas era harto difícil, pues durante el trayecto, tenían que hacer las veces de niñera, de mucama, de papá y de mamá de tanto chamaco, pues la orden del General Villa era de que a los niños se les hiciera sentir cómodos y felices; según cuenta el Capitán Pedro Rodríguez en sus memorias, el momento más difícil fue cuando en Santa Rosalía (actual Ciudad Camargo), justo en el puente sobre el Río Conchos la máquina sufrió una avería, mientras se reparaba, todos los chicos se metieron al río a darse un chapuzón; al reanudar el viaje, según Rodríguez, su preocupación era que al pasar lista le faltara algún niño, pero por fortuna los 300 subieron de regreso al tren.
Güera, ¿qué crees?...
De regreso en Chihuahua, en su residencia de la Quinta Luz, Villa le dice a su esposa Doña Luz Corral, “Güera, ¿qué crees?, que ya eres madre”, la mujer se queda con cara de sorprendida, como no entendiendo lo que su esposo trata de decirle, hasta que Villa le suelta la “sorpresa”: “Ahora que regresé de la Ciudad de México me traje a 300 niños huérfanos que no tienen ni casa, ni papá ni mamá, entonces, desde ahora, esta va a ser su casa, usted va a ser su mamá y yo su papá”.
Todavía no salía la pobre mujer de su asombro cuando Villa le ordena: “Así es que se los lleva a la fábrica de ropa La Paz, me les compra seis cambios de ropa del diario cada uno y su ropa de domingo y a las niñas sus vestidos, para que anden siempre muy bonitas y arregladas”
Todos estos niños fueron ingresados a las escuelas que Villa había construido siendo Gobernador del Estado, abrió una Escuela de Artes y Oficios donde les enseñaban mecánica, talabartería, hojalatería, electricidad, música, carpintería; a las niñas se les enseñaba costura, ballet, cocina, secretariado. Además todos ellos fueron educados dentro de una instrucción militar en un marco de orden, respeto, aseo y pulcritud; se les inculcaron valores éticos y reglas de urbanidad y buenos modales. –“Quiero que todos ellos tengan las oportunidades que yo no tuve y que sean como yo siempre quise ser y no como lo que soy, quiero que sean personas de bien y útiles a la sociedad” decía el General Villa
Cabos sueltos
+ Todos los gastos de estos niños fueron cubiertos por Pancho Villa
+ El Coronel Juan Nicolás Medina fue ascendido a General por el mismo Villa y quedó a cargo de la instrucción de todos estos muchachos; una vez al mes, Villa y Medina revisaban las calificaciones y el avance de cada uno; algunos de ellos quisieron pertenecer a la División del Norte, Villa nunca lo permitió, ninguno de ellos tomaría el camino de las armas.
+ De los 300 que llegaron, solo desertaron 25 chamacos, todos los demás se insertaron de manera positiva y productiva en la sociedad; 12 de ellos se quedaron a dar clases en la Escuela de Artes y Oficios.
+ Todos ellos llamaban a Villa y a su esposa Luz Corral, papá y mamá; también todos ellos estuvieron de manera constante en contacto con Villa y con Medina. Pancho Villa tuvo 26 hijos biológicos.
+ Según cifras de la ONU y la UNICEF, en el mundo existen 153 millones de niños en situación de calle, en México hay 1.6 millones de niños en esta situación; solo 29 mil viven en albergues u orfanatos, los demás viven en la calle.
“Pancho Villa vió hacia su interior y decidió cambiar la vida de los más desafortunados, aún sin tener la obligación, necesidad u obtener beneficios de ello, para nosotros, ahí reside su grandeza” : UNICEF
Referencias Bibliográficas:
+ mexicodesconocido.com.mx
+ facebook.com
+ infobae.com
+ teziutlandesconocido.com
+ periodicolavoz.com.mx
+ capitalmexico.com.mx
+ somosmxc.com.mx
+ es.wikipedia.org