
"No importa el color del gato, mientras cace ratones." – Deng Xiaoping,
Hace unas décadas, China estableció una Zona Económica Especial en el puerto pesquero de Shenzhen. Con ello arranca una política de integración que ofrece incentivos fiscales, simplificación aduanera y atracción de inversión extranjera.
El ejercicio tuvo resultados extraordinarios: pasó de ser una aldea pesquera en la frontera con Hong Kong a convertirse en un centro tecnológico global. Su designación como zona económica especial facilitó la llegada de inversión extranjera y la creación de un ecosistema industrial. Hoy es reconocido como el “Silicon Valley chino”, con empresas como Huawei, Tencent y BYD, que nacieron ahí.
Un ecosistema industrial integra manufactura, innovación, educación, logística y servicios. No se trata de copiar la lección, sino de entender cómo otros países decidieron pasar de ensamblar a integrar; de importar piezas y armarlas, a diseñar, producir, distribuir y hasta crear nuevas marcas.
En el sexenio de Enrique Peña Nieto se impulsó las Zonas Económicas Especiales (ZEE) en México como política industrial, con la intención de atraer inversión a regiones rezagadas como Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz.
¿Por qué no logramos replicar el éxito de China? La diferencia estuvo en la estrategia y la continuidad. En México fue un programa sexenal, cancelado por el gobierno de la 4T. Diferente al caso Shenzhen, que fue un proyecto sostenido por décadas sin modificaciones. Las empresas internacionales no invierten en países que no ofrecen estabilidad económica.
China tenía para ese puerto pesquero un objetivo industrial claro. Las ZEE mexicanas nacieron con la intención de combatir la pobreza, la desigualdad regional y generar empleo. Correcto y positivo socialmente, pero sin una definición industrial especializada. Además, los estados seleccionados carecían de infraestructura, conectividad y seguridad. Por su parte, Shenzen estaba junto a Hong Kong, capital financiera y comercial, con puertos internacionales y logística avanzada.
México cuenta con grandes ventajas industriales. Somos potencia manufacturera en sectores como el automotriz, aeroespacial y dispositivos médicos. Tenemos complejos modernos, experimentados ingenieros y mano de obra calificada, gracias a la continuidad ofrecida al programa IMMEX. Pero llevamos más de 50 años sin dar el siguiente paso.
Requerimos una verdadera política industrial que trascienda los cambios políticos, ese es nuestro verdadero reto, y que impulse mayor integración nacional. Se requiere menos burocracia en permisos, e integrar al modelo educativo STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), para atraer industrias de automatización, robótica e inteligencia artificial.
Shenzhen se convirtió en potencia industrial no por bajos costos, sino por lograr una visión conjunta de largo plazo entre gobierno, industria, educación, todos dirigidos al mismo objetivo. México con gran potencial manufacturero y capacidad exportadora, aún no cuenta con una visión industrial a largo plazo que nos convierta en la potencia que por décadas merecemos ser.
Por César De La Garza Licón.