
Por, Luis Villegas Montes.
Aunque quieras que no, debo dejar la crítica puntual a las instituciones chihuahuenses para ocuparme de temas más trascendentes y relevantes para la vida pública. Olvidémonos por un momento de la ramplona política local: esos magistrados que se comportan (y son) señores de horca y cuchillo, auténticos mafiosos (que más que colaboradores pretenden pandillas de cómplices), de esos otros que en su ignorancia brutal confunden la imparcialidad con olerle el trasero a los colectivos (snif, snif) y de los abusones que hacen campaña desde el cinismo, la ventaja, la rapacidad y la rapiña.
Mi veleidad se explica, y justifica, porque llevo días leyendo, viendo, escuchando y padeciendo una serie de burradas que me sumergen, a partes iguales, en las triaguas de la rabia, el aturdimiento y la vergüenza. Todo porque la presidente de la República, Claudia Sheinbaum, el mero 5 de mayo, recomenzó un debate añejo capitaneado por un montón de imbéciles —empezando por Benito Juárez (ese demagogo, dictadorzuelo, vendepatrias, ladrón y pionero de los fraudes electorales)— y dijo, entre otras barbaridades: “a quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés, y sus atrocidades, están condenados a la derrota”.
Y ahí sí yo, como la niña de El Exorcista, empecé a temblar, a retorcer la cabeza y a echar espumarajos. “¿Por qué?, le pregunté yo al Creador, “¿por qué, señor?” —digo, sí sabía por qué, para distraer la atención pública del escándalo Rocha Moya… y la presión de EUA, la crisis de seguridad, el desgaste institucional, Pemex y sus desastres (fugas, explosiones, muertos, etc.), las fracturas internas y su supuesta no ida a Palenque (o sea, sí, pero no)—; no obstante, así y todo comencé con mi letanía: “¿Qué no ves cómo están las cosas y qué el horno no está para bollos? ¿Qué el país se nos cae a pedazos? ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué te empeñas, Dios mío, en alentar estos despropósitos?”. Miren ustedes, no voy a presumir de que el Todopoderoso me respondió, no; pero me lo imaginé como a Vicente Fox, mirándome desde las alturas, entre nubes, y preguntándome: “¿y yo por qué?”. Con toda seguridad el Padre Celestial no tiene que ver con la autoría de esas idioteces, pero yo necesitaba un desahogo para mitigar mi furor.
Hablar de Cortés, hablar de América, hablar de España y poner orden en todo lo que se ha dicho en estos días entre unos y otros es una labor titánica porque parte de una larga serie de malentendidos que se agravan por la mala leche de quienes quieren sacar “raja” política —instalados por lo general en el gobierno o sus adláteres— y quienes con una muy modesta pretensión queremos examinar lo acaecido en el pasado lo más cerca posible de la lógica y la historia; y —si se le hace mucho— de los hechos y del sentido común.
En las siguientes semanas, aquí y allá, intentaré desgranar esa mazorca de la mano de un extraordinario escritor mexicano, chihuahuense por añadidura, que servirá de faro a este mi humilde intento: don José Fuentes Mares, en compañía de algunos otros.
Como suele ocurrir en México, entre la leyenda negra y la leyenda rosa, la historia terminó convertida en garrote histérico-político. De eso vamos a hablar en las siguientes páginas (¿por días, semanas?).
La presidente Sheinbaum, afirmó que: “Lo que trae la derecha mexicana es a una adoradora de Hernán Cortés”; que Cortés “se caracterizó por dos matanzas”; y por “ser uno de los más crueles invasores, tal y como queda reflejado en los decretos de la época”; que “marcaban a los niños en la frente como animales para catalogarlos como esclavos”; que: “Ése era Hernán Cortés, el que ordenó la matanza de Cholula”; que: “la grandeza de México viene de los valores de los pueblos [originarios]”; y que: “Los pueblos originarios son la verdadera reserva de valores del México de ayer y de hoy”.
Por su parte, la presidente de la comunidad de Madrid, Isabel Natividad Díaz Ayuso, externó que: “El mestizaje es el mensaje de la esperanza y de la alegría. Ante los discursos del odio, que dividen, los que vemos la vida en torno a estas alianzas tenemos que buscar las maneras de poder hablar en libertad”; que “ojalá algún día, más pronto que tarde, haya muchos más eventos como éste que se celebren en todos los rincones de España, de México, y que nunca deban ser cambiados de sitio. Que nunca la libertad pida perdón por ser libertad”; y que: “Han sido cinco siglos de amor y no de odio”. ¡También ésas son ganas de fregar de doña Chabela!
A ver, desde cierta óptica, las dos tienen razón.
Empero, aquí, vale la pena hacer un paréntesis para explicar por qué motivo le digo a don Hernando, “Cortés” a secas y así titulo estos párrafos.
Continuará…
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