La teoría de las vidas cruzadas

Entre sorbos y suspiros
Jéssica Valdez

Siempre me he preguntado por qué coincidimos con ciertas personas.

No me refiero a los encuentros cotidianos. Esos pasan todo el tiempo. Compartimos espacios, trabajos, escuelas y ciudades. Vemos cientos de rostros cada semana y la mayoría desaparecen sin dejar rastro.

Me refiero a esas otras personas.

Las que llegan y, sin previo aviso, terminan formando parte de nuestra historia.

Hay quienes creen que se trata de destino. Otros hablan de sincronicidades, de energía, de karma o de planes divinos. La literatura, el cine y hasta las religiones han intentado explicar esos encuentros extraordinarios.

Pienso en las historias de amor que atraviesan décadas en las novelas. En los personajes que se pierden y se encuentran una y otra vez. En esas películas donde un accidente, una decisión o un retraso cambian para siempre la vida de varias personas.

Y aunque todas esas teorías tienen algo de encanto, confieso que una de las mejores explicaciones la escuché en un escenario de teatro.

Fue durante una puesta en escena en la Casa Fuerte de Emilio “El Indio” Fernández. Mi sobrina Sofía Arroyave interpretaba un personaje en la obra “Nos amábamos tanto” que, en medio de un diálogo aparentemente ligero, soltó una frase que todavía me hace sonreír:

“Cuando se inventó el destino se acabaron las pendejas”.

La sala estalló en risas.

Pero detrás de la ironía había una verdad incómoda.

Qué fácil es culpar al destino de nuestras decisiones. Qué sencillo resulta responsabilizar a algo invisible de los errores que cometemos, de las oportunidades que dejamos pasar o de los caminos que elegimos tomar.

Porque, al final, el destino podrá existir o no, pero seguimos siendo responsables de nuestra vida.

Y aun así…

Hay encuentros que siguen pareciéndome extraordinarios.

Así conocí a mi mejor amiga.

Estudiábamos en la misma preparatoria. Vivíamos relativamente cerca. Nuestros padres no se conocían, pero ambos iban por nosotras a la escuela.

Y, sin embargo, no éramos amigas.

Le hablé por accidente; la confundí.

Ella se quedó por educación, supongo, o porque sabía que los mejores años de su juventud los pasaría conmigo, jajaja.

Ese mismo día, cada una buscó a su padre, pero ninguno de los dos llegó a tiempo, o simplemente no los vimos.

Entonces, dos adolescentes decidimos esperar transporte en una ciudad que no siempre era amable con las mujeres jóvenes.

Decidimos irnos juntas para no andar solas.

Nada más.

No hubo señales del universo.
No cayó un rayo.
No sonó música celestial.

Solo dos jóvenes de 15 años caminando a casa de noche.

Cuando llegué, mi padre me preguntó por qué no lo había esperado. Venía sonriente porque otro papá también buscaba a una hija que nunca salió. Como ya no tenía sentido quedarse, decidió darle un aventón.

Ese hombre era Roberto.

Con el tiempo se convertiría en alguien profundamente importante para mí. Un hombre generoso que me abrió espacios, me cuidó en muchos momentos y que, incluso en una etapa difícil de su vida, me dejó encargos muy importantes.

Entre ellos, la persona más valiosa de todas: su hija.

Han pasado más de dos décadas desde aquel día.

Hemos compartido alegrías, pérdidas, celebraciones, miedos, cambios de trabajo, cambios de vida y versiones distintas de nosotras mismas.

Nos cuidamos.
Nos escuchamos.
Nos regañamos cuando hace falta.
Nos emocionamos con los logros de la otra como si fueran propios.

Y cuando la vida se pone seria, ahí seguimos.

Por eso no sé si nuestras vidas estaban destinadas a cruzarse.

No sé si fue casualidad.

No sé si fue karma.

Lo que sí sé es que hubo miles de personas con las que coincidí y desaparecieron.

Y hubo una que se quedó.

“Gracias, Roberto. Aquel día no solo llevaste a mi papá de regreso a casa. Lo que nunca imaginaste fue que también estabas ayudando a construir una amistad para toda la vida”.

Tal vez esa sea la verdadera magia de las vidas cruzadas.

No encontrarse.

Quedarse.

Porque encontrarse puede ser cuestión de suerte, de tiempo o de geografía.

Lo extraordinario es construir.

Es responder una llamada a las dos de la mañana.

Es aparecer cuando la otra persona atraviesa una tormenta.

Es celebrar los triunfos sin competencia.

Es crecer sin dejar de reconocerse.

Quizá por eso las personas más importantes de nuestra vida rara vez llegan haciendo ruido.

Llegan como llegan todas las demás.

La diferencia es que un día miras hacia atrás y descubres que ya no sabes contar tu historia sin ellas.

Y entonces entiendes que, destino o no, hay vidas que terminan entrelazándose de una forma tan profunda que resulta imposible imaginar cómo habría sido el camino sin ese cruce.

Y eso, para mí, sigue siendo uno de los misterios más hermosos de la vida.

Porque al final no sabemos quién llegará para enseñarnos algo, para acompañarnos una temporada, para cambiarnos una idea, para sostenernos en una tormenta o para quedarse durante décadas.

Quizá por eso vale la pena seguir abiertos a la gente, a las historias y a los encuentros inesperados.

Porque encontrarse puede ser casualidad.

Pero construir un vínculo siempre es una decisión.

Y quién sabe…

¿Qué pasaría si la persona más importante de tu historia fuera alguien que todavía no conoces?

 

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La llamada que evitó la entrega de Almanza a las autoridades estadounidenses 

Una llamada cambió la intención del exjefe de la Policía de Investigación de la Fiscalía de Sinaloa, Marco Antonio Almanza, hace unos días, cuando pretendía entregarse a los Estados Unidos.

Y es que, según fuentes cercanas del mismo Almanza, el ex jefe de policía de Rocha Moya estaba decidido a entregarse tras darse cuenta de la hazaña que esperaba concretar la 4T, así lo relató el periodista Carlos Loret de Mola en su última columna.

Según Loret, tras acudir a declarar a la FGR en Sinaloa, Almanza se percató de que el gobierno federal protegería tanto a Rocha Moya, como al senador Inzunza y al alcalde Gámez Mendívil, por lo que pactó su entrega con los estadounidenses, a pesar de esto y ya en el municipio de Tijuana, en donde al otro lado de la frontera ya lo esperaban, recibió una llamada que lo cambió todo. 

Trascendió que su pareja, quien también trabaja en el gobierno estatal, le mencionó que si se entregaba quienes sufrirían las consecuencias serían ella y sus hijos, por lo que no le quedó de otra más que devolverse a México y compartir el video que se vio en días anteriores en redes sociales, en donde mencionó que seguirá en Sinaloa…

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