
Han transcurrido más de 50 días desde que la Secretaría de las Mujeres del Gobierno Federal permanece sin una titular formalmente designada. Esta situación es particularmente desalentadora si se considera que México es gobernado por una mujer y que fue precisamente esta administración la que elevó al antiguo Instituto Nacional de las Mujeres al rango de Secretaría de Estado, acción que fue presentada como un paso histórico para fortalecer la agenda de igualdad, inclusión y derechos de las mujeres.
Sin embargo, la realidad parece alejarse del discurso. Si la creación de esta dependencia buscaba colocar a las mujeres en el centro de la acción gubernamental, resulta difícil comprender por qué una institución de esta relevancia permanece acéfala durante tanto tiempo.
Las mujeres mexicanas necesitamos mucho más que mensajes y declaraciones. Necesitamos instituciones sólidas, con liderazgo, una dirección clara y capacidad de respuesta. En cambio, tenemos una secretaría sin una titular con la fuerza política necesaria para coordinar esfuerzos, impulsar políticas públicas, gestionar recursos y ejecutar una agenda que responda a los desafíos urgentes en materia de seguridad, igualdad de oportunidades y acceso efectivo a derechos.
Morena es más eficaz construyendo narrativas que generando resultados concretos cuando se trata de las mujeres. El discurso de empoderamiento y transformación debe reflejarse en decisiones oportunas, instituciones fortalecidas y acciones capaces de mejorar la vida de millones de mexicanas.
A ello se suma un debate legítimo sobre la desaparición, reducción o reestructuración de diversos programas dirigidos a mujeres durante los últimos años, lo que ha significado la pérdida de apoyos fundamentales para quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad. Lo que sí parece indiscutible es que una Secretaría creada para fortalecer la atención a las mujeres lleva más de 50 días sin una responsable al frente. Y esa ausencia, inevitablemente, envía un mensaje político.
Parece que el Gobierno de la 4T no se da cuenta que la congruencia entre las palabras y los hechos también se mide en las prioridades. Si el fortalecimiento de los derechos de las mujeres es realmente una causa central para Claudia Sheinbaum, la Secretaría de las Mujeres debería contar con una conducción firme, visible y plenamente respaldada. De no ser así, existe el riesgo de que un logro institucional anunciado como histórico termine convirtiéndose en símbolo de la distancia entre el discurso oficial y la realidad.
Mientras tanto, miles de madres continúan buscando a sus hijos e hijas desaparecidos; miles de mujeres siguen enfrentando violencia en sus hogares, en sus centros de trabajo y en los espacios públicos; y demasiadas niñas continúan siendo víctimas de abuso y agresiones que marcan su vida para siempre. Son realidades que exigen atención permanente, liderazgo institucional y decisiones firmes desde el gobierno.
Las mujeres no necesitamos más símbolos. Necesitamos resultados. Necesitamosinstituciones fuertes, políticas públicas efectivas y gobiernos capaces de convertir sus promesas en acciones concretas. Cada día que pasa sin respuestas para las madres buscadoras, para las víctimas de violencia y para las niñas que requieren protección,es un día en el que la política queda por debajo de las necesidades de la sociedad.
Los hechos, más que los discursos, son los que demuestran cuáles son las verdaderas prioridades de un gobierno. Lamentablemente, pareciera que la prioridad no es una estrategia a favor de las mexicanas, pero sí una para defender a Morena cueste lo que cueste.