
Por: Regidora Isela Martínez Díaz
Coordinadora de la Fracción Edilicia del PAN en el H. Ayuntamiento de Chihuahua
Presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana y Sociedad Civil Organizada
Hay ausencias que pasan desapercibidas y hay otras que terminan ocupando más espacio que cualquier presencia.
La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Estadio Azteca debía ser un momento de orgullo nacional, ya que México se convirtió en el primer país en albergar tres inauguraciones mundialistas, un hecho histórico que colocó nuevamente a nuestra nación bajo los reflectores internacionales. Era una oportunidad única para mostrar al mundo la grandeza de México, su capacidad de organización y la fortaleza de sus instituciones.
Sin embargo, la conversación terminó girando alrededor de una ausencia: la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo decidió no asistir al evento más importante que México ha organizado en las últimas décadas. La representación internacional de un país no es un asunto menor, pues no se trata de ocupar una butaca privilegiada ni de aparecer en una fotografía, sino de ejercer una responsabilidad institucional. Los presidentes representan a la nación, particularmente en aquellos momentos en que el mundo entero observa.
La explicación podrá encontrarse en razones políticas, simbólicas o incluso personales. Habrá quien argumente que buscó enviar un mensaje de austeridad o cercanía con los ciudadanos y otros sostendrán que fue una forma de protestar por el elitismo que rodea a eventos de esta naturaleza, pero ninguna explicación modifica el hecho central de que México era el anfitrión y su Jefa de Estado no estuvo presente.
Lamentablemente, esta no es la primera vez que México se queda sin representación al más alto nivel en escenarios internacionales. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se volvió costumbre la ausencia en reuniones multilaterales, cumbres económicas, encuentros diplomáticos y foros internacionales donde históricamente México había tenido una participación activa. El argumento entonces era que la política exterior debía concentrarse en los asuntos internos, que viajar menos era un acto de austeridad o que las prioridades estaban en otro lado y Claudia Sheinbaum ha mantenido, en buena medida, esa misma lógica.
Las ausencias pueden justificarse de muchas maneras. Siempre habrá argumentos políticos para explicarlas. Lo que resulta más difícil es medir el costo de los espacios que se dejan vacíos, porque esta vez era distinto. No se trataba de asistir a una cumbre lejana ni a una reunión de protocolo diplomático; no era una invitación de otro gobierno ni un foro internacional más. Era México el que abría las puertas al mundo, era nuestro país el anfitrión, era el Estadio Azteca, símbolo de nuestra historia deportiva, el que volvía a ocupar el centro de la escena global.
Y los ojos del mundo notaron la ausencia. Mientras mandatarios, dirigentes deportivos, empresarios, representantes diplomáticos y miles de visitantes internacionales se daban cita en la Ciudad de México, la butaca que correspondía a la máxima representante del Estado mexicano permaneció vacía. No hay que olvidar que la política está hecha de decisiones, pero también de símbolos.
Morena ha construido buena parte de su narrativa alrededor de la cercanía con el pueblo y el rechazo a los privilegios del poder. Sin embargo, gobernar exige algo más que enviar mensajes políticos a la base electoral: implica asumir plenamente el papel institucional que corresponde a quien encabeza una nación y una Presidenta no representa únicamente a quienes votaron por ella. Representa a todo un país.
El Mundial pasará. Los partidos terminarán. Los récords caerán y las ceremonias quedarán en la memoria colectiva. Lo que también quedará es una pregunta legítima: ¿Qué mensaje envía un país cuando su máxima autoridad decide ausentarse del evento más importante que organiza ante el mundo?
México hizo historia y el Estadio Azteca volvió a colocarse en el centro del planeta. Millones de personas tuvieron los ojos puestos en nuestro país. Y justamente cuando el mundo miraba hacia México, la butaca de México estaba vacía.