Por: Oscar A. Viramontes Olivas
Todas las ciudades en el mundo cuentan con una diversidad de lugares que las identifican y en muchas ocasiones son puntos de referencia para localizar a ciertas partes de interés o diversos grupos humanos que se relacionan con una determinada creencia, la cual, no se escapa de tener proyectada a nivel nacional y mundial su cultura, su gente, sus símbolos propios y la enorme biodiversidad que la caracteriza. Localmente, cada ciudadano se identifica con algún símbolo en particular de su ciudad, la historia, la ciencia, la economía, la naturaleza, entre muchos otras más. En lo particular, me acuerdo de niño que me encantaba observar lo que estaba a mí alrededor; la ciudad de Chihuahua era tranquila, segura y siempre me preguntaba cuando mis padres me llevaban a los centros comerciales de la calle “Libertad” ¿sí me pierdo, ¿cómo llegó a mí casa? La respuesta inmediata y sin titubear estaba frente a mí. Y no se trataba de buscar al policía de la esquina, sino contemplar a lo lejos un cerro que siempre me impresionó, que con el tiempo descubriría el nombre que la misma historia le había otorgado, sí, se trataba del cerro “El Coronel” que se está cerca de la vivienda donde viví durante la niñez y adolescencia, cuyas faldas daban espacio a varias colonias, como mí querida Obrera, San Rafael, Tiradores, Lealtad 1 y 2, La Roma, Concordia y otras.
Imponente “Centinela” que mirando de frente al territorio árido de una región agreste, de chaparrales y grandes llanuras con dos ríos, el Chuviscar y el Sacramento que lo cruzan por su “espalda”; supo ser testigo de incontables acontecimientos, como aquellas incursiones apaches que asolaron los territorios aledaños de sus “faldas”; del nacimiento de San Francisco de Cuellar en 1709; de la trasformación de San Felipe el Real de Chihuahua en 1718 y de la creación de la ciudad de Chihuahua en 1823. Pero ¿por qué se debe que lleve este nombre de “Coronel”? Fue una de las preguntas que durante años investigué y a muchas gentes también cuestioné al respecto. Después de largo tiempo, encontré la respuesta; la investigué en los textos del padre de la historiografía chihuahuense, sin duda, Francisco R. Almada, que relata que a partir de la “fiebre” por los metales preciosos que era el pan de cada día para muchos españoles que habían llegado a estas tierras norteñas para ocuparlas. A partir de aquí empieza tal vez el inicio de su “bautismo”.
Fue el coronel Juan Felipe de Orozco y Molina, originario de la Villa de Osuna Sevilla que llegó a la inhóspita tierra de la Villa de san Francisco de Cuellar en 1716, un lugar pequeño, pero que iba en crecimiento gracias a la actividad minera en Santa Eulalia de Mérida y la creciente actividad económica. Pasarían los años y llegaba el año de 1718, él, junto con otro español don José Orio y Zubiate, dedicados ambos al trabajo del mineral, emprendieron su pequeña empresa al explorar un cerro que se encontraba al sur oriente de la recién “bautizada” Villa de San Felipe el Real de Chihuahua, un montículo de rocas y suelo, rodeado en su parte norte y este por los ríos Sacramento y Chuviscar. Como era costumbre en esa época, las personas que encontraban alguna beta preciosa en determinado lugar, la denunciaban ante la autoridad correspondiente, registrándola a su nombre. Fue así que a estos dos personajes los relacionaba la población como propietarios del “cerro” y a partir de 1718, los lugareños al referirse a la “mina” situada en dicho lugar, exclamaban: “El cerro del Coronel y Zubiate”, por el coronel Orozco y Molina y don José Orio y Zubiate. Con el transcurrir de los meses, los lugareños bautizaron en definitiva a la enorme “mole” que mira de frente y custodia a la población por los cuatro puntos cardinales. Sí, finalmente se llamó, “El Cerro del Coronel”.
Con una altura aproximada de 300 metros, representa y ha significado un símbolo importante para nuestra ciudad por una serie de referencias que se dicen de esta enorme formación geológica. Plasmado “El Coronel” a partir de 1938 en el escudo de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos y donde en 1941 el Ayuntamiento de Chihuahua lo adopta como propio; de la misma manera, el Gobierno del Estado en 1983. Como todo vigía, “El Coronel”, desde su formación natural, compartía “créditos con el “Santa Rosa” y “El Grande”, que finalmente se vería reflejado en el diseño de León Barrí, con el escudo de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos y hoy los escudos del Estado y del Ayuntamiento de Chihuahua.
“El Coronel” ha sido testigo de innumerables luchas “encarnizadas” por la tierra, la riqueza y el poder; de la construcción y naciente población que enfrentó durante cientos de años a las tribus hostiles, así mismo, varios relatos mencionan que sus “faldas” así como la “cima” servían como campo de batalla. En las “Memorias de Joaquín Terrazas, se hace un relato de difíciles combates y “El Coronel”, como teatro de operaciones: “Volvieron a la carga con los 60 del Escuadrón Chihuahua...la artillería y la caballería enemiga sufrió bajas...los cuales se dirigieron a las “faldas del cerro”...el enemigo se apostó en “El Coronel”, colocó violentamente sus piezas de artillería para el combate...Terrazas llegó con sus carros de artillería a unos 200 metros del cerro, donde se batían contra el enemigo en 1872”.
En el libro “Viajantes por Chihuahua” de Jesús Vargas Valdés, menciona al “Coronel” como parte del paisaje natural de la zona y como los extranjeros que cruzaron la ciudad de Chihuahua lo plasmaban en sus escritos durante el siglo XIX. Otros acontecimientos donde el “Coronel” también formó parte protagónica, fueron: la conquista española; la formación de la provincia de la Nueva Vizcaya; la lucha de Independencia y de Reforma; el porfiriato; la Revolución Mexicana, donde en varias ocasiones fueron tomadas sus faldas por la artillería federal, así como por los mismos rebeldes del Chihuahua de la “Reconstrucción y el Modernismo”, entre muchos eventos más, que están plasmados en una gran cantidad de libros. Algunas de las definiciones que el mismo Francisco R. Almada, hace sobre el significado de la palabra “Chihuahua”, dan respuestas como: “Lugar seco y arenoso”, “Dos aguas”, “Lugar de costaleros”, “Piedra Agujerada”, entre otros. En relación a éste ultimo, “Piedra Agujerada”, se refiere a un “puente” de piedra que tiene “El Coronel” por una de sus orillas superiores que “mira hacia el sur y que se observa claramente desde donde se encuentra el monumento a Benito Juárez por la avenida Juárez y Colón.
Finalmente, en la vida contemporánea del Chihuahua que crece, al “Coronel” también ha sido punto estratégico para grupos políticos, tal fue el caso del Partido Revolucionario Institucional que durante años lo utilizó de “escaparate publicitario”, para plasmar sus leyendas políticas en la “cara frontal”; leyendas como “G. Díaz Ordaz”, “Arriba y Adelante”, “1972 Año de Juárez” “Luis Echeverría A.” “250 Años” y para otros grupos, no políticos, sino religiosos les sirvió para transmitir sus mensajes, como el de “La Biblia es la Verdad, Léela”, “los 43” y algunos otros que han deformado su aspecto natural. A partir de mediados de la década de los 70’s (siglo XX), el “Coronel” empezó a ser amenazado. Fue una mañana, cuando salí a verlo, había movimiento y el ruido de las máquinas retumbaba con el “eco” hacia mis oídos; manos “asesinas” empezaron a “triturar” sus faldas utilizando la tecnología pesada, los inconcientes estrían allanando el camino para la venta de terrenos, sin ninguna autorización municipal o más bien al amparo de la misma, en términos “rancheros”, la corrupción de la misma ante la complacencia de los vendedores de lotes, empezaban la destrucción masiva de parte de su aspecto frontal.
De ahí y con el tiempo, se dejó expuesto a la influencia de la naturaleza, las lluvias y el viento empezaron a realizar su trabajo dejando un paisaje erosionado y degradado, su cuerpo poco a poco estaría siendo lastimado. Su frente, se combinaba con las enormes cárcavas que se formaban ante la erosión provocada y acelerada por el hombre. “El Coronel” había sufrido un atentado. Pero Nadie dijo nada, tal vez otros sintieron igual que yo que nuestro cerro estaba siendo mutilado. Lloré por la infamia que se había cometido, no daba crédito a esa “laceración”.
Así quedó por muchos años, con sus heridas expuestas al medio ambiente, poco a poco se iban cerrando, pero no como estaban, era una cirugía que dejaba hondas y deformes cicatrices. Pero años pasaron y el entonces alcalde Gustavo Ramos Becerra, autorizaría la instalación de las antenas de las televisoras TV Azteca y Televisa que gracias a un contrato millonario permitiría la infamia. Para tapar el “sol con un dedo”, se nos dijo que el lugar se convertiría en una zona turística y de paseo. Fue así que después de décadas, nuevamente el “Coronel” empezó a sentir en sus entrañas la explosión de los barrenos y el movimiento de la maquinaria que iniciaban con una cirugía mayor. La construcción de un camino por la parte frontal que nos dejaría a muchos atónitos. La población de Chihuahua levantó la voz, pero nadie les hizo caso. El “Coronel”, quedaría mutilado nuevamente. ¡Qué desgracia!, nos dejaron herido al “Centinela de Chihuahua”.
“El Cerro Coronel, mudo centinela de Chihuahua” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111). Si usted está interesado en los libros, mande un whatsaap al 614 148 85 03 y con gusto le brindamos información.
Referencias
Diccionario de Chihuahua. Francisco R. Almada, 1986; Breve Historia de Chihuahua, Luis Aboites Aguilar, 1994 y Fotos-Fototeca-INAH-Chihuahua.