Mariana Treviño, la estrella de "Club de Cuervos", se unió a "La casa de las flores"

La actriz mexicana, famosa por la serie Club de Cuervos, se unió al elencó de La casa de las flores.

La producción de Netflix, creada por Manolo Caro, reinició su rodaje en la Ciudad de México.

Hace algunos días se supo que la segunda temporada de la historia comenzó a grabarse en España y ahora la producción retomó sus actividades en la capital mexicana.

Netflix difundió un comunicado y una imagen en donde Mariana Treviño posó junto a Manolo Caro.

"Siempre será un placer trabajar con Manolo, a quien adoro y admiro. Me encantará ser parte de ese universo hiperkinético y genial. Siempre juntos y en complicidad", declaró Mariana Treviño, quien saltó a la fama gracias a su papel de Isabel Iglesias en Club de Cuervos.

Mariana Treviño dará vida en la serie a Jenny Quetzal, una mujer que imparte "cursos" que pueden cambiar la vida a cualquiera que se cruce en su camino.

"Regresar a filmar La casa de las flores en México me llena de emoción, nos enfrentamos a una temporada más hilarante y atrevida. Tener a Mariana Treviño en el elenco es para mi la analogía perfecta, el regreso a casa, a trabajar con mi familia profesional", explicó Manolo Caro.

María León, Eduardo Rosa, Loreto Peralta (la protagonista de No se aceptan devoluciones), Flavio Medina, Anabel Ferreira y Eduardo Casanova (en una participación especial) se integrarán a la segunda temporada de la famosa serie de Netflix.

En los nuevos capítulos, la familia De la Mora deberá trabajar duro para recuperar su legado.

Cecilia Suárez (Paulina de la Mora), Aislinn Derbez (Elena de la Mora), Darío Yazbek (Julián de la Mora), Arturo Ríos (Ernesto de la Mora), Juan Pablo Medina (Diego), Luis de la Rosa (Bruno) y Paco León (María José) conforman el elenco de la serie.

Quien no pudo arreglarse para formar parte de la nueva temporada fue la actriz Verónica Castro.

La primera temporada de La Casa de las flores se convirtió en una de las producciones más populares de Netflix en México.

La manera de hablar de Paulina de la Mora, con un ritmo extremadamente pausado, generó cientos de imitaciones en redes sociales gracias al #Paulinadelamorachallenge.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

Tips al momento

Entre la placa y la copa: cuando la autoridad olvida el uniforme

La información que continúa surgiendo sobre el zafarrancho ocurrido al exterior del bar La 4 vuelve a colocar sobre la mesa un tema que incomoda, pero que no puede ignorarse: el actuar de servidores públicos encargados de la seguridad que, lejos de conducirse con responsabilidad, terminan involucrados en hechos de violencia mientras se encontraban en un entorno de consumo de alcohol.

De acuerdo con los datos que han trascendido, una mujer identificada como Karen resultó lesionada por proyectil de arma de fuego, en un incidente donde fue detenido César, señalado como instructor de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, a quien se atribuyen las detonaciones. Además, se ha mencionado que la propia lesionada estaría adscrita al área de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía y que también portaba un arma.

Más allá de lo que determinen las investigaciones, el caso exhibe una problemática recurrente: la aparente normalización de que elementos con responsabilidades sensibles frecuenten establecimientos nocturnos portando armas de cargo. No se trata de cuestionar la vida personal de los funcionarios, sino de subrayar la enorme responsabilidad que implica portar un arma bajo el respaldo del Estado.

El uniforme aunque no siempre sea visible representa una investidura permanente. La capacitación, el rango o la pertenencia a áreas estratégicas no son distintivos menores; son una encomienda que exige disciplina incluso fuera del horario laboral. El consumo de alcohol y el manejo de armas es una combinación que, por sí misma, debería encender alertas institucionales.

Este tipo de episodios golpea directamente la confianza ciudadana. 

La percepción pública se deteriora cuando quienes tienen la tarea de proteger terminan protagonizando situaciones de riesgo. 

La exigencia social no es extraordinaria: protocolos claros, supervisión efectiva y consecuencias cuando estos se incumplen.

Si las instituciones buscan credibilidad, deben asumir que la transparencia no es opcional. La sociedad espera investigaciones imparciales, deslinde de responsabilidades y, sobre todo, medidas que eviten que hechos similares se repitan.

Porque cuando la autoridad se involucra en actos que ponen en peligro a terceros, el problema deja de ser individual y se convierte en institucional. Y ahí, el silencio o la tibieza no son opciones.

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