LO QUE GUARDAMOS LAS MUJERES.

Colaboración especial / Estela Valles Baeza
estela.valles.fv@gmail.com

En estos días de trabajo dedicado a las mujeres me ha tocado vivir y conocer muchos de los problemas que nosotras vivimos pero que guardamos silencio por miedo al qué dirán los demás. 

¿Cuántas no hemos caído en el tema de justificar y tratar de comprender muchas de las actitudes de las personas que están con nosotros? Y todo eso lo hacemos por el miedo de no quedarnos solas. Es difícil reconocer cuando la persona que tanto querías te hace daño. Un daño que no solamente es físico, puede ser emocional o psicológico. El daño se puede presentar en un rechazo, un mal mensajito no bien entendido o simplemente en la frialdad al no decir nada. ¿Pero qué pasa cuando esta situación involucra a terceras personas como tu familia? ¿Qué hace la mujer para salir adelante? Algunas guardan silencio y tratan de salir adelante sin acudir a terapia, otras tienen el valor de reconocer su problema y acuden por ayuda. Pero tristemente muchas no pueden salir de ahí y se quedan, esperando día tras días que él cambie o llenan su cabeza de recuerdos de lo bonito que pasaron juntos omitiendo la realidad.

Todos merecemos ser felices y nos esforzamos cada día por salir adelante. Hay quienes decidimos por el cariño, el amor y es por eso que en muchas ocasiones nos volvemos vulnerables. Guardamos muchas cosas que luego lloramos en silencio, porque a pesar de eso el sentimiento de nobleza sale a flote y es el que nos motiva a salir adelante.

Hay también quienes decidimos dar vida y amor, pero también elegimos luchar para triunfar y ser unas guerreras.

Mujeres: no guarden lo que sienten, no justifiquen lo que dentro de su corazón les duele; miren a la ventana y observen que hay un nuevo mañana. Vean que la persona que estuvo enseguida de nosotras puede irse o quedarse, pero si se queda, se queda con las nuevas reglas. Y si se va, no dejaremos de respirar. A este mundo no venimos a comer migajas, podemos y debemos salir adelante...

Karen Mora 

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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