Manual breve para despedir un año sin hacerse trampa

Entre sorbos y suspiros
Jéssica Valdez

Queridos y queridas:

Ha llegado la fecha. Sí, esa fecha donde decimos que se nos fue el año. Una frase sencilla, casi automática, para explicar que este 2025 ya está empacando maletas.

Y no es cualquier cosa. Porque el cierre de un año, más que calendario, es creencia. Es ese impulso casi infantil —pero profundamente humano— de pensar que podemos resetearnos, como si el alma tuviera botón de reinicio.

El año nuevo es un amanecer. Pero no uno cualquiera.

Es como el amanecer de Punta Sur, en Isla Mujeres, donde los primeros rayos del sol tocan a México. Un amanecer que no grita ni promete, pero que cobija. Que abriga. Que abraza. Y que, sin decir nada, nos permite creer que todo es posible otra vez.

Que lo que hicimos mal —o lo que no hicimos pensando— no es una condena eterna, sino una invitación a replantearnos. Algo así como borrón y cuenta nueva.

Es como si la energía suprema en la que cada quien cree nos dijera: ok, ya. Ven, inténtalo de nuevo. Como si nos disculpara los atropellos del 2025 y nos entregará una moneda limpia para comenzar un nuevo cuento.

Yo deseo que este 2026 sea abundante para ustedes.

Y ojo: aquí no vamos a hablar de abundancia cliché, porque aquí no hay cosas típicas.

Que sea abundante el trabajo —y sí, bien remunerado—.

Que sea abundante el amor, del que da paz.

Que sea abundante la salud, la física y la emocional.

Que sea abundante la creatividad.

Que sea abundante de buenos corazones alrededor.

Que sea abundante la mesa del hogar.

Que sea abundante en los proyectos de nuestros hijos.

Que sea abundante de claridad, en las palabras y en las acciones.

Que sea abundante en nuestras propias metas.

Por eso, antes de abrazar al 2026, hay que despedir bien al 2025. Y ahí entran los rituales. No como superstición barata, sino como actos simbólicos: pequeños acuerdos con la esperanza.

Aquí van algunos. Con historia, con sentido… y con un poco de humor, porque también hay que reírnos de nosotros mismos.

***

El papel que se quema (o se entierra)

Viene de rituales antiguos de purificación: celtas, andinos, gente que entendía que cerrar ciclos no era drama, era sabiduría.

Escribes en un papel lo que ya no quieres cargar: culpas, miedos, relaciones que ya caducaron, versiones tuyas que ya no te quedan. Luego lo quemas (si eres intensa) o lo entierras en una maceta (si eres más zen).

Aquí no se trata de desaparecer el pasado, sino de dejar de arrastrarlo.

***

El objeto guardián

Antes los amuletos no se compraban, se elegían.

Puede ser una piedra, un anillo, una semilla. Algo pequeño. Lo tomas, le asignas una intención clara y lo guardas contigo.

No es magia: es memoria. Es recordarte quién decidiste ser este año.

***

El primer gesto del año

Esto viene de rituales japoneses: el primer acto marca el tono.

Abraza, ora, escribe, ríe, respira profundo. Pero decide. No empieces el año en automático.

Porque el año no se recibe: se elige.

***

Barrer hacia afuera

Ritual chino y muy latino.

El 31 se barre de adentro hacia afuera. El 1 de enero no se toca la escoba.

Porque una cosa es sacar lo que ya no sirve y otra muy distinta es barrer lo bueno.

***

Comer algo redondo

Las culturas mediterráneas creían que lo circular protege.

Pan, uvas, una moneda de chocolate, una naranja.

Que el año tenga ciclos, sí. Pero no rupturas.

***

Un minuto de silencio

Antes del brindis o después de las uvas.

Un minuto para agradecer lo vivido. Incluso lo que dolió.

Porque no todo lo que duele fue inútil.

***

Nombrar el año

Ponle nombre al 2026.

El año de la calma.
El año del orden.
El año de volver a mí.

Cuando nombras, diriges.

***

Y ahora, lo personal.

Yo hago pocos rituales, pero los hago con convicción.
Las uvas no pueden faltar, aunque me atragante en el intento y siempre haya una que se me atraviese. Pongo las maletas en la puerta de la entrada, porque no quiero dejar de viajar nunca —ni por fuera ni por dentro—. Y siempre, siempre hago oración.

Agradezco todo. Lo blanco y lo negro. Lo que dolió y lo que salvó. Porque todo eso, sin excepción, me ha hecho ser quien soy.

Y es que sí: los rituales forman parte de nuestras tradiciones. Nos dan sentido, nos anclan, nos recuerdan que no estamos improvisando del todo. Pero tampoco nos engañemos: nada en la vida es completamente azaroso.

Y sí… hagamos rituales.
Con uvas, lentejas, velas, calzones estratégicamente cromáticos y esa fe que solemos desempolvar en fechas importantes. Porque la tradición también es juego, memoria y un discreto coqueteo con el destino.


Pero no nos confundamos.

La vida no es azarosa.

Ya me lo dijo Armando —y no falla—: si parece pato, hace como pato y camina como pato… no es señal del universo, es un pato.

Así que menos simbolismo improvisado y más comprensión básica de la realidad.

Pongámonos serios… sin perder el encanto.

Planifiquemos. Enfoquémonos. Dejemos de pedirle al universo cosas que ni siquiera estamos dispuestos a trabajar o a sostener. Porque la manifestación sin acción es solo pensamiento positivo con pereza.

Creer en rituales no está peleado con la claridad. La fe tampoco está peleada con la responsabilidad.

Y como lo he dicho antes —y lo sostengo—, a veces hasta el árbol genealógico se poda.

Ahora imagínense lo que podemos hacer con nuestros círculos afectivos.

No por desprecio, no por rencor, no por drama… sino por salud.

Porque querer bonito también implica saber cortar.

Que todo lo que sume, llegue.

Que todo lo que estanque, no se arrastre.

Que las amistades de esas que no te sueltan se queden bien enraizadas.

Y que las nuevas, si llegan, sean un remanso. Un lugar donde descansar, no donde defenderse.

Así que sí: hagamos rituales, pongamos intención, prendamos velas, comamos uvas, riámonos cuando se nos caen las lentejas.

Pero al día siguiente… actuemos.

Pongámosle ímpetu a la vida.

Con humor fino, criterio propio y una irreverencia bien educada.

Porque la vida —aunque a veces se crea trascendental— es breve y no admite ensayos infinitos.

Y ya que estamos aquí…

vivámosla despiertos, ligeros, un poquito insolentes

y profundamente vivos.

Que este año 2026 no te pase… que lo habites.

Tips al momento

Se reúnen Álvaro Bustillos y Julian LeBarón 

En el transcurso de este viernes, el presidente de la UGRCH Álvaro Bustillos compartió en sus redes la reunión que tuvo con el activista Julián LeBarón, quien en días anteriores se destapó para contender por la gubernatura en el 2027.

“Me reuní con Julián LeBarón, con quien me une una amistad sólida que trasciende lo personal y se sostiene en coincidencias de fondo sobre el rumbo que debe tomar Chihuahua.

Somos de la misma región y compartimos una preocupación genuina: que a Chihuahua le vaya bien. Coincidimos en que hoy más que nunca se requiere poner en el centro a nuestra gente, al campo y a las comunidades que históricamente han sostenido el desarrollo del estado, pero que siguen enfrentando rezagos y abandono.

Este encuentro no es casual. Es parte de una conversación más amplia sobre la necesidad de construir una agenda común que atienda temas de interés como la seguridad, desarrollo regional y fortalecimiento del sector productivo.

Chihuahua necesita unidad, visión y trabajo conjunto. Y en ese camino, sumar voces con convicción y compromiso no solo es necesario, es urgente.”, posteó Bustillos en Facebook.

Por cierto, esto se da horas antes de que el presidente Bustillos visite los Estados Unidos para reunirse con la National Cattlemen's Beef Association y la American Farm Bureau, así como con integrantes de la Border Trade Alliance, para exponer las acciones que se han realizado en coordinación con organismos y asesores del sector ganadero.


Se unen estado, municipio y federación en feria "Por la Paz" en la capital 

Este sábado 21 de marzo, los tres niveles de gobierno, federal, estatal y municipal, encabezan las Ferias Por la Paz, en donde habrá módulos de trámites, incluyendo programas del Bienestar, Becas Estatales como la de discapacidad mínimo de 4 mil pesos, descuentos en servicios, ofertas educativas y exposiciones. 

El evento al que se convoca se desarrollará a las 9 de la mañana en la colonia 11 de febrero, cercano al puente de Pemex al sur de la ciudad.

Es de llamar la atención de la coordinación de los tres niveles de gobierno en estas ferias de la salud, en donde además se contará con exposiciones de K9 y militares.

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