Tres muertos en ataques de Estados Unidos contra embarcaciones que presuntamente transportaban drogas

El ejército estadounidense anunció el miércoles que tres personas murieron en ataques contra tres embarcaciones presuntamente dedicadas al narcotráfico en aguas internacionales, lo que eleva a al menos 110 el número de fallecidos en una ofensiva que, según Washington, combate el trasiego de narcóticos.

El Comando Sur de Estados Unidos, responsable de las fuerzas estadounidenses que operan en Centroamérica y Sudamérica, dijo que los ataques llevados a cabo el martes tenían como objetivo "tres embarcaciones de narcotráfico que viajaban en convoy", sin aportar pruebas.

 

Las tres personas muertas iban en una misma embarcación.

La ubicación exacta de los ataques no se aclaró de inmediato. Ataques previos se han producido en el Caribe o en el Pacífico oriental.

El ejército dijo que las embarcaciones atacadas eran operadas por "Organizaciones Terroristas Designadas" a las que no identificó.

Junto al comunicado oficial, publicado en la red X, un video mostraba tres botes que navegaban juntos en el mar y luego una serie de explosiones los impactaban.

"Tres narcoterroristas a bordo de la primera embarcación fueron abatidos en el primer enfrentamiento. Los narcoterroristas restantes abandonaron las otras dos embarcaciones, saltando por la borda y alejándose antes de que enfrentamientos posteriores hundieran sus respectivas embarcaciones", indicó.

El ejército dijo que había notificado a la Guardia Costera para "activar el sistema de Búsqueda y Rescate", sin ofrecer más detalles sobre el destino de quienes iban a bordo de los otros botes.

Desde septiembre, el ejército estadounidense ha llevado a cabo más de 30 ataques de este tipo contra lo que asevera son botes usados para contrabandear drogas a Estados Unidos, sin aportar ninguna evidencia concreta de que las embarcaciones atacadas estén involucradas en el tráfico.

Expertos en derecho internacional y grupos de derechos humanos dicen que los ataques probablemente equivalen a "ejecuciones extrajudiciales", pues aparentemente han tenido como objetivo a civiles que no representan una amenaza inmediata para Estados Unidos.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos instó en particular a las autoridades estadounidenses a investigar la legalidad de estos ataques, al señalar "sólidos indicios" de "ejecuciones extrajudiciales".

En los últimos meses, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha emprendido una campaña de presión contra el mandatario izquierdista de Venezuela, Nicolás Maduro, al que acusa de dirigir un cartel de drogas.

Maduro lo niega y acusa a Washington de buscar un cambio de régimen para apropiarse de las enormes reservas de petróleo del país sudamericano.

 

 

Con información de: El economista.

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La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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