Arranca 2026 con cuatro ejecuciones en menos de 12 horas en la ciudad de Chihuahua

El año 2026 inició con una escalada de violencia en la ciudad de Chihuahua, luego de que cuatro personas fueran ejecutadas en distintos hechos en un lapso menor a 12 horas, durante este 1 de enero.

El primer hecho violento se registró alrededor de la 1:30 de la madrugada en la colonia Punta Oriente, donde se reportó a un hombre sin vida tras un ataque armado.

Minutos después, en la colonia Chulavista, autoridades localizaron a otro hombre con múltiples impactos de bala, cuyo cuerpo se encontraba tirado sobre la banqueta.

Posteriormente, en la colonia Santa Rosa, fue localizado el cuerpo de un hombre sin vida, el cual se encontraba maniatado y presentaba visibles huellas de violencia, por lo que el sitio fue asegurado por las corporaciones policiacas.

Finalmente, durante la mañana de este mismo jueves, se reportó el hallazgo de un hombre ejecutado al interior de un vehículo Chevrolet Beat, con múltiples impactos de arma de fuego.

La víctima tenía en una de sus manos un cigarro de marihuana, de acuerdo con los primeros reportes.

En todos los casos se registró una fuerte movilización de elementos de las distintas corporaciones de seguridad, quienes acordonaron las zonas para preservar las escenas.

Personal de la Fiscalía General del Estado se hizo cargo de las investigaciones correspondientes y del levantamiento de los cuerpos.

Hasta el momento, ninguna de las víctimas ha sido identificada oficialmente, ni se cuenta con personas detenidas relacionadas con estos hechos, que marcan de manera lamentable el inicio del año 2026 en la capital del estado.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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