El CES 2026 tendrá un enfoque especial en la manufactura

El CES 2026, la mayor conferencia global de tecnología de consumo, quiere contar otra historia este año, la de la fábrica. La Consumer Technology Association (CTA), organizadora del evento, anunció que la edición que se realizará del 6 al 9 de enero de 2026, en Las Vegas, pondrá el reflector sobre la manufactura de nueva generación, con una agenda que cruza automatización, robótica, software industrial, materiales, abastecimiento y el papel de la inteligencia artificial (IA) en la producción.

El giro es relevante porque el CES suele asociarse con dispositivos (gadgets) y lanzamientos para consumidores, pero la CTA plantea que la conversación tecnológica se está moviendo “del producto” hacia cómo se diseña, se construye y se entrega ese producto.

 

“La manufactura se está transformando rápido y el CES 2026 mostrará lo que se necesita para construir la próxima era industrial”, dijo Gary Shapiro, CEO y vicepresidente de CTA, de acuerdo con un comunicado de la asociación.

Un escaparate industrial dentro del CES

En el piso de exhibición, la CTA anticipa que la manufactura conectada aparecerá de forma transversal en el Las Vegas Convention Center (LVCC), repartida entre Central, North y South Halls.

 

Uno de los anclajes será el Advanced Manufacturing Showcase, producido por CTA y SME, ubicado en el Central Hall (booth #15425), con énfasis en automatización, materiales avanzados y software industrial, además de un grupo de exhibidores para “descubrir la tecnología que está transformando la producción”.

La CTA advierte que el South Hall concentrará el ecosistema global de diseño, abastecimiento y producción, con demostraciones para llevar ideas a productos listos para el mercado; mientras el North Hall se orientará a robótica industrial, software de simulación y sistemas con IA para productividad, seguridad y desempeño de la cadena de suministro.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

Tips al momento

La carretera donde manda el miedo

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día. 

Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.

Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche. 

El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.

Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante. 

Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.

Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono. 

¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?

Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven. 

A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.

Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.

Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

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