
A ti ciudadano.
El régimen de Porfirio Díaz estuvo salpicado de increíbles contrastes. El rozagante desarrollo económico e industrial que implementó en México, a finales del siglo XIX e inicios del XX, fue a costa de los más desfavorecidos, así como de los campesinos y pueblos originarios. Muchos empresarios se vieron favorecidos por el general: de la noche a la mañana se volvieron millonarios. Uno de ellos fue Íñigo Noriega. Asturiano de nacimiento, con su fortuna financió políticos y golpes militares.
Íñigo Noriega Lasso nació en Colombres, un poblado de Asturias, España, el 21 de mayo de 1853. Con 13 años de edad emigró a México junto a su tío, buscando de fortuna. Asentado en la Ciudad de México, el español se desempeñó como cantinero, comerciante, vendedor de tabaco, entre otros oficios. Gracias a ello conoció al general Porfirio Díaz, lo que fue un auténtico golpe de suerte. Y es que tiempo después, el héroe de la batalla de La Carbonera no solo fue presidente de la República, sino dictador de la misma entre 1876 y 1910.
Gracias a esta amistad, se le concedió el derecho de desecar y explotar el lago de Chalco. Fue así que el asturiano amasó una inmensa fortuna que lo haría el gran millonario de México en el porfiriato. Pronto se convirtió en el dueño de múltiples haciendas, minas, ingenios azucareros y líneas de ferrocarril, las cuales además unían sus propiedades. Inclusive llegó a tener fuerzas armadas privadas. Pero detrás de dicha riqueza monetaria estaba la explotación y el despojo. Había arrebatado a los pueblos de Chalco, Tláhuac y Xochimilco sus tierras comunales así como del agua, aprovechando las ambigüedades de la Ley Lerdo.
Durante la campaña electoral de la elección presidencial del año de 1910, financió con su fortuna al general Bernardo Reyes, otro de sus grandes amigos. Esto disgustó bastante al Partido Antirreeleccionista y a su candidato, Francisco I. Madero. No obstante, el estallido de la Revolución Mexicana no solo expulsó de la presidencia y del país a Porfirio Díaz, sino supuso también el inicio de la caída de Noriega. Tierras y propiedades suyas fueron atacadas y devueltas a los pueblos de Chalco, Tláhuac y Xochimilco, gracias a Emiliano Zapata y el Ejército Libertador del Sur.
La antipatía que ya sentía el empresario asturiano hacia Madero solo aumentó ante su incapacidad para derrotar a Zapata y sus huestes. Por ello, no dudó en financiar la rebelión que preparaban los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón, así como el golpe militar de Victoriano Huerta en febrero de 1913, el cual se consumó con el asesinato del Apóstol de la Democracia. Por aquellas fechas, tuvo que enfrentar una terrible situación: el asesinato de su hija Eulalia a manos de su otro hijo, Íñigo, quien posteriormente se suicidó. Diversos periódicos de la época insinuaron un supuesto incesto. A pesar de ello, el español puso su fortuna para sostener al régimen del infausto general Huerta hasta su caída, en el año de 1914.
Finalmente, la fortuna del millonario Íñigo Noriega acabó tras el triunfo del constitucionalismo. Entre 1914 y 1917, todas sus propiedades en el Valle de México fueron devueltas a sus propietarios originales, las comunidades de Chalco, Tláhuac y Xochimilco. El español se refugió en Texas, Estados Unidos. Hacia 1920 regresó a la República Mexicana, donde fallecería aquél mismo año.
En su natal Colombres es recordado como un hijo notable de aquél pueblo asturiano. Para ellos fue un auténtico filántropo. La biblioteca local lleva su nombre ya que donó mucho dinero al sitio. Por si fuera poco, allí ordenó la construcción de un palacio ya que pretendía regresar a su tierra, el cual es actualmente sede de la Fundación del Archivo de Indianos. No obstante, en México la situación es completamente opuesta. Todavía en la actualidad, los pueblos a los que arrebató sus tierras y agua lo rememoran con indignación en la tradición oral. Aquí fue el gran hacedor de injusticias a las cuales Emiliano Zapata y la Revolución dieron fin.
Y así fue como ,con su inconmensurable fortuna, Íñigo Noriega financió el golpe militar contra Francisco I. Madero. Acabaría sus días pagando esta acción.
Por, Víctor Hugo Estala Banda.