En el corazón del desierto chihuahuense, donde el sol y el calor forman parte del paisaje cotidiano, se está gestando una revolución científica silenciosa con impacto global. En el Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), investigadores locales trabajan en una estrategia innovadora para enfrentar uno de los mayores retos de nuestro tiempo: producir energía limpia mientras se reduce la contaminación que calienta el planeta.
Lejos de imágenes futuristas o tecnologías inalcanzables, la solución que se está desarrollando en Chihuahua parte de algo sorprendentemente simple: rocas comunes. Minerales abundantes, económicos y disponibles en México están siendo transformados en materiales de alta tecnología capaces de capturar dióxido de carbono (CO2), uno de los principales responsables del cambio climático.
Para entender la relevancia de este trabajo, es necesario hablar del hidrógeno, frecuentemente llamado el combustible del futuro. Cuando se utiliza como fuente de energía, el hidrógeno sólo produce agua como subproducto, lo que lo convierte en una alternativa atractiva frente a los combustibles fósiles. Sin embargo, existe una contradicción clave: hoy en día, la mayor parte del hidrógeno se produce a partir de gas natural mediante procesos que liberan grandes cantidades de CO2.
Resolver este dilema es precisamente el objetivo del equipo del CIMAV, que trabaja en una tecnología conocida como Reformado Mejorado por Sorción (Sorption-Enhanced Reforming, SER). Este proceso permite generar hidrógeno mientras, de manera simultánea, se captura el CO2 antes de que llegue a la atmósfera. Es una estrategia doble: producir energía limpia y evitar emisiones contaminantes en el mismo paso.
El elemento central de esta tecnología es un material llamado sorbente, una especie de esponja química capaz de absorber CO2 a temperaturas extremadamente altas. Aunque existen sorbentes sintéticos, suelen ser costosos, complejos de fabricar y poco sostenibles. Por ello, los científicos del CIMAV decidieron mirar hacia una alternativa natural: la dolomita, un mineral compuesto por carbonatos de calcio y magnesio, abundante en el territorio mexicano.
La dolomita tiene una afinidad natural por el CO2 cuando se activa a temperaturas cercanas a los 900 °C, lo que la convierte en una candidata ideal. Sin embargo, también presenta una debilidad importante: es frágil. Después de varios ciclos de calentamiento y enfriamiento, el material tiende a sinterizarse, es decir, a compactarse y perder sus poros. Como una esponja que se endurece con el uso, la dolomita natural pierde rápidamente su capacidad de captura.
Aquí es donde entra la innovación desarrollada en Chihuahua. El equipo del CIMAV, encabezado por investigadores como los doctores Alejandro López Ortiz y Virginia Collins-Martínez, encontraron una forma de fortalecer esta roca común. Al incorporar una pequeña cantidad de estroncio (Sr), lograron crear una versión modificada del mineral mucho más resistente al calor extremo.
El estroncio actúa como un refuerzo estructural a nivel atómico. Se integra en la red cristalina del material y evita que los poros colapsen, incluso después de múltiples ciclos de uso. En pruebas de laboratorio, esta dolomita modificada ha demostrado ser capaz de absorber hasta casi la mitad de su propio peso en CO2 y repetir el proceso numerosas veces con una pérdida mínima de eficiencia. Mientras la dolomita natural puede perder hasta el 50 % de su capacidad tras pocos ciclos, la versión desarrollada en el CIMAV apenas pierde entre 5 y 7 %.
Tan importante como el material en sí es la forma en que se produce. En lugar de recurrir a procesos tradicionales de “química húmeda”, que consumen grandes volúmenes de agua y solventes, los investigadores utilizan un método más limpio y eficiente: molienda mecánica en seco. El proceso puede imaginarse como una licuadora industrial de alta energía, donde la dolomita y las sales de estroncio se mezclan mediante impactos mecánicos intensos, sin utilizar una sola gota de agua.
Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental del proceso, sino que también mejora las propiedades del material, haciéndolo más reactivo y adecuado para aplicaciones industriales. A esto se suma un pretratamiento térmico en atmósfera inerte que genera “vacancias de oxígeno”, pequeñas imperfecciones en la estructura del mineral que aumentan aún más su capacidad para atrapar CO2 de forma eficiente.
El alcance de esta investigación va más allá del laboratorio. Representa una oportunidad estratégica para México: aprovechar recursos locales, reducir la dependencia de tecnologías importadas y posicionar a Chihuahua como un referente internacional en innovación científica y energética. También demuestra que la transición hacia un futuro más limpio no siempre requiere materiales exóticos o soluciones inaccesibles; en muchos casos, la respuesta está literalmente bajo nuestros pies.
Desde una cantera hasta un reactor químico de alta tecnología, el recorrido de la dolomita en el CIMAV es una muestra clara de cómo el conocimiento, el ingenio y la ciencia desarrollada en México pueden contribuir de manera concreta a la lucha contra el cambio climático. En el desierto de Chihuahua, las rocas comunes están comenzando a escribir una nueva historia para la energía del futuro.
Por: Alejandro López Ortiz.