
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
El Cine Alejandría formó parte de una etapa clave en la vida social y cultural de la ciudad de Chihuahua, particularmente en la Colonia Industrial, un barrio que surgió como resultado de los procesos de modernización urbana e industrial, que marcaron a la capital del Estado durante las primeras décadas del siglo XX. En aquellos años, Chihuahua experimentaba un crecimiento sostenido, impulsado por el ferrocarril, la actividad comercial, la incipiente industria, y la consolidación de una clase media urbana que, demandaba nuevos espacios de convivencia, recreación y expresión cultural. En ese contexto, los cines dejaron de ser simples curiosidades técnicas, para convertirse en verdaderos centros de reunión comunitaria, símbolos de progreso y ventanas al mundo moderno.
La Colonia Industrial, se configuró como un espacio habitado principalmente por trabajadores, comerciantes y pequeños empresarios, vinculados a fábricas, talleres y servicios que rodeaban la zona. No era un barrio marginal, sino un sector en expansión que, aspiraba a equipararse con otras zonas de la ciudad en términos de infraestructura y vida social. Sin embargo, la llegada de un cine a este entorno no fue un hecho aislado ni fortuito, sino el resultado de una visión empresarial y cultural, que entendía al espectáculo cinematográfico, como un motor de cohesión social y como un negocio con amplias posibilidades de crecimiento. El Cine Alejandría, cuyo nombre evocaba una clara aspiración de grandeza y refinamiento cultural, posiblemente inspirado en la célebre “Biblioteca de Alejandría”, o en la tradición clásica asociada al conocimiento y al arte, se erigió como uno de los primeros espacios formales dedicados exclusivamente a la proyección cinematográfica en esa zona de la ciudad. Su construcción se sitúa, de acuerdo con diversas referencias orales y registros indirectos, entre las décadas de 1910 y 1920, periodo en el que el cine mudo alcanzaba su madurez y comenzaba a consolidarse como una industria cultural de masas en México.
Pero algunos archivos históricos, señalan que es posible que el Cine Alejandría, haya sido inaugurado en 1921, donde Chihuahua era una ciudad que todavía se sacudía el polvo de la Revolución y olía a aire impregnado de leña quemada, a tierra seca y, en cierto sector al norte de la ciudad, predomina un olor inconfundible, la grasa pesada de las locomotoras, y el humo del carbón donde la Colonia o el barrio de la Industrial, asentamiento vibrante, ruidoso y trabajador, pero sumido, noche tras noche, en una oscuridad casi absoluta. En aquellos tiempos, cuando el sol se ocultaba detrás de los cerros de la sierra de Nombre de Dios, la vida social de la Industrial prácticamente terminaba; las lámparas de aceite, y las velas, parpadeaban tímidamente a través de las ventanas de las casas de madera y adobe. La electricidad, era un lujo reservado para el centro de la ciudad, para los aristócratas y los comercios de abolengo. La Industrial, hogar de los valientes ferrocarrileros y obreros, vivía en la penumbra.
En la esquina de las calles “La Paz” y la 13, un hombre tenía un sueño que brillaba más que cualquier candil, su nombre, Habib Bolos Issa, un inmigrante libanés, con esa visión empresarial y una tenacidad que caracterizó a su comunidad en Chihuahua, don Habib, no veía un barrio oscuro, veía un público ávido de historias, de magia y, sobre todo, de luz. La construcción del Cine-Teatro Alejandría, no fue una obra cualquiera, representó una verdadera odisea, mientras que en el centro de la ciudad se levantaban edificios con relativa facilidad, construir en la Industrial, significaba hacerlo todo a pulmón, por ello, don Habib, supervisó cada ladrillo, sabía que no podía construir un jacal más; el cine debía ser un refugio seguro, en una época donde las películas se imprimían en nitrato de celulosa, un material tan inflamable que una chispa podía causar una catástrofe, por ello, la estructura del Alejandría debía ser sólida, de ladrillo cocido, amplia y ventilada.
Sin embargo, el obstáculo más grande no era el cemento ni la varilla, sino la energía. ¿Cómo proyectar sombras mágicas en una pared blanca si no había electricidad? La red municipal no llegaba hasta esos confines, por ello, la solución de Bolos Issa, fue tan ruidosa como efectiva, trajo un enorme motor de gasolina acoplado a un dínamo industrial, aquella máquina, no era solo un generador, era el corazón palpitante del proyecto. Sin embargo, vendría el milagro, la fecha quedó grabada a fuego en la memoria colectiva del barrio, era el lunes 12 de septiembre de 1921, donde desde temprano, la actividad en la esquina de la Paz y la 13 era frenética; los niños, descalzos y curiosos, rondaban la entrada, tratando de espiar el interior del recinto; la noticia había corrido de boca en boca, como de “reguero de pólvora”, desde los talleres del ferrocarril, hasta las tienditas de abarrotes: "Hoy abre el cine de don Habib, pero la mayoría se preguntaba “¿Qué va hacer si no hay luz?". Y no mentían.
Cuando cayó la tarde, sucedió el milagro, don Habib Bolos Issa, dio la orden y el motor a gasolina rugió, el estruendo fue seguido por un parpadeo vacilante y, de pronto, la marquesina estalló en luz, no era una luz tenue de vela, eran focos incandescentes, brillantes, furiosos, que desafiaban la noche, pero el empresario fue más allá:, había mandado instalar focos en las calles aledañas, colgados de postes improvisados y por primera vez en la historia, el barrio o la Colonia Industrial, tendría un trozo de día en medio de la noche. Los vecinos salían de sus casas como hipnotizados, las familias caminaban por la calle La Paz, no para ir a ningún lado, sino simplemente para verse las caras bajo la luz eléctrica, en esos tiempos, se cuenta que algunos ancianos se persignaban al ver aquellos "soles artificiales", mientras los niños saltaban tratando de alcanzar los focos.
La edificación del Cine Alejandría, respondió a los cánones arquitectónicos funcionales de la época, con una fachada sobria pero elegante, interiores amplios y una sala pensada para albergar a decenas, y posteriormente a cientos de espectadores. Más allá de su estructura física, el cine representaba un espacio simbólico donde se encontraban distintas generaciones, oficios y sensibilidades. Para muchos habitantes de la Colonia Industrial, asistir al Cine Alejandría, era un acontecimiento semanal esperado con entusiasmo, una oportunidad para romper con la rutina laboral y sumergirse, aunque fuera por un par de horas, en historias provenientes de lugares lejanos. Las funciones del Cine Alejandría, no se limitaron al cine mudo internacional, con el paso del tiempo, el recinto incorporó películas nacionales, noticieros cinematográficos, seriales y, posteriormente, cine sonoro, en este sentido, durante la llamada “Época de Oro del Cine Mexicano”, el Alejandría se convirtió en un escaparate donde el público chihuahuense, pudo conocer y admirar a figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, Dolores del Río y María Félix. Estas proyecciones, no solo entretenían, sino que contribuían a la construcción de una identidad cultural compartida, reforzando valores, imaginarios y aspiraciones colectivas…Esta crónica continuará.
“Cine Alejandría: la Catedral de Sueños donde nació la modernidad en Chihuahua”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos del I al XIII, puede mandar un mensaje al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111).
Fuentes: Almada, F. R. (1968). Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Chihuahuenses. Chihuahua, México: Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH); Archivo Histórico Municipal de Chihuahua (AHMCH). (1921). Expedientes de Licencias Comerciales y Construcción: Registro del Cine-Teatro Alejandría (Propiedad de Habib Bolos Issa). Fondo Siglo XX, Serie Comercio.