
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
violioscar@gmail.com
El Centro Histórico de Chihuahua, oficialmente delimitado al norte por la avenida Niños Héroes; al este, por la avenida Pacheco; al sur, por la 20 de Noviembre, y al poniente, por el bulevar Díaz Ordaz; el centro, fue alguna vez el corazón vibrante de la capital chihuahuense, su cuadrícula colonial, enriquecida con plazas y alamedas decimonónicas, acogió mercados, teatros, cines, bancos y hoteles emblemáticos. Historiadores urbanos, señalan que este primer cuadro, “Ha experimentado modificaciones considerables a lo largo de la historia”, con intervenciones que unas veces mejoraron, y otras empeoraron el espacio público. Lamentan además que, “ni las autoridades, ni la academia, ni la sociedad civil organizada”, hayan logrado establecer normas de desarrollo adecuadas para proteger su valioso patrimonio fundacional.
Por eso duele ver cómo hoy sus más de 600 edificios catalogados como monumentos históricos, languidecen, fachadas descascaradas, casonas de adobe casi colapsadas, tiendas centenarias clausuradas, y esquinas tomadas por ambulantes. En pleno invierno de 2026, el panorama es sombrío, calles que hace décadas bullían con tranvías y comerciantes, ahora yacen desoladas; la llamada “Zona Dorada” de la avenida Juárez, entre Colón y Pacheco, luce vacía; establecimientos populares como “Los Vitrales”, “Old Town”, “El Cubo”, “La Alameda Colón”… han desaparecido, y la Zona Dorada, luce abandonada y solitaria”, reportaría un medio local en 2019; el icónico, Palacio del Sol, torre de 18 pisos inaugurada en 1983, cerró definitivamente en 2019, tras años de abandono y vandalismo; otro gigante, Almacenes García (60 años en el centro), puso fin a sus operaciones recientemente, víctima de la competencia electrónica, y la migración del comercio. Viejas tiendas de ropa y zapaterías con sus cortinas bajadas, ilustran una diáspora (dispersión), donde familias, que acuden a los centros comerciales modernos o compran en línea, y calles enteras donde el polvo cubre lo que antes fueron escaparates.
En la esquina del Mercado Popular, puestos informales y basura sobre banquetas rotas; el estancamiento urbano del centro, permite que los tianguistas saturen las aceras, mientras edificios históricos permanecen abandonados, además, el viejo Mercado Juárez que, hoy ya no es mercado, sino un laberinto de locales clausurados y puros muros oxidados, proliferan montones de basura, bolsas, cartones y escombros que, se pudren en las esquinas. Vendedores ambulantes, han tomado las avenidas, instalando carritos y tarimas que obstaculizan el paso; los vecinos murmuran que, “no hay por dónde meter los pies”; las banquetas están agrietadas y levantadas, rellenas de baches y raíces, y los faroles o postes de señalización, faltan o se caen. “La banqueta aquí lleva años rota, hasta la araña del cableismo está a punto de caer”, lamenta un transeúnte.
La ausencia de inversión, se palpa en cada esquina, drenaje obsoleto, tuberías reventadas, alumbrado público irregular. Un estudio reciente, criticó que la calle Venustiano Carranza, hacia la Colón, “se ha convertido en un sector… en deterioro; presenta conexiones ilegales de agua y luz”. En tal entorno, el zumbido nocturno de antaño, ha sido reemplazado por un silencio inquietante. “Antes esto era otra cosa”, se queja la señora Carmen, comerciante local por 40 años; “Vendía orejas de puerco y plátanos; ahora mis ventas se desplomaron más del 50%, ni para pagar la renta me alcanza”; don Ramiro, habitante cercano a la Plaza de Armas, añade: “Vivo aquí desde que quitaron desde hace muchos años, hoy, ya ni salgo en la noche porque dan miedo las sombras; las banquetas rotas, me han hecho tres esguinces”. Por su parte, la arquitecta urbana, Claudia Ramírez, dedicada al estudio del patrimonio arquitectónico, advierte con dolor: “El centro está atrapado en un círculo vicioso, la gente ya no viene porque el lugar se ve mal, y se ve mal, porque nadie lo cuida. Hacen falta líderes que diseñen un plan maestro integral, no sólo parches sueltos”. He aquí un contraste irónico, mientras la plaza de la avenida Juárez quedó vacía, un eólico mural artístico en las paredes rancias, parece clamar por atención, sus colores desvanecidos, entre árboles descuidados, muchos talados a medias y nunca repuestos; las hojas secas, dibujan alfombras amarillentas. “Hasta los perros callejeros huyen del centro”, bromea en tono amargo un joven voluntario de limpieza urbana. Desde una banca oxidada en Plaza de Armas, el crónista de la ciudad, el profe don Rubén Beltrán Acosta, rememora el esplendor: “Aquí se gritó el Grito en 1810, se planearon huelgas revolucionarias… y debemos estar orgullosos de nuestra historia, por ello, debemos preservar lo que nos queda.
A lo largo de las últimas décadas, varios alcaldes y gobernadores prometieron rescatar esta porción patrimonial, Patricio Martínez (gobernador 1998-2004, antes alcalde), inauguró en los noventa campañas de incentivos para restaurar fachadas, y repoblar el centro con vivienda residencial; Marco Quezada (2010-2013), autorizó la rehabilitación de plazas y alumbrado en el primer cuadro; José Reyes Baeza (1998-2001 como alcalde), volcó recursos a vivienda vertical en la Zona Dorada; Alejandro Cano (2002-2004), promovió eventos culturales, y Luis Fuentes Molinar (1977-1980), impulsó el nombramiento como Barrio Mágico y mejoras de alumbrado público y regeneración del centro, al igual don Ramón Reyes García (alcalde 1968-1971), Mario de la Torre al gestionar la devolución de los edificios de la Presidencia Municipal (1986-1989). Sin embargo, muchos de estos esfuerzos fueron parciales o inconclusos. Algunos edificios históricos, e incluso casonas del Estado, aún permanecen tapiados pese a las promesas. Los dueños privados, muchas veces desconocidos, ignoran sus responsabilidades de mantenimiento.
Aun así, la última palabra no está dicha, existen modelos claros a seguir, pues la experiencia de la Ciudad de México es ilustrativa, en la capital mexicana, se ejecutó un ambicioso plan integral que incluyó repavimentación de calles, renovación de redes de drenaje y agua potable, instalación de ciclovías, y áreas peatonales y alumbrado LED por más de 20 kilómetros de vías. En cuatro años, se invirtieron 741 millones de pesos en 281 mil m² intervenidos, 2 mil 30 luminarias nuevas, y 133 mil m² de espacio peatonal. Simultáneamente, se activó la vida cultural, ferias de los barrios en Plaza Tolsá, festivales de ofrendas, conciertos en parques, y rutas gastronómicas para atraer visitantes, incluso, se elaboró un Plan Integral de Manejo del Centro Histórico 2023-2028 en conjunto con la UNESCO, reconociendo que la revitalización patrimonial requiere visión de largo plazo.
A la luz de esos ejemplos, las propuestas para Chihuahua son claras, fomentar usos mixtos (vivienda, comercio formal y turismo) en edificios antiguos; restaurar fachadas con subsidios estatales; pavimentar banquetas con materiales históricos y accesibles; plantar árboles, y jardines urbanos que den sombra y cobijo a peatones; alumbrado nocturno seguro, con luminarias artísticas; ordenar el comercio informal en espacios designados (como corredores de tianguis reglamentados) y, promover eventos (mercaditos artesanales, cine al aire libre, muestras gastronómicas) en plazas públicas. Se sugiere crear senderos peatonales históricos, con señalización bilingüe (como en Guadalajara o Guanajuato), e incluir transporte de medio ambiente (ecobicis, vagones eléctricos antiguos). En este sentido, la arquitectura táctica tiene mucho qué, ofrecer; intervenciones temporales como pintar murales en muros olvidados, instalar mobiliario urbano colorido, o crear jardines emergentes que pueden recuperar la confianza ciudadana en el espacio público.
“El corazón oxidado de Chihuahua: crónica del Centro Histórico que se niega a morir”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos de Chihuahua. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio.