Latido Inmortal: Tino Contreras, el Sacerdote del Jazz Mexicano (Primera parte)

Crónicas de mis Recuerdos
Oscar A, Viramontes Olivas
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violioscar@gmail.com

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com

 

El tiempo, esa métrica implacable que rige el destino de los hombres, jamás pudo someter a Fortino Contreras González, el compás de su vida, no se midió en años, sino en síncopas, en redobles, y en el eco de unos platillos que resonaron durante casi un siglo, su nombre artístico, Tino Contreras, como el mundo lo aclamó y lo amó, no fue únicamente un músico extraordinario, fue el arquitecto sonoro que edificó el jazz en México, un hombre que luchó contra la corriente comercial, y que trascendió las fronteras de su propia geografía, y hoy tenemos el gusto de recordarlo en esta crónica, sobre un niño chihuahuense que, armado con un par de baquetas, conquistó al mundo, enfrentó sus propios abismos, y esculpió un legado inmarcesible.

Todo comenzó en la inmensidad árida de Chihuahua, Chihuahua, el 3 de abril de 1924, pues Tino no encontró la música por accidente, nació inmerso en ella; su padre, don Miguel Contreras, era el baterista y director de la primera banda de jazz del Estado, pionero local que sembró la semilla del “swing” en el norte de México; su madre, doña Leandra González, poseía una voz dulce con la que entonaba zarzuelas españolas, llenando el hogar de melodías teatrales. Tino, de niño, no jugaba a la guerra ni a los oficios comunes; él respiraba música y a la tierna edad de ocho años, sus manos infantiles, ya golpeaban los parches de una batería con una destreza impropia para su tamaño; él, creció rodeado de notas, su tío Fortino, era compositor de música clásica, y la herencia rítmica corría por sus venas. En 1935, buscando estructurar su talento natural, inició sus estudios formales de piano bajo la tutela del maestro Chicho Gámez, fue entonces, cuando el niño prodigio comprendió que su destino estaba atado a los escenarios.

La adolescencia de Tino, estuvo marcada por un ímpetu irrefrenable, ya que, a los 15 años, junto a su hermano mayor Efrén, talentoso saxofonista, formó su primera agrupación: “Los Cadetes del Swing”, juntos animaban los bailes de salón, fusionando la energía de su juventud con los ritmos estadounidenses que cruzaban la frontera, decidiéndose buscar horizontes más amplios cuando contaba con 17 años emigrando a Ciudad Juárez. En aquella vibrante ciudad fronteriza, Tino fundaría la “Orquesta de la Juventud”, permitiéndole rápidamente brillar en la escena local, convirtiéndose en solista y director musical en la estación de radio XEJ, alternando sus presentaciones radiofónicas, con espectáculos en los principales centros nocturnos. El norte de México ya le quedaba pequeño, su talento, exigía el escrutinio de la gran metrópoli, por ello, en 1946, el joven músico, arribaría a la Ciudad de México, impactando con su maestría rítmica al público de la gran capital, siendo reclutado como baterista de la orquesta de las afamadas “Caravanas” del empresario Paco Miller, por ello, tino viajaría por toda la república, compartiendo escenario con titanes de la época de oro, como Pedro Infante, María Victoria y Germán Valdés "Tin Tan".

A principios de los años cincuenta, se integró como el baterista estrella de la legendaria Orquesta de Luis Arcaraz, considerada en aquel momento, la cuarta mejor del mundo, también colaboró con el genio del lounge, Juan García Esquivel, en esta etapa, Tino experimentó el fulgor del éxito comercial, componiendo fondos musicales para el cine nacional, lo que le permitió rebasar las fronteras nacionales y viajar por el Caribe. Fue precisamente en República Dominicana, donde descubrió el merengue, ritmo que él mismo se encargó de introducir a México, innovando la escena bailable del país. Pero a pesar del confort económico de las grandes orquestas populares, el alma de Tino anhelaba la libertad del jazz y en 1954, su carrera dio un giro histórico, cuando fue convocado para grabar Jazz en México, el primer disco de este género producido en el país.

Para la primavera de 1957, en pleno apogeo de su carrera, Tino tomó una decisión radical que muchos consideraron un suicidio profesional, abandonar la orquesta comercial, para consagrarse por completo al jazz y con su propio combo, iniciaría una cruzada musical que lo llevaría a la cima, pues sus habilidades eran asombrosas, no solo dominaba la batería con solos frenéticos, y polirrítmicos que podían durar más de veinte minutos, sino que, tocaba el piano, la trompeta y cantaba, lo que le permitiría a Tino, fusionar el jazz con la música tradicional mexicana, los cantos gregorianos y los ritmos latinos. Obras maestras como Jazz Ballet, Jazz Tropical, Flamenco Jazz y la monumental Misa en Jazz (estrenada majestuosamente años después), lo catapultaron al estrellato mundial, ya que, internacionalmente, triunfaría de manera rotunda, actuando en París, encantó al público en Grecia y Turquía, y deslumbrando a los puristas estadounidenses en el Indiana Jazz Festival de Evansville, ganando entre 1959 y 1966,  siete Copas de Oro como el mejor baterista de jazz en México, era la época de la cima, donde su nombre era sinónimo de vanguardia y excelencia.

Como todo en la vida, vendrían algunos fracasos y miedos, sin embargo, el camino del jazz en México jamás ha sido llano, Tino fracasó muchas veces en su intento de hacer que las disqueras comerciales, y los medios masivos de comunicación, apoyaran genuinamente su música, padeciendo la marginalidad que sufrían los músicos de jazz frente a los ídolos del pop o del rock, presentando noches en las que tocó para foros casi vacíos, y etapas donde el dinero escaseaba, porque se negaba a traicionar su integridad artística y de todo esto, Tino temía al olvido. Sentía el terror de que su obra no fuera comprendida por las nuevas generaciones, de que el jazz mexicano, quedara sepultado bajo el ruido de lo efímero, pero ese mismo miedo lo impulsó a trabajar sin descanso, grabando más de cincuenta discos.

En lo humano, era un hombre de una calidez excepcional, maestro generoso que apoyó a decenas de jóvenes músicos y sus anécdotas, revelan a un hombre místico; solía contar que, al tocar bajo los reflectores, sus lentes siempre se empañaban por el sudor y lejos de detenerse, él cerraba los ojos y se dejaba llevar: "No veo al gentil público, y me voy con los ojos bien cerrados a mi mundo... a veces sensual, otras espiritual y guerrero, otras me veo de niño con mi primer tambor... en un viaje de orgía rítmica". Detrás del genio, estaba el patriarca, Tino amó profundamente a su familia y en sus últimos años, su pilar inquebrantable fue su esposa y mánager, Monna Conti, con quien contrajo matrimonio en 1987, cuidando de él, protegió su legado y fue su compañera leal hasta el último de sus días. Tino fue padre de tres varones, sus dos hijos mayores, Marco Antonio y Jorge, fallecieron antes que él, una tragedia que desgarró su corazón, pero que no silenció su tambor; su tercer hijo, Valentino Contreras, heredó la vocación, convertido en un excelente bajista, guitarrista y arreglista, acompañó a su padre en la banda durante más de tres décadas, uniendo la sangre y el pentagrama en el escenario.

Tino solía contar que su conexión con la batería, surgió casi como una segunda oportunidad de vida y cuando tenía apenas siete años, contrajo una infección bacteriana tan grave que, los médicos lo desahuciaron, según sus propias palabras, el doctor le dijo a su familia: "Ya traigan el estuche", refiriéndose al ataúd, pero milagrosamente, el niño sobrevivió a la fiebre y a la enfermedad. Apenas un año después de burlar a la muerte, se sentó por primera vez en la batería para suplir a su hermano mayor. Parecía que, al ganarle la partida a la parca, esta le había regalado a cambio el don del tiempo y el ritmo…esta crónica continuará

“Latido Inmortal: Tino Contreras, el Sacerdote del Jazz Mexicano”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos de Chihuahua. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio.

 

Tips al momento

Señalan irregularidades en investigación de la muerte de agentes estadounidenses

Trascendió que tras el trágico suceso del pasado domingo en donde dos agentes estadounidenses fallecieron, pobladores de Polanco señalaron que las periciales de dicho accidente no se llevaron a cabo y qué únicamente subieron los cuerpos rápidamente por la pendiente del barranco antes que llegaran las demás autoridades. 

Esto dejó aún más cuestionamientos, pues el director y los agentes, a quien ya señalaron medios estadounidenses como personal de la CIA, viajaban en una unidad NO blindada y en una zona de alto riesgo después de un importante operativo en el que se desmanteló uno de los más grandes laboratorios de drogas sintéticas incluso a nivel nacional, afectando claramente los intereses de grupos criminales con presencia fuerte en dicha zona. 

Por si fuera poco, se señala a el director Oseguera Cervantes como un testigo protegido y se reitera que los elementos no eran capacitadores, sino que colaboraban con las autoridades chihuahuenses en operativos de Ojinaga y otras zonas, en donde incluso portaban armas de la FGE. 

La camioneta Ford F-150 estalló debido a que llevaban bidones con gasolina, por lo que los cuerpos quedaron parcialmente calcinados, además se comentó que luego de esto se comenzó a buscar exhaustivamente equipo de los norteamericanos, sin precisar de qué se trataba.


Las contradicciones y el conflicto diplomático por los agentes de EU

A través de la columna Estrictamente Personal de Raymundo Riva Palacio, se señala que el fatal accidente carretero en donde murieron dos agentes estatales y dos de la embajada de Estados Unidos en Chihuahua, ha escalado hasta convertirse en un potencial conflicto diplomático y una crisis de seguridad nacional.

El accidente ocurrido en  la zona que conecta los municipios de Guachochi y Morelos, dejó al descubierto la operación de agentes estadounidenses en territorio mexicano sin el conocimiento del Gobierno Federal.

El Fiscal César Jáuregui sostuvo que los fallecidos eran instructores que capacitaban a las fuerzas estatales en el uso de drones y tácticas de vigilancia, sin embargo, la capacitación en tecnología de drones no recae en la DEA, sino en el Ejército o la CIA.

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