Latido Inmortal: Tino Contreras, el Sacerdote del Jazz Mexicano (Ultima parte)

Crónicas de mis Recuerdos
Oscar A, Viramontes Olivas
Facebook: Oscar Vira
violioscar@gmail.com

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com 

 

En la última parte de esta serie de crónicas dedicadas al señorón del jazz, la historia de Tino Contreras no estaría completa sin asomarnos al abismo de sus tragedias personales, y a la inmensidad de sus triunfos fuera de México, lanzarse al extranjero, no era un paso lógico para un jazzista mexicano en los años cincuenta y sesenta, era, a todas luces, un acto de fe ciega y de temeridad absoluta, pero Tino no conocía la cobardía, pues. armado con sus baquetas y un pasaporte cargado de sueños, desafió a los puristas del mundo, y encontró en su hijo menor, el ancla que le impidió naufragar en la locura del dolor. Cruzar el Atlántico para enseñarle a tocar jazz a los europeos o presentarse en Estados Unidos, la cuna sagrada del género, era como intentar venderles hielo a los esquimales. 

La crítica internacional lo esperaba con los colmillos afilados, dispuesta a devorar a ese atrevido mexicano que osaba invadir su territorio; a principios de los sesenta, Tino aterrizó en Europa, los críticos franceses, famosos por su esnobismo, cruzaron los brazos en los oscuros clubes de París, incluido el mítico “Blue Note”, ya que, esperaban una imitación barata de los ídolos estadounidenses y en lugar de eso, Tino los arrolló, no tocó bebop tradicional; les lanzó a la cara, su Jazz Mariachi, y sus percusiones mesoamericanas, lo que, la crítica enmudeció y luego estalló en aplausos, por ejemplo, la revista Jazz Hot de Francia, lo catalogó como una revelación volcánica, así, de esa odisea, nació su legendario disco “Jazz a París”.  En 1966 desembarcó en el Evansville Jazz Festival en Estados Unidos, el foso de los leones, ahí estaban gigantes como Duke Ellington y Dave Brubeck; los puristas norteamericanos lo veían con escepticismo, Tino cerró los ojos, el sudor le empañó las gafas, y desató un solo de batería tan furioso, rítmico y espiritualmente denso que, la prensa local tuvo que rendirse ante la evidencia, el mexicano tocaba con la misma furia de los grandes maestros negros, aquí, el dramatismo de su éxito internacional tiene un cierre poético y a los 96 años, cuando el mundo creía que ya era un fantasma del pasado, deslumbró a Londres. El influyente DJ y productor británico Gilles Peterson lo descubrió, se enamoró de su misticismo sonoro y le produjo el disco “La Noche de los Dioses” (2020) bajo su sello Brownswood Recordings. La crítica europea del siglo XXI, se postró ante el “chamán” del ritmo. Tino venció al tiempo. 

Cuando los años comenzaron a pesar en los hombros del viejo maestro, y sus manos ya no tenían la misma fuerza de la juventud, las líneas de bajo de Valentino lo sostenían; Valentino, era la red de seguridad de Tino, si, el baterista alargaba un compás en un trance místico o variaba el tempo en un arrebato de genialidad, el bajo de su hijo lo atrapaba en el aire, devolviéndolo a la tierra con una precisión absoluta. Valentino, fue su director musical, su confidente y el guardián de su legado, pues, a través de él, Tino volcó todo su amor y su rabia contenida en las notas que compartían hasta el último concierto virtual que ofrecieron juntos en 2021, la conexión entre el tambor cansado del padre y las cuerdas vibrantes del hijo, fue la prueba máxima de que, aunque la muerte ronda, la música y la familia, siempre tienen la última palabra. La vida de Fortino Contreras González, no es solo la biografía de un músico excepcional, es un manifiesto de resistencia, un espejo en el que el México contemporáneo, puede mirarse para encontrar respuestas frente a la adversidad. 

El niño de Chihuahua que conquistó el mundo, nos dejó un testamento vital que trasciende las partituras, los aprendizajes más profundos que el "Sacerdote del Jazz" nos heredó, forjados a golpe de baqueta, sudor y lágrimas, la autenticidad exige sacrificio, pero garantiza la trascendencia en una época donde lo efímero y lo comercial, dictan el rumbo, Tino, nos enseñó el valor de la fidelidad a uno mismo, conoció la fama fácil y el dinero con las grandes orquestas populares, pero renunció a esa comodidad, porque su alma le exigía tocar jazz, sufrió el rechazo de las disqueras y tocó en foros vacíos, pero jamás traicionó su visión; la lección es que, el éxito verdadero no se mide en la inmediatez del aplauso, sino en la valentía de sostener tu propia voz, incluso, cuando el mundo insiste en que cambies de melodía. Pero, Tino le tenía pavor al olvido, pero nunca le temió a la vejez, a sus 96 años, mientras muchos hubieran claudicado, él grababa discos en Londres y ofrecía conciertos virtuales en plena pandemia mundial. Su mente jamás envejeció porque nunca dejó de estudiar, de asombrarse y de crear; la jubilación de los sueños no existe, la edad es solo una métrica biológica; la verdadera juventud, reside en la pasión con la que enfrentamos cada nuevo día. A pesar de haber llenado el Palacio de Bellas Artes en múltiples ocasiones y de ser ovacionado en París, Tino siempre fue el mismo hombre cálido, bromista y generoso de Chihuahua. Ayudó a incontables jóvenes músicos y nunca perdió su capacidad para reírse de sí mismo y de sus propios fracasos; la arrogancia, es el refugio de los mediocres; los verdaderos gigantes, como él, caminan por el mundo compartiendo su luz, sabiendo que la cumbre solo vale la pena si ayudas a otros a subir.

El 9 de septiembre de 2021, en la Ciudad de México, el corazón del maestro dictó su último compás, un infarto fulminante apagó la vida de Fortino Contreras González a la edad de 97 años, se fue rodeado del amor de Monna y de su familia, dejando tras de sí, un país que finalmente se inclinaba reverente ante su colosal figura. Tino Contreras no murió, simplemente se fundió con el silencio que precede al aplauso eterno; fracasó en adaptarse a las modas pasajeras, pero triunfó al consagrarse como una leyenda absoluta; fue el chamán de los tambores, el niño chihuahuense que dialogó con los dioses a través del jazz, demostrándonos que, efectivamente, la verdadera música no corre junto al tiempo, sino siempre un paso adelante de él. El legado de Tino Contreras nos grita que, no importan los fracasos ni los miedos, lo único imperdonable es vivir sin ritmo y sin pasión, pues para comprender verdaderamente el alma del "Dragón del Jazz", no basta con leer su historia, hay que cerrar los ojos, dejar que la aguja caiga sobre el vinilo, y permitir que el eco de sus tambores nos atraviese el pecho. Su discografía, no es un simple archivo sonoro, sino una bitácora de batalla llena de luces deslumbrantes y abismos aterradores.  La historia de Tino Contreras en aquellos años 50 y 60, es la de un titán que navegó contra la censura institucional, la ignorancia de las disqueras y la marginalidad del género, su Misa en Jazz demostró que el jazz mexicano podía ser místico, erudito y profundamente nuestro, como él mismo afirmaba: "Dios es la música... es como el viento que va y viene". Tino fue, sin duda, el hombre que supo atrapar ese viento con sus propias manos. ¡Descanse en paz!, y su legado perdure para toda la vida, amén.

“Latido Inmortal: Tino Contreras, el Sacerdote del Jazz Mexicano”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos de Chihuahua. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XIII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio. 

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