
Por fin pasó el aclamado Plan B. Entre jaloneos y negociaciones, se pudo ver una perpetua voluntad por parte de la Presidencia de la República de que pasara sí o sí. Lo que a nadie le sorprendió fue ver que ni el PVEM ni el PT permitieron que su financiamiento bajara. Entre líneas se pudo leer que esta fue la razón principal del fracaso de la primera iniciativa presentada. Y de aquí parte uno de los dilemas de por qué la ciudadanía no se motiva a votar cada vez que hay elecciones.
En todo proceso electoral empiezan campañas del INE, de los OPLEs, figuras públicas y hasta de los mismos políticos para incentivar el voto del elector. Ante la gran apatía de la gente, surge una motivación por parte de muchos grupos de la sociedad de incentivar el voto a toda costa. En Chihuahua surgió hace unos años una organización de la sociedad civil que busca esto de forma muy puntual: "El Gordo Cívico" sería una de ellas; empresas aglutinadas para darte comida a cambio de tu voto. Una iniciativa muy legítima por parte del empresariado chihuahuense para buscar una participación local desde sus posibilidades y trincheras. Las propuestas no han faltado.
Todo esto abona a buscar en todo momento una movilización a las casillas sin fines partidistas. Claro que funciona, y lo ideal es que más ideas genuinas surjan en los próximos años. El dilema ya comentado surge cuando las personas no se ven motivadas a votar en favor de quien más les convenza, aun con incentivos. La problemática parte de que los partidos han dejado de ser atractivos y, muchas veces, esto no sucede por falta de propuestas o malas campañas. La raíz de esto surge de ver a aquellos que lideran las organizaciones políticas, y están al frente de las campañas, disfrutar el dinero del partido en beneficio propio.
La primera propuesta de reforma mandada a la Cámara por la Comisión Presidencial tenía propuestas buenas y malas. Algo que en lo personal me parecía excelente era una mayor fiscalización del gasto partidista y su reducción. Por años hemos visto cómo un presidente de partido puede enriquecerse con aquello que le proporciona el INE. Dejando de lado el desfalco que el gobernante promedio habitualmente hace, esta práctica se ha vuelto la afición de todos aquellos que están al poder de una fuerza política.
¿Por qué la ciudadanía tiene que ver eso y aguantarse? No es sorpresa de nadie el uso que se le da a esos dineros. Aunado a eso, esas mismas personas son las que suelen pedirle el voto a la ciudadanía dependiendo del rango de su cargo. Si es dirigente nacional, lo veremos en los medios más grandes del país; si es un líder local, en los reflectores más prestigiosos de su territorio. Eso repugna y se ve reflejado en el porcentaje de votos en comparación con el padrón electoral.
Desde luego que no es la razón principal de la baja participación en los comicios electorales. Como ya lo dije, el desfalco del gobernante, la arrogancia de estos y el legislador inútil son parte de diversas razones, pero sin duda alguna este desvío de fondos con fines electorales, en específico, es un factor clave. En el mes de marzo se vio la motivación de perpetuar esta práctica y no soltarla a costa del desgaste electoral o de perder una alianza ganadora. Todo este escenario en el Congreso lo atestigua el votante, y le da una razón más para guardarse en su casa el próximo 6 de junio.
Por, Patricio Deandar Solís.