
La energía eléctrica en México ha seguido un destino político: en 1937, Lázaro Cárdenas fundo la CFE para electrificar el país y, en 1960, Adolfo López Mateos nacionalizó la industria.
La cobertura se expandió rápidamente y más del 90% de los hogares tuvieron acceso a la electricidad. Muchos años después, vino la reforma energética de 2013 y abrió la oportunidad a la inversión privada, promoviendo los ciclos combinados y energías renovables, buscando fortalecer la capacidad instalada del país. Puede parecer que estamos regresando a un modelo parecido al del pasado, pero hoy el reto es distinto: no es llevar electricidad, es que llegue y que sea a tiempo.
Desafortunadamente, en años recientes ese modelo ha cambiado en la práctica. Se ha reforzado el papel de la CFE y se ha reducido la inversión privada, lo que ha generado incertidumbre en el sector y regresa la duda del papel del gobierno en el avance en el tema energías limpias y la atracción de nuevas inversiones.
Entonces, el país cuenta con suficiente capacidad de generación eléctrica; pero, persisten limitaciones para llevar esa energía de forma confiable a donde se necesita.
El verdadero reto se identifica en el suministro, limitado por la transmisión y distribución. Este rezago debido a insuficiente inversión en redes, a la saturación en regiones industriales y un desfase estructural entre donde se genera la energía y donde se consume.
El impacto ya es visible. Polos industriales como Nuevo León, Baja California y Chihuahua —particularmente Ciudad Juárez— enfrentan limitaciones de energía y limitan la llegada de nuevas inversiones.
A esto se suma otro factor: el costo. En muchos casos, la electricidad en México resulta más cara que en países con los que competimos, como Estados Unidos o China.
El camino no es producir más electricidad, es expandir la infraestructura de transmisión y distribución. Construir nuevas líneas de alta tensión, fortalecer y ampliar subestaciones, e incorporar tecnologías que mejoren la calidad y estabilidad del suministro.
En la otra mesa del café se concluye: El país tiene la energía; pero no llega a donde se necesita ni con la calidad que exige la industria.
Por, César De la Garza Licón.