
México se aproxima nuevamente a elecciones intermedias, y otra vez los mismos de siempre afinan campañas, discursos y devociones aparentes para conquistar el voto de un pueblo cansado y muchas veces desorientado. No son pocos los candidatos que presumen imágenes de la Santísima Virgen María, asisten a templos y hablan de Dios mientras sostienen proyectos políticos que dañan la seguridad, la familia, la moral pública y el bien común. Tal contradicción ha dejado heridas profundas en la nación y también en innumerables católicos que, por falta de formación, continúan entregando su voto a quienes después combaten los principios cristianos desde el poder.
Por ello, con respeto y mansedumbre, mas también con sincera preocupación, conviene dirigir un llamado a Obispos, Arzobispos y Sacerdotes para que vuelvan sus ojos hacia la formación seria de los seglares en la Doctrina del Poder Civil y en la Doctrina Social de la Iglesia. Durante largos años se ha enseñado al fiel a defender su vida espiritual privada, pero poco se le ha instruido sobre su deber público como ciudadano católico. Y mientras los templos permanecen llenos de hombres de buena voluntad, los espacios políticos continúan siendo ocupados por quienes sirven intereses contrarios a Dios, a la Iglesia y a México.
Muchos católicos viven hoy en una especie de ceguera espiritual y política. Algunos apoyan candidatos únicamente por el pecado de asistencialismo, confundiendo la ayuda temporal con justicia verdadera. Otros terminan defendiendo ideologías incompatibles con la ley natural y la dignidad humana. Se habla de progreso mientras avanzan la descomposición social, la violencia, el debilitamiento de la familia y la corrupción moral. Entretanto, diversos grupos de poder de izquierda y derecha continúan influyendo sobre partidos y gobiernos bajo agendas internacionales que pretenden normalizar la depravación social y reducir la fe al silencio privado.
No basta ya elegir el llamado “mal menor”; el mal menor continúa siendo un mal cuando perpetúa estructuras injustas y sostiene a quienes después legislan contra los principios cristianos. Urge formar católicos capaces de participar en candidaturas independientes con preparación profunda, recta intención y amor verdadero al bien común. No hombres sedientos de poder, sino seglares instruidos en las encíclicas sociales, en el derecho natural, en la responsabilidad pública y en los deberes morales del gobernante, todos llenos con el deseo de alcanzar la santidad.
Es menester que desde las Parroquias y Diócesis se enseñen las grandes cartas pastorales, documentos pontificios y enseñanzas sociales de la Iglesia sobre el orden político, la justicia social y la autoridad civil. El pueblo necesita comprender que la política no es un territorio ajeno a la fe, sino uno de los campos donde también debe servir a Dios ya que es el dueño del poder civil.
México necesita Pastores Sagrados que formen conciencias firmes y ciudadanos valientes. El silencio y la pasividad han permitido que muchos enemigos de la Verdad se disfracen de defensores del pueblo; los masones, protestantes, revolucionarios, sionistas e islamistas. Mas todavía hay tiempo para preparar generaciones de seglares que entren en la vida pública no para servirse de la nación, sino para servirla con temor de Dios, amor a la verdad y fidelidad al bien común.
Por, Sergio Bolio.