Día de la mujer

Sin Sesgo | Arq. Mario C. Contreras Figueroa

 

Frases famosas dichas por mujeres:

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su Palabra”, María, madre de Dios.

“La mejor vida no es la más duradera, sino la más bien aquella que está repleta de buenas acciones”. Marie Curie, científica.

“No nacemos como mujer, sino que nos convertimos en una”. Simone de Beauvoir, escritora, feminista y amante del filósofo Jean Paul Sartre

“Quienes no se mueven no notan sus cadenas”. Rosa Luxemburgo, teórica marxista.

“Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco”. Frida Kahlo, pintora.

“La felicidad en el matrimonio es una cuestión de pura suerte”. Jane Austen, escritora.

“El cuerpo está hecho para ser visto, no para ser tapado”. Marilyn Monroe, actriz.

 “No se puede encontrar la paz evitando la vida”. Virginia Woolf, escritora.

“No es la apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase.” Coco Chanel, diseñadora.

“Piensa en toda la belleza que aún queda alrededor tuyo y sé feliz.” Ana Frank, escritora.

“Sólo se vive una vez, pero si lo haces bien, una vez es más que suficiente.” Mae West, actriz.

 “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” María de Guadalupe, madre de Dios.

“Soy diferente”. Josefina Vázquez Mota, política.

“Las mujeres a palos se ingren”, Margarita Varela de Bencomo, mi tatarabuela.

En la conmemoración del día de la mujer, merece la pena una reflexión sobre su papel en la historia.

Para los creyentes, Dios creó todo lo que existe y el último día, creó al hombre, según la alegoría del Génesis. Y para terminar con todo este proceso magistral, le sacó una costilla a Adán e hizo con ella a Eva, la mujer. “Esta sí es carne de mi carne”, dijo Adán, y con ello empezó la historia de la humanidad. No dijo “esta es mi esclava”, puesto que fue creada con la misma dignidad que el hombre, no menos, no más. No es extraño que, desde ese momento, la haya preparado para ser la madre de su Hijo, miles de años después.

Al salir del Paraíso es necesario que, hombre y mujer, organicen su vida ante el reto al que se enfrentan. Tienen que vivir del sudor de su frente. Si hubieran decidido repartir al azar las tareas, la humanidad habría terminado tan pronto como empezó. ¿Qué hicieron? Cada quién aportó sus capacidades diferentes. La primera de ellas era -y es- que la mujer era la que podía llevar en su vientre a la descendencia de ambos, premisa del matrimonio, algo que le está vedado al hombre. Alrededor de esto, se tuvo que armar toda la economía doméstica (de domus, que quiere decir “casa”, en latín). La complexión natural del hombre era más resistente, su naturaleza más aventurera y arriesgada, por lo que se decidió que su labor era de proveedor. La mujer, más frágil por naturaleza y más vulnerable por la maternidad, sumada a fortaleza, sus instintos, su sentido común y la natural tendencia a administrar, asegurar la seguridad del hogar y su buen desempeño. Sin machismos, ni feminismos, poniendo cada quién lo mejor de sí mismo. Al crecer su descendencia, naturalmente, las cualidades de cada uno y cada una fueron variando.

Al diversificarse la sociedad, aparecieron nuevos roles, pero siempre la familia, raíz de todo, era matriarcal, como lo es hasta ahora. Hay que reconocer que en todo este tiempo, llegó a dejarse de reconocer que las mujeres, como los hombres, por ser parte de una misma sociedad, tenían derechos inalienables que no se les reconocían, relegando su papel al de amas de casa.

Muchas actividades se volvieron privativas de los hombres, como la política y los negocios.

A partir de la Revolución Industrial en Inglaterra y posteriormente, las dos guerras mundiales, las mujeres tomaron por asalto actividades que anteriormente les estaban vedadas.

Lo primero, el reconocimiento a su derecho a ejercer como ciudadanas, no de primera, ni de segunda, sino ciudadanas.

También el derecho al trabajo, en condiciones iguales a los hombres, algo que todavía no acaba de suceder.

Aparecen las primeras feministas que, en un principio, luchaban por el reconocimiento a la igualdad de la mujer con el hombre y todo lo que esto representa. Un feminismo que quería volver a los valores originales de complementariedad, no superioridad. Mujer y hombre, como iguales en dignidad, pero profundamente diferentes en su naturaleza.

Muchas de estas feministas se sintieron más identificadas con los pensadores de izquierda, como Nietzsche, Sartre, Marx y se radicalizaron aún más que ellos. Se vienen las llamadas, primera, segunda, tercera y ahora la cuarta ola del feminismo. Ya no importa el reconocimiento de sus derechos, lo que vale es el reconocimiento de la superioridad sobre el hombre, al grado de llegar a buscar la eliminación del mismo, por no ser necesario. Locuras como la de la argentina Leonor Silvestri, que promueven la cultura del “queer” para minimizar al hombre y que considera que solo se necesita su semilla, que no su participación, para concebir y lo peor, que el embarazo es violencia contra el cuerpo de la mujer.

¿Dónde queda entonces la Naturaleza? Independientemente de que creamos o no en un Dios, si existe el orden natural en el mundo y en él se requiere que, mujer y hombre, hombre y mujer, estén juntos y continúen con la especie. Y que el embarazo sea algo natural, que haga plena a una mujer. No todas las mujeres podrán o querrán ser madres, pero es algo que le va a la mayoría.

Esta celebración del 8 de marzo como día internacional de la Mujer debe servir para revalorarla como columna vertebral de la sociedad, reconocerle el valor que tiene y merece, pero siempre en función de su otra parte, no en contra de ella. Y reconocer que, como persona, tiene los mismos derechos que los hombres y las demás mujeres. Pero no debemos de olvidar que la mujer tiene un papel preponderante como mujer, primero que nada, pero también como hija, esposa, madre, hermana, amiga, compañera, trabajadora, profesional, en los negocios y en la política. La Humanidad no tiene sentido sin la mujer y la mujer no tiene sentido enemistada con el hombre y con el mundo.

La mujer puede hacer todo lo que quiera y esto debe de ser recompensado igual para ella que para el hombre. Es más, esto es algo natural y obligatorio y ni siquiera debería tener que legislarse. En el momento en el que esto suceda, tendrá que dejar de ser tema de discusión.

Falta mucho camino para que esto suceda y ese camino no lo puede recorrer sola la mujer, lo recorremos todos juntos. Y no se debe de hacer minimizando la dignidad de la corona de la Creación: la mujer. Lo que proponen muchos colectivos radicales es destruir la esencia de lo que por naturaleza es lo más bello en el mundo, ese camino llega a la destrucción.

Recordemos que, si la mujer está bien, la sociedad está bien y el mundo tiene esperanza.

Celebremos hoy y siempre, juntos, la divina decisión de Dios de hacer a la Mujer a quién le dio el mejor papel, el de corredentora y con esto, guía y soporte para toda la Humanidad.

Sin Sesgo | Arq. Mario C. Contreras Figueroa

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