
El sarampión ha dejado de ser una referencia histórica para convertirse nuevamente en una alerta sanitaria vigente. Desde el 2025, su reaparición en distintos países, incluido México, no responde a una mutación del virus, sino a un factor ampliamente identificado por los expertos: la disminución en las coberturas de vacunación.
En entrevista con El Economista, Juan Camilo Lozano Rodríguez, gerente de Planeación de Salud de AXA Keralty, explica que el principal riesgo del sarampión radica en su extraordinaria capacidad de contagio. "Una sola persona infectada puede transmitir el virus hasta 20 personas", señala. Esta característica convierte cualquier rezago en vacunación en un detonador inmediato de brotes, especialmente en comunidades donde existen esquemas incompletos.
El sarampión es uno de los virus más contagiosos que existen: una sola persona infectada puede transmitir el virus hasta a 18 o 20 personas, y cuando baja la vacunación, el brote es prácticamente inmediato", Juan Camilo Lozano Rodríguez, gerente de Planeación de Salud de AXA Keralty.
Según la Secretaría de Salud, la transmisión del sarampión es:
Los especialistas señalan que los síntomas del sarampión son:
Desde su experiencia, uno de los errores más comunes es subestimar la enfermedad. Lozano Rodríguez advierte que el sarampión puede provocar complicaciones graves, particularmente en niños pequeños y en personas con menor capacidad de respuesta inmunológica. Entre ellas se encuentran neumonías severas y afectaciones neurológicas que requieren hospitalización y pueden tener consecuencias permanentes.
No es una infección leve ni benigna cuando encuentra poblaciones susceptibles", dijo Lozano.
La Secretaría de Salud considera que las complicaciones del sarampión:
Más allá de las complicaciones inmediatas, Lozano destaca un efecto menos visible, pero relevante desde el punto de vista inmunológico: el impacto del sarampión sobre el sistema de defensas. Explica que la infección puede debilitar la capacidad del organismo para responder a otros patógenos, dejando a las personas más vulnerables incluso después de haber superado el cuadro agudo. Este fenómeno ha sido documentado por la comunidad científica internacional y refuerza la importancia de prevenir la infección antes de que ocurra.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el sarampión sigue siendo una de las principales causas de mortalidad prevenible por vacunación a nivel global. De acuerdo con el organismo, cuando las coberturas de inmunización descienden por debajo del umbral recomendado, el virus recupera rápidamente su capacidad de propagación, incluso en países que habían logrado controlar la enfermedad.
Para evitar brotes, la OMS señala que al menos 95% de la población debe contar con el esquema completo de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis). Este nivel de cobertura permite generar inmunidad colectiva, un mecanismo clave para proteger a quienes no pueden vacunarse, como bebés menores de un año o personas con ciertas condiciones médicas.
Lozano Rodríguez coincide con este enfoque y enfatiza que la vacunación no es solo una decisión individual, sino una responsabilidad colectiva. Desde su perspectiva, el sarampión es un ejemplo claro de lo que ocurre cuando se debilita la prevención y se pierde continuidad en el seguimiento médico.
Cada persona vacunada corta una cadena de transmisión. Esa es la verdadera protección para los más vulnerables", explica.
El especialista también advierte sobre la necesidad de recuperar una visión integral de la salud. "Estamos muy acostumbrados a reaccionar cuando hay brotes o crisis, pero la vacunación es una de las estrategias más costo-efectivas que existen para evitar hospitalizaciones, complicaciones y muertes", menciona.
"El sarampión no es un problema del pasado. Es una enfermedad prevenible que reaparece cuando la prevención falla. Mantener altas coberturas de vacunación no solo protege la salud pública, sino que preserva uno de los pilares más importantes del bienestar social y económico: la prevención", concluye Juan Camilo Lozano.
Con información de El Economista.