Vivimos en un siglo donde la tecnología y la ciencia avanzan a pasos acelerados; ese progreso demanda seres humanos mejor preparados, capaces de enfrentar los retos del presente y del futuro. Sin embargo, en México, la educación, herramienta fundamental para lograrlo, sigue sin recibir la importancia que merece.
Mientras el mundo se transforma, miles de niños y jóvenes abandonan las aulas cada año; otros estudian, sí, pero en condiciones precarias.
La única forma de reducir la pobreza es atacando su causa más profunda: la desigualdad social generada por el modelo económico actual.
Las autoridades educativas, responsables del avance o retroceso en la materia, parecen más preocupadas por acortar ciclos escolares o perder clases que por elevar la calidad educativa.
Manejan recursos públicos que deberían destinarse a mejorar escuelas, pero los resultados son evidentes: faltan salones dignos, computadoras, internet, laboratorios y materiales básicos. Hay planteles con techos dañados, baños insalubres y grupos saturados, donde una buena atención es casi imposible.
La falta de dinero sigue siendo una de las principales causas del abandono escolar. Muchas familias no pueden costear transporte, útiles, uniformes o incluso comida, lo que obliga a los jóvenes a trabajar antes de concluir sus estudios.
El problema se agrava en educación media superior: datos de la Secretaría de Educación Pública revelan que miles de jóvenes dejan la preparatoria cada ciclo escolar, poniendo en riesgo su futuro y el desarrollo del país.
Ante este panorama, hay un sector que sostiene la educación mexicana con esfuerzo y compromiso: los maestros.
Ellos hacen mucho más que enseñar materias. Forman niñas, niños y jóvenes para que sean mejores personas; los orientan y apoyan ante problemas familiares, económicos o emocionales.
En comunidades pobres o alejadas, los docentes se convierten en el principal motor para que los estudiantes no abandonen la escuela. Por eso, desde el Movimiento Antorchista, enviamos una felicitación fraterna a todos los maestros que, por convicción y vocación, realizan su tarea con dedicación.
Durante cinco décadas, Antorcha ha impulsado una educación de vanguardia, fundando decenas de escuelas en todo el país, donde se forman individuos inteligentes, conocedores de distintas disciplinas, del arte y la cultura.
Pero el rezago educativo no es un fenómeno aislado; Chiapas encabeza las entidades con mayor proporción de población de quince años y más en rezago educativo, con 44.9 %, seguido de Michoacán, con 40 %, y Guerrero, con 39.3 %, según el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. Oaxaca y Veracruz superan el 35 %.
En contraste, la Ciudad de México registra apenas 16.6 % y Nuevo León, 20 %. Estas cifras reflejan la persistente desigualdad entre el norte y el sur del país.
El rezago educativo impacta directamente las oportunidades laborales, los ingresos y el acceso a derechos sociales; reducirlo es clave para mejorar la movilidad social y disminuir la pobreza.
Sin embargo, el aumento incesante de la pobreza bajo el capitalismo es una ley inexorable; su causa es la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos. Quienes intentan combatirla por decreto sólo se hacen ilusiones.
Los gobiernos sostienen que la pobreza en México se ha reducido, pero investigaciones independientes y la realidad de millones de desempleados, trabajadores informales, familias sin vivienda digna ni servicios básicos demuestran lo contrario.
La pobreza ha aumentado durante más de cinco décadas. La única forma de reducirla es atacando su causa más profunda: la desigualdad social generada por el modelo económico actual.
El Estado tendría que invertir en empleos, vivienda y servicios básicos, pero eso implicaría afectar a quienes concentran toda la riqueza. Es decir, modificar el modelo económico.
Mientras eso no ocurra, seguirá siendo cierto que para cambiar a México no bastan discursos ni parches. Se necesita una visión progresista que entienda la educación como la columna vertebral del país.
Sólo erradicando la ignorancia y la pobreza estructural podremos lograr un cambio profundo y duradero. José Emilio Soto Soto