Muere a los 95 años Sonny Rollins, saxofonista y genio incansable del jazz

NUEVA YORK (AP) — Sonny Rollins, el saxofonista tenor y genio incansable cuyo tono audaz e inconfundible y su experimentación constante lo mantuvieron en la vanguardia del jazz durante más de 50 años, murió el lunes a los 95 años.

La portavoz Terri Hinte informó a The Associated Press que Rollins falleció en su casa de Woodstock, Nueva York. No citó una causa específica de muerte, pero señaló que en los últimos dos años había permanecido en gran medida recluido en casa debido a diversos problemas físicos.

Desde sus primeros días como fenómeno adolescente hasta su trabajo solista más mesurado y su experimentación con el free jazz, Rollins fue venerado por su habilidad para la improvisación. Fue uno de los últimos grandes de la era del bebop que aún vivían, y —junto con John Coltrane y Charlie Parker— uno de los saxofonistas más influyentes de su tiempo.

Los aficionados al rock recibieron una dosis de su música con el álbum “Tattoo You” de los Rolling Stones, de 1981, que incluye el melancólico solo de saxofón de Rollins en la balada “Waiting on a Friend”, ideado después de ver bailar a Mick Jagger.

A pesar de su éxito duradero, Rollins nunca estuvo del todo satisfecho con su arte, y en ocasiones descansaba largo rato de tocar y constantemente adoptaba nuevos estilos eclécticos.

Siempre se refería a sí mismo como “un trabajo en progreso”, diciendo que no era uno de esos artistas que se conforman con una sola manera de tocar.

Aunque su trabajo temprano de bebop era el más popular entre sus fans, Rollins nunca miró atrás, diciendo que le resultaba “insoportable” incluso escuchar los defectos en sus grabaciones más antiguas.

“No me considero un músico que haya aprendido tanto como quiero aprender”, le dijo a The Associated Press en 2007.

Logros perdurables

En las décadas de 1990 y 2000, Rollins lanzó una serie de álbumes aclamados por la crítica. Mantuvo un riguroso régimen de práctica, y continuó haciendo giras hasta bien entrados sus 80 años. La fibrosis pulmonar —un engrosamiento y daño de los pulmones— finalmente lo obligaría a retirarse. Ofreció su último concierto en 2012, y dejó de tocar por completo en 2014.

Aunque extrañaba la adoración de las multitudes, extrañaba aún más el hecho de tocar.

“Di un par de conciertos al principio en los que estaba al aire libre por la tarde”, le dijo al New York Times en 2020. “Pude mirar al cielo, y sentí una comunicación; sentí que era parte de algo. No la multitud. Algo más grande”.

Su álbum “This is What I Do”, de 2001 le valió un premio Grammy al mejor álbum instrumental de jazz. Volvió a ganar en 2006 al mejor solo instrumental de jazz por “Why Was I Born?”

“Why Was I Born” era del álbum “Without a Song: The 9/11 Concert”, una grabación en vivo de una presentación en Boston apenas cuatro días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Rollins, que había sido evacuado de su apartamento a unas pocas cuadras de la zona cero, siguió adelante con el concierto a instancias de su esposa y representante, Lucille. Ella murió en 2004.

Entre los que lo sobreviven se encuentran un sobrino, Clifton Anderson, y sus sobrinas Vallyn Anderson y Gabrielle DeGroat.

Conociendo a los grandes

Rollins obtuvo su primera gran oportunidad a finales de su adolescencia cuando fue invitado a unirse a la banda de Thelonious Monk. Pronto estaba tocando con Miles Davis y Bud Powell, quienes lo introdujeron al mundo de la grabación incluso antes de que terminara la secundaria.

Pero al igual que muchos músicos de jazz a finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, la estrella en ascenso de Rollins casi se apagó cuando se enganchó a la heroína a los 19 años. A medida que su adicción empeoraba de forma constante, Rollins cumplió dos períodos en la cárcel —10 meses en 1950 y tres meses en 1953—, y finalmente se encontró viviendo en las calles de Chicago. En 1954 ingresó a un hospital en Lexington, Kentucky, para someterse a tratamiento contra las drogas.

Allí experimentó un despertar espiritual mientras dejaba los narcóticos.

“Empecé a tener una filosofía más profunda acerca de qué se trataba la vida”, le dijo a la AP en 2007. “A partir de ese punto fue cuando mi conciencia despertó”.

Tras ser dado de alta, regresó a Chicago y se incorporó como miembro del quinteto de Max Roach y Clifford Brown. En 1956 grabó un álbum solista, “Saxophone Colossus”. Su sonido crudo y de hard bop lo consagró como uno de los saxofonistas más importantes del jazz, y sigue siendo una de sus obras más influyentes.

En los dos años siguientes, Rollins adoptó un enfoque diferente, cambiando a un trío sin piano en otros tres álbumes emblemáticos: “Way Out West”, “A Night at the Village Vanguard” y “Freedom Suite”.

Luego, en el apogeo de su popularidad, se recluyó, pasando los dos años siguientes practicando solo en un nicho solitario sobre el río Este, en una pasarela del puente de Williamsburg.

“De lo que más orgulloso estoy en mi carrera es del hecho de que pude ver más allá de ser popular y todas esas cosas”, le dijo Rollins a la AP en 2007, “y hacer lo que mi yo interior me decía que hiciera”.

Durante su ausencia de los ámbitos musicales, el jazz se alejó del sonido rápido y estrechamente sincronizado del bebop hacia el free jazz más frenético y caótico. Cuando Rollins decidió regresar a los escenarios en 1961, abrazó el nuevo sonido, una decisión que dividió a sus seguidores. A mediados de la década de 1960, realizó extensas giras por Europa, alternando entre enfoques más tradicionales y de vanguardia. Aportó música original a la banda sonora de “Alfie”, la película británica de 1966 que lanzó a Michael Caine al estrellato.

Fue durante un viaje a Japón cuando Rollins descubrió el budismo zen, lo que derivó en otro largo retiro de los escenarios que se prolongaría hasta los primeros años de la década de 1970.

Una leyenda viva

Cuando decidió volver a grabar en 1972, ya era considerado una leyenda y obtuvo aceptación general. Ese año recibió una beca Guggenheim y al siguiente fue incorporado al Salón de la Fama de Downbeat. Apareció en el “Tonight Show” y comenzó a tocar en salas de conciertos en lugar de clubes nocturnos.

Theodore Walter Rollins nació en un hogar musical en el barrio de Harlem el 7 de septiembre de 1930. Su padre, un suboficial de la Armada, tocaba el clarinete; su hermana tocaba el piano, y su hermano mayor era violinista.

Cuando tenía ocho años, sus padres insistieron en que estudiara piano, pero, según recordó, “no funcionó”. En cambio, dijo, prefería estar al aire libre jugando béisbol. Pero a los 11 años Rollins se fascinó con el saxofón y convenció a sus padres de que le compraran uno: un alto.

Le costaba pagar las clases y en gran medida fue autodidacta, pero rápidamente se convirtió en una figura destacada, cambiando al saxofón tenor y tocando en los clubes por la noche.

Deja muchas grabaciones inéditas, y especificó que no planeaba dejar instrucciones sobre qué hacer con ellas.

“Después de que salga de este planeta no voy a tener nada que decir sobre lo que esté pasando, así que no me preocupa eso”, le dijo al New York Times en 2020. “Y, chico, me atormento por mi música; ya no tendré que atormentarme por ella. Gracias a Dios”.

 

 

Com información de: Proceso.

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