
Las autoridades francesas toman medidas extraordinarias ante una ola de altas temperaturas que ya ha provocado más de 60 muertos, según datos provisionales
La ola de calor que achicharra esta semana a Francia, así como a numerosos países de Europa, ha obligado a las autoridades galas a tomar medidas poco habituales. La Policía de París ha prohibido beber alcohol en la calle y venderlo en los supermercados a partir de las seis de la tarde. Argumentan que su consumo favorece la deshidratación y puede provocar un aumento de las urgencias en hospitales, que ya están al límite a causa de las altas temperaturas. Esta medida se aplicará este viernes y el sábado coincidiendo con la noche en la que Francia se enfrenta a Noruega en el Mundial de fútbol.
Las fuerzas de seguridad también han cancelado la celebración de la tradicional manifestación del Orgullo LGBTI, prevista para el sábado por la tarde y cuyos organizadores se han visto obligados a aplazarla hasta septiembre. Además, han anulado el festival de música Solidays, al que habían asistido más de 250.000 personas el año pasado. La cancelación de ese evento solidario privará de una aportación de tres millones de euros a una asociación implicada en la lucha contra el sida.
«La actividad de los hospitales sigue siendo hoy (viernes) muy intensa, lo que explica que ayer (jueves) decretamos la fase 3 del plan Orsan», que supone la mayor movilización de los profesionales médicos y sanitarios, aseguró el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, en su cuenta de X. Con la prohibición de beber alcohol en el espacio público —normalmente está autorizado en la capital gala— y la cancelación de dos grandes acontecimientos (el Orgullo y Solidays) que marcan el inicio del verano en la capital, las autoridades buscan disminuir la presión sobre los hospitales.
Servicios de urgencias, en aprietos
Además de París, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha pedido a los responsables policiales de otros departamentos (provincias) que apliquen políticas similares. Ha recomendado seguir el ejemplo de la capital «en las zonas más afectadas y donde haya un riesgo grave para la población». Alrededor de un 60% de los territorios de la Francia metropolitana se encuentran este viernes en alerta roja a causa de una ola de altas temperaturas, con máximas de 38 ºC en París, 39 ºC en Estrasburgo o 38 ºC en Lyon.
Francia lleva nueve días haciendo frente a una intensa y larga ola de calor. De hecho, el pasado miércoles se registró la temperatura media (29,8 ºC) más elevada en el país vecino —bastante menos acostumbrado a este clima que en España o Italia— desde 1947, cuando empezaron a medirse de manera sistemática las temperaturas. Las deshidrataciones, ahogamientos y otras dolencias relacionadas con esta situación han aumentado las urgencias en los hospitales. Y han puesto en aprietos a algunos centros.
Así ha sucedido, por ejemplo, con el hospital Georges Pompidou, en el distrito XV (suroeste) de París. Las urgencias de uno de los principales centros de la capital se encuentran en una situación «muy grave», ha advertido Philippe Juvin, jefe del servicio de urgencias en ese centro. Este médico, que compagina su cargo con un escaño en la Asamblea Nacional en el grupo de la derecha tradicional de Los Republicanos, ha alertado de que los pasillos «están llenos de gente mayor» que «sufre hipertermias». «Incluso atendimos a una persona sintecho que llegó con 42 grados de fiebre», ha explicado en una entrevista para la cadena BFM TV.
En Francia, donde persiste el recuerdo del verano achicharrante de 2003 en que 15.000 personas murieron a causa del calor, las autoridades no comunican ni contabilizan de manera sistemática las muertes por las altas temperaturas, como sí sucede en España. A pesar de ello, se tiene constancia de que más de 60 personas perdieron la vida por factores relacionados con la actual ola, según datos provisionales y seguramente inferiores a los finales. Hasta 55 se ahogaron desde el 18 de junio. Muchas de ellos eran jóvenes que se bañaron en ríos o lagos donde no está autorizado hacerlo.
Aún más trágicos resultaron los decesos de tres niños a los que encontraron sin vida dentro de los vehículos de sus padres. A principios de esta semana, hallaron muertos a dos críos, de 2 y 4 años respectivamente, en un parking en el sudeste del territorio galo. Una situación parecida se reprodujo el miércoles en el norte de la región parisina. Allí murió otro niño, de 3 años, tras haberse encerrado y desmayado dentro del coche de sus padres, aprovechando un momento de despiste en que la madre hacía la siesta con otro hijo y el padre trabajaba en una cabaña en el jardín. Estos sucesos recordaron la peor cara de un verano alterado por el cambio climático.
Con información de ABC Noticias.