
CIUDAD DEL CARMEN, Camp., (apro) .- El desplome de una avioneta en Playa Norte, Ciudad del Carmen, Campeche, reabrió el pasado de sus tripulantes: los costarricenses Luis Alejandro Giralt Apéstegui y Carlos Chinchilla Jiménez.
Ambos sujetos arrastran un negro historial judicial en los Estados Unidos, donde en 2012 fueron capturados y posteriormente sentenciados por conspiración para el lavado de dinero y tráfico de drogas, tras un operativo encubierto coordinado por el FBI y la DEA.
La caída de la aeronave quedó registrada en video. El propio piloto, Carlos Chinchilla, declaró ante los medios locales que el incidente se debió a una falla mecánica apenas cinco minutos después de despegar del aeropuerto de esta localidad costera.
El testimonio de Chinchilla desmintió las primeras versiones de su tripulación, que aseguraba provenir de la Ciudad de México, mientras que reportes extraoficiales apuntaban a una ruta que inició en Sinaloa con destino a Cancún, Quintana Roo; un trayecto que dibuja el mapa de los enclaves más complejos de la geografía del narcotráfico en el país.
La Fiscalía General del Estado de Campeche (FGECAM) confirmó que la lista completa de pasajeros la integraban Andrés García de la Hoz, Carlos Chinchilla Jiménez, Adriana Hernández, Javier Monge Hernández, Adriana Monge Hernández, Luis Alejandro Giralt Apéstegui y Daniel Sánchez Ibarra.
De acuerdo con fuentes policiales, la aeronave pertenecería a Bancus, una plataforma financiera fundada por el propio Giralt, lo que reaviva las alarmas sobre el uso de fachadas empresariales y corporaciones tecnológicas para actividades bajo sospecha.
Aunque las autoridades del municipio de Ciudad del Carmen fungieron como los primeros respondientes en la zona turística, el peso del historial de los tripulantes atrajo de inmediato la intervención de la Guardia Nacional y de la Fiscalía General de la República (FGR), instituciones que asumieron el resguardo de las diligencias.
La reaparición de Giralt y Chinchilla en el radar mexicano no es menor: hace más de una década, la justicia de Nueva York les cerró el paso gracias a agentes infiltrados que simularon ser empresarios necesitados de lavar millonarias sumas en efectivo para un cartel criminal.
Con información de: Proceso.