
A pesar de la alegría nacional y la emoción que reviste a cada mexicano con una televisión en su casa, a Ebrard se le puso seria la cosa. Como dice Leo Zuckerman, tratar con Trump es como la vida de alcohólico, un día a la vez. Ebrard ya ganó la primera batalla, simplemente, que haya T-MEC. Hasta 2036 se tiene la seguridad de que se tendrá ese Tratado, o eso han dicho. Lo que no es muy apetecible, para este gobierno y el que le siga después, es la posición en la que se deja a México.
Se busca que se revise el Tratado todos los años. En el análisis se intuye que es una decisión política, recordando que se vienen las elecciones intermedias en Estados Unidos. Más que una decisión en favor de los republicanos, les da a los gobiernos estadounidenses una posición más favorable en todo momento.
El tener la posibilidad de chantajear a tu contraparte –como lo han hecho desde hace tiempo– para lograr circunstancias en favor de tu país, no es de buena fe. El gobierno mexicano ha cedido en múltiples ocasiones a peticiones de suma importancia. Ha mantenido también la cordura, el respeto y la docilidad la cual les ha dado una posibilidad de tener comunicación en Washington, algo que Petro perdió a la mala.
Toca esperar, y ver, pero si esto se queda, la naturaleza del T-MEC va a tener una reconfiguración para mal. La falta de certeza que tendrá la industria mexicana será nula, en contraparte con la estadounidense. Es decir, los legisladores y funcionarios públicos financiados por tal o cual empresa, tendrán los dados cargados para acomodar el juego en menos de 1 año. De la misma manera como lo hacen en el Capitolio. Claro, siempre y cuando se fondee a los políticos. En contraposición, 20 congresistas –afines a empresas agrícolas– ya expresaron el descontento del sector agropecuario.
En cambio, los grupos empresariales de aquí, con la pata en el pescuezo. Eso sí, crédito y mérito a quien lo merece, la Secretaría de Economía anda jalando. A cada rato sale Ebrard al quite y da una conferencia de prensa cuando las cosas se descontrolan para ofrecer soluciones. Ayer por la mañana propuso reforzar la economía local en las industrias farmacéutica, automotriz y semiconductores. Buscando así eliminar la gran dependencia hacia Estados Unidos.
Así como estaremos gritando con euforia el domingo, tengamos fe en los negociadores del Tratado. Están cargando con la desventaja de no tener seguridad jurídica y pública al momento de negociar. Políticas públicas y reformas que no les dan un piso parejo, y tampoco son los responsables de ellas. Por el bien de México y su economía, esperemos que hagan su mejor esfuerzo. Esperemos que los negociadores y la Selección, logren ganar sus respectivos partidos, y así salir con doble victoria.
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Es lamentable la situación que viven los venezolanos estos días. En el centro del país saben más que nadie el dolor y las dificultades que se experimentan en un temblor. Apoyemos con una donación –si es posible–, por medio de una organización acreditada. Tomando en cuenta que ya vivían con muchas dificultades, la situación hoy no es fácil. Sumémosle la poca capacidad de respuesta de sus instituciones y autoridades de cartón.