No era hambre

Por, Luis Villegas Montes

Aquí tienes el texto completo en texto plano sin formatos especiales ni caracteres invisibles:

“Al igual que la gobernadora Campos, yo también espero que César Jáuregui no traicione sus principios con los que muchos lo conocimos años atrás […]”. ¡Ja, ja, ja, ja! De esa forma tan rimbombante empieza su columna un pelagatos (¿o gatófago?); tras leerlo, recordé el chiste de la mosca y el elefante: Iba un elefante marchando por la selva y arrasando con todo a su paso; al ver el desastre que el paquidermo ha dejado, orgullosa, la mosca, que va cómodamente posada sobre su lomo, exclama: “¡Caramba! ¡Qué desmadre el que hicimos!”.

Si quiere herirse los ojos —y el entendimiento— lo puede leer en el siguiente sitio: [https://lavisiondechihuahua.com/123731-2/](https://lavisiondechihuahua.com/123731-2/) Como soy un hombre que, por lo general, actúa de buena fe, me atrevo a pensar que yo estaba equivocado pues, lo que obnubila la mente del pseudoarticulista no es el hambre (como lo creí en un principio), sino la pendejez lisa y llana. Me explico: hay algo profundamente equivocado, y podrido, en el alegato que pretende construirse contra César Jáuregui; y no es sólo una cuestión de simpatías personales ni de preferencias electorales, es algo bastante más elemental: se están trastocando los términos de la discusión hasta convertir un derecho político legítimo en una especie de acto de insubordinación contra el poder. El cuasicolumnista sostiene que Jáuregui fue “uno de los mayores beneficiarios” de los éxitos de María Eugenia y, casi de inmediato, eleva a la gobernadora a la condición de “jefa política” frente a la cual —parece sugerir— cualquier aspiración que no cuente con su beneplácito constituye una suerte de deslealtad.

Como diría Jeffrey Dahmer, vayamos por partes. Sí, César Jáuregui ocupó posiciones importantísimas durante los gobiernos encabezados por María Eugenia, pero precisamente por eso resulta equívoco describir esa relación solamente con la palabra “beneficiario”, porque Jáuregui no fue un gordito que pasaba por la banqueta cuando ella decidió repartir cargos y canonjías; fue también uno de sus colaboradores más relevantes, uno de los operadores de mayor peso, literal y metafóricamente hablando, de sus gobiernos y, por tanto, partícipe —para bien o para mal— de una parte importante de sus resultados. Presentar la relación como si todo hubiese corrido en una sola dirección, de la generosa gobernadora hacia el agradecido subordinado, no es análisis político: es construir una relación feudal donde sólo hubo una asociación política.

Y de ahí viene el siguiente disparate, según el cual, Jáuregui estaría “queriendo tumbar las puertas del PAN” para obtener la candidatura a la Presidencia Municipal. ¿Tumbar cuáles puertas? El PAN anunció oficialmente que sus candidaturas para 2027 estarían abiertas a la participación ciudadana y cuenta con órganos partidistas expresamente facultados para conducir los procedimientos de selección de candidatos. Aspirar a una candidatura, buscar apoyos, promoverse políticamente y tratar de ganar un proceso interno no equivale a derribar las puertas de un partido. Eso se llama “competir”. De no esperar el abundante plato de croquetas proveniente de la secretaría de gobierno, hasta el tonto escribidor podría entenderlo, pero no puede: lo verdaderamente inquietante no es que César Jáuregui quiera ser candidato, lo terrible es aceptar como normal que la gobernadora del Estado pueda decidir quién debe serlo y quién no.

María Eugenia tiene, por supuesto, derechos políticos; y puede tener simpatías, afectos, desafectos y preferencias; lo que no puede confundirse es a la María Eugenia militante del PAN, con la María Eugenia gobernadora del Estado de Chihuahua; la segunda encarna un poder público y está sujeta a deberes de imparcialidad que no desaparecen cuando comienza la sucesión política, pues el artículo 134 constitucional impone a las personas servidoras públicas obligaciones precisamente dirigidas a impedir que los recursos y la posición pública alteren la equidad de las competencias políticas.

Por eso resulta sorprendente que no sólo se pase por alto el problema, sino que prácticamente lo celebre: festivo nos informa que María Eugenia es la “jefa política”, que domina al PAN estatal, que tiene liderazgo sobre la dirigencia nacional y concluye que Jáuregui difícilmente podrá “salirse con la suya” enfrentándose a semejante poder. ¡Carajo! ¡Qué poca madre! ¡Qué nula capacidad de análisis! ¡Y qué desvergüenza! ¿Nadie advierte la monstruosidad de semejante razonamiento? Si la candidatura, cualquier candidatura, está decidida porque la gobernadora “es la jefa”, si contender contra su voluntad equivale a patear puertas, si aspirar sin su autorización es deslealtad y si quien insiste corre el riesgo de ser acusado hasta de “traición”, entonces ahorrémonos estatutos, convocatorias, órganos electorales partidistas, encuestas, elecciones primarias y militantes. Bienvenida la selva: “Tú Jane, yo Tarzán”.

Nomás faltó sugerir que el mecanismo consiste en que la gobernadora saque una libreta, escriba los nombres y asunto concluido.

Pero no, no, no, ¡no! Un partido político no es patrimonio del gobernador emanado de sus filas, ni sus militantes son empleaduchos de cuarta, ni la gratitud por haber compartido responsabilidades públicas genera una servidumbre política perpetua. Y si así son las cosas, mucho menos puede sostenerse con seriedad que Jáuregui esté obligado a renunciar a una aspiración legítima porque alguna vez formó parte del equipo político de María Eugenia.

Y si alguno piensa que estos párrafos son duros, no se confunda, es asco y pena ajena. Escribe: “Mientras discutimos si César traiciona o no, Santiago de la Peña sigue sumando adeptos dentro y fuera del PAN. Que Gil Loya, uno de los más comprometidos con la gobernadora, se haya abierto sin rubor a favor de Santiago, haciéndolo figura central de un cumple eminentemente político, y que varios directores de la Presidencia Municipal se tomasen la foto con él, habla de su trabajo político. Santiago está haciendo su parte y la está haciendo bien”. Con ese párrafo se ganó una dotación de Whiskas para todo el semestre; si fuera comunicador, si de verdad ejerciera el periodismo, la noticia sería cómo el gobierno en pleno, ése sí sin rubor, se ha volcado en hacerle el caldo gordo a un puerco que ilegalmente se sirve de todos los recursos a su alcance, para obtener una candidatura que no se merece desde ninguna óptica y por ningún concepto. ¡Ésa es la nota y no otra!

Por lo pronto, aquí seguiremos, amastreando bestias.

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Luis Villegas Montes.

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